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Opinión

Kugelmugel, cuando una obra de arte se convierte en una república

Una esfera de ocho metros en el Prater de Viena resume una historia tan absurda como fascinante sobre arte, resistencia, burocracia y libertad de creación.

Kugelmugel, cuando una obra de arte se convierte en una república
Carles Toribio  viena - 19/09/26
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El pasado mes de mayo, durante una visita a Viena, me detuve durante unos momentos ante una de esas obras que obligan a mirar dos veces, incluso tres. En una esquina del enorme Prater, rodeada por una valla y aparentemente fuera de lugar entre los espacios de ocio del parque, aparece una esfera de madera de ocho metros de diámetro. No es una escultura convencional, tampoco exactamente una casa y, oficialmente, mucho menos una república. Su nombre es Kugelmugel y detrás de su apariencia insólita se esconde una de las historias más singulares del arte contemporáneo europeo.

Kugelmugel nació de un sueño artístico. Edwin Lipburger, nacido en Vorarlberg, Austria, imaginó en 1969 una vivienda esférica que bautizó inicialmente como Sphaera 2000, que nada tiene que ver con la esfera actual de Las Vegas. La idea tenía algo de espíritu de los años sesenta, cuando la esfera aparecía asociada a nuevas formas de habitar, a la experimentación arquitectónica y a una cierta voluntad de romper con las convenciones. En 1970, junto a su hijo Nikolaus, comenzó a materializar aquel proyecto en una finca privada de Katzelsdorf, al sur de Viena. El resultado fue una construcción de aproximadamente 7,8 metros de diámetro formada por 128 elementos de madera.

  • 1983.

Lo que podía parecer simplemente una extravagancia arquitectónica terminó convirtiéndose en un conflicto con las autoridades. Y aquí empieza la parte más fascinante de la historia: el problema no era únicamente que Lipburger hubiera construido sin los permisos correspondientes. En la Baja Austria existían además restricciones relacionadas con las viviendas de forma esférica. La geometría de la casa se convirtió, literalmente, en una cuestión legal.

Las autoridades ordenaron finalmente su demolición. Lipburger, sin embargo, decidió responder desde el territorio que mejor conocía: el del arte. Declaró que la esfera constituía un municipio independiente y bautizó el lugar como Kugelmugel, un término que puede traducirse aproximadamente como “esfera en la colina”. Más adelante llegaría incluso a proclamar la República de Kugelmugel, emitir pasaportes y desarrollar toda una simbología propia. Lo que había comenzado como una vivienda experimental se transformaba así en una intervención artística de dimensiones políticas, urbanísticas y conceptuales.

La creación de la república deben entenderse fundamentalmente como una intervención artística destinada a evitar que la casa fuera demolida. La estrategia resulta tan extravagante como efectiva: ante una administración que quería eliminar un edificio ilegal, el artista respondió convirtiéndolo en una obra, una ficción territorial y un espacio de debate sobre la libertad artística.

El conflicto se prolongó durante años. En 1979, Lipburger fue condenado a diez semanas de prisión por asumir ilegalmente funciones propias de una autoridad pública. Mientras tanto, aparecieron diferentes propuestas para salvar la esfera. En 1975 incluso se planteó trasladarla a Neudörfl, llegando a estudiarse la posibilidad de transportarla en helicóptero. Finalmente, la solución llegó desde Viena.

El entonces alcalde de la ciudad, Helmut Zilk, propuso que Kugelmugel pudiera instalarse en el Prater. Lipburger aceptó, aunque aquella ubicación difícilmente podía coincidir con su idea inicial de una república independiente. En 1982, la construcción fue desmontada y trasladada al parque vienés, donde volvió a ser ensamblada. La esfera encontró así una nueva vida en uno de los lugares más populares de la ciudad, cerca de la Hauptallee y no muy lejos de la célebre noria del Prater, inmortalizada por El tercer hombre.

La ironía es difícil de ignorar. Una construcción nacida como experimento utópico y enfrentada a la burocracia terminó instalada en uno de los espacios más reconocibles de Viena. El Estado había intentado resolver el problema trasladándolo de lugar, pero la disputa no desapareció. Las promesas relacionadas con el suministro de agua, electricidad y alcantarillado no llegaron a cumplirse plenamente y el conflicto jurídico entre Kugelmugel y la ciudad se prolongó durante décadas, llegando incluso al Tribunal Supremo Administrativo de Austria en 2007.

No hubo, finalmente, una solución jurídica definitiva. La ciudad de Viena acabó aceptando la permanencia de Kugelmugel como una construcción realizada sin permiso, dentro de una figura jurídica específica. Y quizá sea precisamente esa situación de permanente excepcionalidad la que ha permitido que la esfera sobreviva como parte del paisaje cultural de la ciudad.

Pero Kugelmugel no es solamente una historia sobre una casa extraña. La resistencia de Lipburger generó además su propio universo artístico. Aparecieron sellos de Kugelmugel —algunos realizados mediante intervenciones sobre sellos austríacos—, pinturas, fotografías, banderas y diferentes objetos vinculados a la imaginaria república. La obra dejó de ser únicamente la esfera y pasó a convertirse en un sistema de signos, relatos y acciones.

Después de la muerte de Edwin Lipburger, en 2015, la gestión pasó a su hijo Nikolaus. Desde 2022, Linda Treiber ejerce como presidenta de la República de Kugelmugel. La micronación mantiene incluso una población oficial de más de 650 ciudadanos no residentes, una cifra que refuerza el carácter deliberadamente absurdo de la propuesta.

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