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Exposiciones

Dos lenguajes artísticos en el umbral de lo simbólico

Mariana Brihuega y Andrea Bloise entrelazan escultura, pintura e imaginación en una exposición que explora las transformaciones de la experiencia y los territorios de lo onírico en el Museo de Esculturas Luis Perlotti de Buenos Aires.

Dos lenguajes artísticos en el umbral de lo simbólico
bonart buenos aires - 10/10/26

Huellas del tiempo y paisajes que parecen existir más allá de la realidad visible. Entre ambos territorios se despliega Umbrales y constelaciones, una exposición que reúne obras de Mariana Brihuega y Andrea Bloise realizadas entre 2017 y 2026 en el Museo de Esculturas Luis Perlotti de Buenos Aires. La muestra establece un diálogo entre dos creadoras que comparten sus orígenes en la talla en madera y una formación escultórica común, pero que han desarrollado universos plásticos propios, articulados desde diferentes lenguajes y sensibilidades.

En la obra de Mariana Brihuega, la materia adquiere una dimensión narrativa y simbólica. Su serie Bisagras y Grietasparte de objetos cotidianos marcados por el uso y el paso del tiempo —puertas, ventanas, maletas, bastones y muletas— para explorar cuestiones relacionadas con la fractura, la reconstrucción y el cambio. Estos elementos, despojados de su función habitual o transformados en nuevas estructuras, evocan experiencias de ruptura y procesos de transformación personal. Las referencias al tarot amplían esta investigación hacia un imaginario en el que los símbolos funcionan como instrumentos de interpretación de la experiencia y de sus múltiples posibilidades.

Andrea Bloise, por su parte, construye una poética pictórica en la que el paisaje y la naturaleza se alejan de la representación literal para adentrarse en territorios imaginarios. Sus composiciones combinan formas orgánicas, arquitecturas inventadas y alusiones cósmicas en escenarios de resonancias metafísicas. La atención al detalle y la intensidad cromática contribuyen a generar atmósferas en las que lo reconocible convive con lo enigmático, mientras la pintura se convierte en un espacio abierto a la percepción, la ensoñación y la exploración de realidades alternativas.

El encuentro entre ambas artistas se articula alrededor de la noción de umbral, entendida como un lugar de tránsito entre estados, experiencias y formas de percepción. Si Brihuega encuentra en los objetos la memoria material de las transformaciones, Bloise abre ventanas hacia paisajes mentales donde la imaginación reorganiza el mundo visible. Sus propuestas, distintas en sus procedimientos y resultados, coinciden en la voluntad de indagar en aquello que permanece oculto bajo la superficie de las cosas.

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