En las calles de La Habana, en los paisajes más ásperos del oriente de la isla, en el interior de las casas o en los gestos cotidianos de quienes afrontan las dificultades del presente, Valerio Bispuri encuentra las imágenes de una sociedad atravesada por la crisis, pero también por una memoria y un sentimiento de pertenencia que continúan profundamente arraigados.
Patria o Muerte. Voci da un’isola che resiste reúne 33 fotografías realizadas por el reconocido fotoperiodista italiano durante su inmersión en la Cuba contemporánea en junio y julio de 2026. La exposición, que puede visitarse del 9 al 27 de septiembre en la Sala Santa Rita, propone un recorrido dividido en cuatro secciones narrativas que conduce desde La Habana hacia las regiones orientales de la isla para abordar, más allá de la dimensión política del título, una cuestión mucho más compleja: qué significa pertenecer a un lugar cuando ese lugar atraviesa uno de los periodos más difíciles de su historia reciente.
Bispuri ha construido buena parte de su trayectoria acercándose a quienes permanecen fuera de las narraciones dominantes. Su fotografía busca hacer visibles aquellas realidades que habitualmente quedan en los márgenes y, en Cuba, esa voluntad documental se encuentra con una sociedad donde las huellas de la crisis forman parte de la vida cotidiana. Calles ocupadas por residuos, viviendas deterioradas, paisajes castigados y rostros que miran a la cámara conviven con escenas domésticas, juegos infantiles y pequeños gestos que hablan de una capacidad de resistencia que no necesita ser dramatizada.

La luz desempeña un papel fundamental en este relato. Aparece entre las sombras de las calles, penetra en los interiores de las viviendas y se concentra en el resplandor de un fuego improvisado para preparar la comida. No es únicamente un recurso formal, sino una manera de construir una mirada sobre una realidad que escapa a las lecturas simples. La fotografía de Bispuri se mueve precisamente en ese espacio de tensión entre la precariedad visible y aquello que permanece oculto: los vínculos familiares, la memoria, las creencias y una identidad construida a lo largo de generaciones.
"Poder contar con la fotografía significa, ante todo, profundizar, comprender el significado de una mirada, de un gesto, de un movimiento", explica el fotógrafo. Desde esa perspectiva, Patria o Muerte se distancia de una aproximación exclusivamente política a Cuba. El propio título procede de una de las expresiones más reconocibles de la Revolución cubana, una fórmula que durante décadas ha estado presente en las escuelas, las plazas, los discursos y la vida cotidiana del país. Pero Bispuri observa cómo esas palabras pueden adquirir hoy una dimensión diferente.
"Más allá de la declaración política, cuentan la relación profunda entre un pueblo y su tierra", señala. Su experiencia durante el viaje le permitió comprobar cómo, junto a las dificultades económicas, la escasez de bienes esenciales, el aislamiento y las transformaciones sociales, persiste un vínculo emocional con la historia de la Revolución y con aquello que esta representó para varias generaciones de cubanos.
La exposición se sitúa así en un territorio ambiguo, lejos tanto de la imagen idealizada de la Cuba revolucionaria como de una representación reducida exclusivamente a la crisis. Entre ambos extremos aparece una sociedad compleja, marcada por las contradicciones del presente y por la persistencia de una memoria colectiva. La cámara no pretende resolverlas, sino hacerlas visibles.
En ese paisaje humano adquiere también una relevancia especial la dimensión espiritual de la isla. Cuba es, además, la tierra de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona del país y figura profundamente arraigada en su imaginario popular. Religión, memoria, revolución, familia y territorio forman parte de una misma trama cultural en la que la identidad cubana no puede explicarse únicamente desde la política ni desde las estadísticas económicas.
Las fotografías de Bispuri transitan precisamente por ese territorio donde lo visible nunca agota lo real. En los rostros, en las casas, en las calles y en los paisajes aparece una Cuba herida, pero también una Cuba que permanece vinculada a su tierra. Una isla donde la patria puede ser consigna, memoria, herencia o sentimiento íntimo y donde, incluso en medio de la incertidumbre, continúa existiendo una forma obstinada de pertenencia.