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Opinión

MACBA: conflicto y epifanía

James Turell Ivam 2006 / P.Polo Virreina
MACBA: conflicto y epifanía

Una feliz coincidencia ha hecho que el inicio de la temporada artística en Barcelona nos dé la oportunidad de reflexionar sobre los fundamentos del arte actual, nada menos. Por un lado, la presentación del programa de Valentín Roma para el MACBA y, por otro, las propuestas que las galerías han escogido para el Barcelona Gallery Weekend 2026, con exposiciones en 25 galerías y más de 50 artistas. Por eso digo que es un momento fundacional, idóneo para valorar y comparar las intenciones entre lo que el gran museo quiere, lo que las galerías proponen y lo que los artistas hacen.

Canon de época

No suelo hacer crónicas críticas relacionadas con los aspectos institucionales o la gestión de los centros de poder en el arte, porque contienen claves que no conozco ni me interesan. Lo que sí despierta mi interés es cómo sus decisiones pueden afectar a los artistas ya la causa del arte.

Ante todo, hay que agradecer que el director del MACBA tenga las ideas tan claras sobre lo que pretende conseguir con su gestión; es una muestra de gran honestidad intelectual. Siempre he dicho que galerías, críticos y comisarios deberíamos explicar cuál es nuestra visión del arte, porque así evitaríamos que los artistas llamaran a la puerta equivocada, perdieran el tiempo y se quejaran infructuosamente de no tener un sitio en la programación.

Cuando leo las propuestas de Valentín Roma, constato que responden a una serie de cuestiones de época que han marcado las tendencias artísticas de los últimos años. Son sitios comunes. No es el resultado de una improvisación ingeniosa, sino de una acumulación de ideas e intenciones que actúan desde hace mucho tiempo y que, en parte, ya puso en marcha durante su exitosa etapa en La Virreina. En esta ocasión ha sido mucho más clarificador al recordarnos los principales conceptos sobre los que actuará.

Su propuesta tiene el aval de la experiencia y el apoyo de dos teóricos y gestores del arte contemporáneo con los que mantiene una gran afinidad intelectual, dos influyentes figuras que han marcado la tendencia de los últimos veinte años: me refiero a Manuel Borja-Villel y Pedro G. Romero. Los tres comparten una concepción del arte fundamentada en su relación con la política, la historia y la sociedad.

  • Clemente Bernard, La Virreina.

Los especialistas conocen la confluencia de estas ideas entre sí. Pero, para quienes no lo son, daré algunos datos históricos. Manuel Borja-Villel había realizado una programación diversa y magnífica en el Museu Tàpies, entre 1990 y 1998; allí vimos lo mejor de la historia reciente del arte. La promoción de la obra del propio Tàpies convivía con la diversidad, con nombres imprescindibles como Louise Bourgeois, Lygia Clark, Fluxus, Joseph Beuys, Yoko Ono y Nam June Paik, ZAJ, Marcel Broodthaers, Hans Haacke y Krzysztof Wodiczko, Brassaï, Mario Mer. Al dejar el cargo y acceder a la dirección del MACBA, se decidió por un cambio de rumbo y lo transformó totalmente mediante una programación con una fuerte carga política, crítica y de investigación conceptual entre 1998 y 2007. En defensa de este equilibrio necesario que demostró en estos años, propongo —he colocado— unas obras de James Turrell en la exposición 2006.

Pedro G. Romero había realizado en 2006 su Archivo FX: La ciudad vacía. Comunidad , en el Reina Sofía. También del propio artista, Máquinas de encontrar. Índices, dispositivos, aparatos (2021-2022), una retrospectiva propuesta por Borja-Villel con la participación de Valentín Roma. El año pasado, Borja-Villel desarrollaba su propuesta en el pabellón Victoria Eugenia de Montjuïc: presentaba el proyecto Museu Habitat , una iniciativa de pensamiento crítico y experimentación sobre el futuro de los museos en Cataluña que tuvo como meta principal la exposición Fabular paisajes . Estos antecedentes le apoyan y verifican que sigue el mismo camino. Es decir, por lo menos veinte años de perseverancia en unos objetivos comunes entre estos críticos influyentes. Teniendo en cuenta estos antecedentes, la propuesta de Valentín Roma se enmarca plenamente en esa tendencia de época. No está solo.

Propuesta MACBA

Leo con atención la propuesta y compruebo las sintonías que existen entre los objetivos del MACBA y lo que hasta aquí he explicado. Deduzco que hay cinco condiciones innegociables: la primera es la beligerancia crítica con las instituciones, la autoridad y la jerarquía. La segunda es que Valentín Roma reivindica la fricción y el antagonismo como procedimientos de confrontación intelectual tensionada en los museos. Propone un campo de batalla incruento del que quede testigo en un archivo. Por eso, la tercera tiene como protagonista el propio archivo. Éste, como se ve en la imagen que acompaña al texto, se ha instaurado como el tótem del arte moderno. Clasificar, ordenar, nombrarlo todo sustituye al innumerable o al desorden del pensamiento. Laurence Rassel, directora del Museu Tàpies entre 2008 y 2015, también quiso imponer este patrón clasificatorio sin conseguirlo. El viejo monje zen no se dejaba.

  • Archivo Icaria, La Virreina.

La cuarta condición es el concepto de memoria histórica. Se trata de recuperar las voces silenciadas y excluidas. Esto ocurre con los conflictos políticos y sociales y, sobre todo, con el papel marginado de las mujeres en la historia del arte. La quinta se refiere a la cultura popular, entendida como el instrumento para superar las jerarquías entre el arte culto y la calle. Coincidiendo con este punto, Borja-Villel dice que el "museo situado" debe tener conciencia del territorio, la historia y sus comunidades. El MACBA, situado en un barrio especialmente complejo, ofrece un privilegiado escenario para esta cuestión. Sin embargo, reconocer la cultura urbana no significa aceptar todas sus manifestaciones. Un objetivo no menos importante en el proyecto de Roma es realizar «públicos». Por eso hay que reconocer que ya no son «cool» ni los grafitis ni la presencia permanente de «skaters» cuarentenos frente al museo. Es necesario pacificar la zona en beneficio de los tobillos de los visitantes.

En definitiva, el programa de Valentín Roma propone que el MACBA sea el escenario de grandes conflictos contemporáneos. La lista es interminable, la conocemos bien: guerras, desigualdad, precariedad, migraciones, racialización, crisis climática, inteligencia artificial, desinformación, identidades de género queer, feminismos, colonialidad y crisis de las instituciones democráticas, etc.

La reiteración de términos como tensión, conflicto, esfera pública y pensamiento crítico permite identificar su orientación ideológica y estética. Si fuéramos en otra época, diría que es un discurso artístico de izquierdas, pero después de la fisura posmoderna no me atrevo a asegurarlo. Me remito a la obra de Juana Dolores en su intervención en La Virreina (2026), con su homenaje a Lenin, en el que la cara de Marx aparece en un pastel del día del amor.

Para posicionarme ante la propuesta, diría que la cuestión no es negar la dimensión política del arte, sino preguntarse si debe convertirse en el criterio principal de su valoración, si debe sustituir la subjetividad del artista, la imaginación, la experiencia individual, la libertad expresiva y la contemplación estética trascendental. Lo que Valentín Roma llamaría, con mucha gracia, a los «temas locos», que sé que a él también le interesan. El problema no consiste en sustituir un canon por otro, sino en evitar que cualquier canon, antiguo o nuevo, acabe limitando la libertad individual del arte. Hay que mantener al fiel de la balanza en el punto justo, como Borja-Villel hizo en el Museu Tàpies.

Las galerías

Ante esta solidez de las ideas propuestas, me pongo a revisar las programaciones de las 25 galerías participantes en este Barcelona Gallery Weekend 2026, al inicio de la temporada, y constato tres grupos de exposiciones, artistas y galeristas que se avecinan, de más a menos, al programa canónico propuesto desde el MACBA.

He revisado el mapa y he estudiado la programación, pero, en beneficio del lector y dada la extensión, sólo me referiré a los conceptos que he encontrado en mi rastreo, sin citar a artistas ni galerías, lo que podría estigmatizarlas en uno u otro sentido. Aunque resulte demasiado enumerativo y didactista, voy a explicar algunos conceptos-ideas que están plenamente en la línea propuesta por el canon, otros que lo están menos y muchos que no lo están en absoluto. No es una interpretación crítica por mi parte, sino que son datos verídicos y objetivos extraídos de las programaciones.

Hay ocho galerías muy próximas al canon en su programación y que utilizan conceptos afines. Este primer grupo de galerías se puede organizar en torno a grandes campos caracterizados por una concepción del arte como práctica crítica, política y social. En consecuencia, vemos que surgen preguntas sobre cuáles pueden ser las herramientas sociales y la preocupación por cómo actúan los mecanismos contemporáneos de valor y poder. Por último, la memoria histórica enfrentada al fracaso de las promesas modernas; en definitiva, todos aquellos temas vinculados al poder y sus mitologías políticas, históricas y culturales que conectan perfectamente con el programa de Valentín Roma.

  • Mar Arza, La Virreina.

Siete de ellas se encuentran en un territorio intermedio en el que aparecen las cuestiones habituales de la práctica artística. Todas aquellas que se refieren al material, objeto y fenomenología centrada en el cuerpo, el objeto, el espacio, la arquitectura y la experiencia perceptiva. También están presentes la indeterminación, la incertidumbre y el conocimiento inestable. Todo parte de una cosmovisión muy conceptualizada aunque no sociopolítica, sino con asociaciones poéticas y desplazamientos de significado.

Las diez galerías más alejadas del canon propuesto por el MACBA apuestan por el arte como expresión y revelación. Reivindican la imaginación, la subjetividad, la experiencia estética, la autonomía y la capacidad poética del arte. El rito ancestral y canalizador de lo artístico. La relevancia del objeto más que del texto. Curiosamente, son bastante numerosas y acaban siendo las dominantes. De ahí la relevancia de la dimensión espiritual y reveladora.

El arte se entiende como una forma de conocimiento sensible e intuitivo capaz de explorar lo que no puede explicarse completamente mediante la razón. La experiencia de lo indeterminado. La sombra, el misterio, la ausencia, la transitoriedad y la resonancia poética remiten a una experiencia estética que desborda la representación literal y favorece la analogía simbólica en beneficio de la experiencia estética profunda del arte.

  • Antonioni & Ghirri.

La Virreina como modelo

La programación de Valentín Roma en La Virreina ha sido muy elogiada por todos y también coincide con los contenidos de los tres grupos de galerías. Por un lado, hemos visto exposiciones con un claro posicionamiento del arte como compromiso político: John Berger, Sara Gómez, Clemente Bernad, Paloma Polo, Isaías Griñolo. Una lucha que incluye el feminismo y la crítica de las identidades: Barbara Hammer, Ketty La Rocca, Trinh T. Minh-ha, Leeds Animation Workshop.

Por su parte, la presencia de aspectos híbridos, intermedios, pero con un fuerte contenido subjetivo. Exposiciones sobre la experimentación y las rupturas del lenguaje: Copi, Cathy Berberian, Josep Iglésias del Marquet, Regina Silveira. Naturalmente, como exige ser un centro de la imagen, cine, fotografía y pensamiento visual con Alexander Kluge, August Sander, Susan Sontag, Marguerite Duras.

Pero sobre todo remarcaré muy especialmente aquellas propuestas que coinciden con el tercer grupo porque crean un contrapeso necesario en la balanza. Las que abordan el arte y la subjetividad poética, los mecanismos de la percepción: Mar Arza, Èlia Llach, Oriol Vila-Puig y Álvaro Perdices. Últimamente, también Sergi Aguilar, Frederic Amat y Joan Hernández Pijuan, que indican una buena predisposición a no negar a los artistas históricos. Pero, como programa de intenciones, quiero destacar sobre todo la magnífica exposición de síntesis entre complejidad y belleza en La montaña análoga , con Antonioni y Ghirri, comisariada por Frederic Montornès.

Conflicto y epifanía

Ha quedado demostrado y suficientemente verificado el papel que desempeña el conflicto en el epistemo de Valentín Roma. Continuando con la imagen de la balanza, diría que el plato izquierdo está a rebosar. Ahora me corresponde argumentar a favor de los conceptos equilibradores que encuentro en el platillo derecho. Como contrapeso del conflicto, he colocado la epifanía, esa extraña palabra incluida en el titular de este artículo. Mi intención no es otra que demostrar que en el nuevo director conviven ambas sensibilidades: la del conflicto y la de la epifanía.

Valentín Roma utilizó el término epifanía, tan importante en la creación revelada, con motivo del centenario del nacimiento de Tàpies. La actual directora, Imma Prieto, le invitó a comentar la serie Teresa , de 1966. Se encontraba ante una imagen, algo, un objeto, y de ese encuentro surgieron unos conceptos maravillosos, porque el arte no es sólo textualidad, sino también un ejercicio de la mirada.

En el lenguaje valorativo de la crítica faltan conceptos brillantes como los que sentí en boca de Valentín Roma. Lo que nos propone es muy inspirador e importante. Por ejemplo, la sustitución de la tensionalidad y el conflicto por la ligereza y el placer puro. Este concepto lo presentaba a propósito del libro de Juan Cárdenas que lleva este título: La ligereza , del que extraía una conclusión genial: la idea de que el gran arte es aquél que flota. La gravedad y la pesadez son síntomas del arte dogmático; el gran arte no pesa. Está en contra de las epistemas pesadas. Para mi sorpresa, hizo una apología de los sentimientos, de la cicatriz, de la ligereza, de la ocultación, de la «erotomanía» atávica, a propósito de Balthus, y del amor como epifanía artística. En definitiva, hizo una reflexión en defensa de lo que yo llamaría una estética «epifánica», en la que citaba la cicatriz en Severo Sarduy, la ligereza de Juan Cárdenas y la ocultación de Maurice Blanchot. De eso hace sólo dos años; es poco tiempo y puede incorporarlas en su programa.

  • Torres/Gabriel.

Pero sobre todo, sin reservas ni prejuicios tópicos, abordó la obra de Tàpies, que conoce bien, y aseguró que toda ella no es más que la narración de una epifanía amorosa. Que veía toda su obra como una colección de epifanías. En sus palabras entendí que en su episteme racionalizadora del conflicto también había sitio para la inquietud y el deseo como motores de creación en el arte contemporáneo.

La apología de la revelación epifánica en clave de amor no se limitaba a la obra comentada de Tàpies, sino que, para reforzar el argumento, citó el cuento del camionero ciego de Alexander Kluge, que no es más que una alegoría del amor sin condiciones, de la confianza absoluta en el otro; en definitiva, una apología de los sentimientos.

Este elogio de la rareza y de las pulsiones subjetivas que he encontrado en la poética epistemológica de Valentín Roma me gusta, y es necesario en el arte, aunque, por su evanescencia huidiza y compleja, sea difícil de enumerar; debe estar, sin embargo, en un programa de actuación museística.

Hemos escuchado la voz de instituciones, comisarios y galerías. Ahora toca escuchar a los artistas. La voz de los artistas aportadores, que son los verdaderos conocedores del arte y tienen mucho que decir en esta nueva etapa que les afectará plenamente. Entre todos ellos he escogido a dos artistas consolidados: Francesc Torres y el escultor Gabriel. Torres representa la implicación y conflicto contemporáneos y su palabra es escuchada por el MACBA porque coincide claramente con el ideario de su nuevo director. Por su parte, el escultor Gabriel se constituye como un claro defensor de la epifanía en el arte. En su caso también existe una coincidencia plena con ese mismo principio mantenido por Valentín Roma y debe ser escuchado. Su posición es menos conocida, pero no menos fundamentada cuando habla de epifanía espiritual, de negación del yo, de fenomenología de la forma y de lo sensible, de inteligencia poética, de excentricidad como virtud no sometida al yo dominador, del dolor existencial y de valores como el principio de indeterminación, de inexactitud y de inexactitud. Un verdadero manifiesto artístico que comparto plenamente porque nos permite acercarnos a la inquietud que nos causa el ser del arte.

Ya veremos. En ese cruce, el nuevo director tiene la palabra; él decidirá si mantiene la aguja de la balanza en el punto justo entre el conflicto que propone su ideología racionalizada y la epifanía que le exige también su oculta e inconfesable necesidad.

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