La Fundación Bancaja ha presentado en su sede de Valencia la exposición Tot lloc es provisional del artista de Torrent Calo Carratalá (1959), una muestra que revisa su particular interpretación del paisaje natural después de más de treinta años de trayectoria dedicada a la pintura del territorio. Considerado como una de las figuras destacadas del paisajismo contemporáneo español, Carratalá reúne en esta exposición una síntesis madura de su lenguaje visual, profundamente vinculado a la experiencia del viaje y la contemplación.
La exposición reúne 37 obras de gran y pequeño formato realizadas entre 2013 y 2026, muchas de las cuales forman parte de tres de sus principales series. Este conjunto se exhibe por primera vez de forma conjunta en Valencia, incluyendo piezas creadas expresamente para la ocasión. El recorrido propone un viaje visual por varios territorios del mundo: las montañas nevadas de Noruega, el Amazonas en Brasil y Perú, y los paisajes africanos de Tanzania y Senegal, con especial atención a los baobabs, símbolos de memoria y continuidad cultural.
En Noruega, Carratalá construye paisajes de gran economía cromática, donde la nieve y la luz configuran escenas de belleza serena y melancólica. En Amazonas, la selva se transforma en una red de líneas en grafito y tinta, sugiriendo la densidad vegetal, los reflejos y la humedad del territorio. Sin embargo, los paisajes africanos se despliegan a través de verdes intensos, formas abiertas y espacios de vacío que evocan la relación entre naturaleza y comunidad.

El recorrido expositivo, comisariado por la historiadora del arte Marisa Giménez Soler, evidencia el gesto del pintor: rápido, sintético y preciso. Carratalá trabaja con trazos esbozados, corregidos y superpuestos que convierten el paisaje en una construcción emocional más que descriptiva. En este proceso, la pintura se convierte en una fusión de aire, color y tiempo, donde la realidad geográfica se transforma en experiencia sensorial.
Su obra se inscribe en una tradición pictórica que dialoga con los paisajistas holandeses del siglo XVII, con la sensibilidad romántica de William Turner, John Constable o Casparo David Friedrich, así como con el legado del impresionismo y el expresionismo. Sin embargo, Carratalá actualiza esta herencia desde una mirada contemporánea marcada por la conciencia ecológica y la reflexión sobre la preservación del medio ambiente.
El viaje constituye el punto de partida esencial de su proceso creativo. El artista recorre durante semanas territorios lejanos, inmerso en el paisaje, observándolo y habitándolo antes de trasladarlo al estudio. De este contacto directo nacen dibujos, esbozos y pequeñas tablas que recogen la primera huella de su experiencia.

De regreso, y después de un trabajo pausado basado en apuntes, fotografías y memoria, Carratalá reinterpreta estos espacios y los reconstruye pictóricamente. El resultado no es una reproducción fiel del sitio, sino una recreación interior que incorpora la vivencia personal y la atmósfera emocional del viaje.
Como explica el propio artista, "los viajes tienen algo de espiritual. Me paso el día solo, pintando, observando y pensando. Son también un ejercicio introspectivo, una manera de estar con uno mismo y recuperar el tiempo de mirar y sentir".