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Exposiciones

Regina de Miguel abre las puertas de un universo en ruinas para explorar otros futuros

El IVAM se transforma en un museo galáctico donde arte, ciencia y ficción especulativa se entrelazan para cuestionar el extractivismo, la fragilidad de los ecosistemas y las relaciones entre las distintas formas de vida.

Regina de Miguel abre las puertas de un universo en ruinas para explorar otros futuros
bonart valencia - 30/10/26
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El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Regina de Miguel (Málaga, 1977) propone un desplazamiento temporal y espacial que sitúa al espectador ante los restos de una civilización desaparecida. Con Un mundo turbiamente vivo , el artista transforma la Galería 6 en un escenario de ciencia ficción, un museo imaginario situado en un planeta lejano que, pese a su apariencia fantástica, funciona como un espejo incómodo de nuestro presente. La muestra, comisariada por Rosa Lleó y visitable hasta el 11 de abril de 2027, construye una narración visual y conceptual en la que la ruina, la memoria y la posibilidad de otras formas de existencia se convierten en instrumentos para pensar críticamente el mundo contemporáneo.

El proyecto parte de un museo del futuro, el Alkane, ubicado en Tornus, un planeta sometido a un proceso de colonización y explotación de los recursos naturales hasta el agotamiento. En este territorio devastado, la institución museística custodia los restos de una civilización y conserva réplicas de las obras de arte y documentos de todo el universo. La ficción se convierte así en una estrategia de distanciamiento que permite observar la Tierra desde otra perspectiva. Lo que aparentemente es un relato sobre un mundo remoto acaba señalando las contradicciones de una sociedad que proyecta su ambición extractiva hacia otros planetas mientras sigue destruyendo las condiciones que hacen posible la vida en su propio entorno.

Regina de Miguel articula ese universo a través de una práctica artística que atraviesa disciplinas y conocimientos. La astrobiología, la astronomía, la geología, la botánica y la literatura conviven con referencias cinematográficas y narrativas propias de la ciencia ficción. Sin embargo, no se trata de ilustrar conceptos científicos, sino de incorporarlos a una construcción poética en la que el conocimiento y la imaginación se complementan. Tal y como señala Blanca de la Torre, directora del IVAM, el artista traslada las cuestiones científicas al terreno de la ficción especulativa, un espacio desde el que cuestionar las formas de vida actuales e imaginar escenarios alternativos.

El origen del proyecto se remonta al período de la pandemia, cuando el artista venía de desarrollar una investigación en la selva colombiana en torno al extractivismo y las diferentes formas de violencia ejercidas sobre los cuerpos y los territorios. Aquella experiencia dejó una impronta profunda en el desarrollo de un trabajo que aborda la destrucción ambiental no como una cuestión aislada, sino como el resultado de un sistema económico, político y social que prioriza la acumulación por encima de la continuidad de la vida. La crisis climática, las políticas imperialistas y la indiferencia frente a la vulnerabilidad de determinadas comunidades aparecen como síntomas de una misma estructura de poder. El artista hace hincapié en las consecuencias humanas de este proceso, desde la desigualdad hasta los desplazamientos forzados y la aparición de los refugiados climáticos.

El espacio expositivo acompaña a esta deriva narrativa. Una gran cortina plateada introduce al visitante en una atmósfera que evoca los laboratorios de cultivo in vitro , un entorno ambiguo entre la investigación científica y la arqueología de un futuro posible. En este primer ámbito, los restos del museo Alkane toman forma a través de dibujos, pinturas, esculturas, mapas elaborados con acuarela y obsidianas grabadas con representaciones de especies extinguidas. Son fragmentos de una memoria que parece haber sobrevivido a la desaparición del mundo que la generó. Su presencia plantea una pregunta esencial: ¿qué merecerá ser preservado cuando las condiciones de nuestra existencia hayan sido irreversiblemente alteradas?

La arquitectura de la exposición también participa en este relato. La escalera que conecta ambas plantas funciona como un portal simbólico entre universos, una transición que abandona el registro casi arqueológico de la primera sala para adentrarse en una dimensión cinematográfica e inmersiva. En la planta superior se presenta Aguas intoxicadas, cometas nunca más vistos y una reunión de suicidas , una película desplegada en cinco pantallas que forma parte de las investigaciones más recientes del artista. Presentada anteriormente en la Bienal de Arte de Toronto y realizada con la colaboración de Catapulta, la obra amplía el campo de reflexión de la muestra y conecta paisajes, conflictos ecológicos e imaginarios de desaparición.

La película transita por diferentes geografías, desde las zonas pantanosas que rodean Berlín hasta las explotaciones de coral de Puerto Rico, pasando por el observatorio de Arecibo y el desierto de Atacama. No son localizaciones escogidas únicamente por su singularidad visual. Cada una concentra una historia de transformación ambiental, intervención humana y tensiones políticas. Puerto Rico, territorio especialmente conocido por el artista, se presenta como un espacio en el que las políticas ambientales, la experimentación militar y las economías coloniales han contribuido durante décadas al deterioro de los ecosistemas. En este contexto, la imagen de los arrecifes de coral se convierte en una metáfora especialmente elocuente: el blanqueo de un arrecife no es sólo la desaparición de una especie o de un paisaje submarino, sino la señal de que todo un sistema ecológico está colapsando.

La ruina, el colapso y el suicidio son conceptos que atraviesan la exposición y que sitúan al espectador frente a un horizonte inquietante. Sin embargo, Regina de Miguel huye de la representación fácil de la catástrofe. No le interesa convertir el desastre en un espectáculo visual, sino abrir un espacio de reflexión que permita reconocer la fragilidad sin renunciar a su posibilidad de transformación. En este sentido, la muestra incorpora pequeños espacios de esperanza, chispas que emergen entre las imágenes de devastación y que invitan a pensar otras formas de habitar el planeta.

Ésta es también una de las líneas que conectan el proyecto con la idea de Museo Anfibio que Blanca de la Torre articula en su planteamiento museográfico para el IVAM. Un museo que no se concibe como una estructura cerrada, sino como un organismo permeable, capaz de establecer relaciones con otras formas de conocimiento y con los ecosistemas que le rodean. Un mundo turbiamente vivo amplía esta mirada y cuestiona los límites entre lo humano y lo no humano, entre la naturaleza y la cultura, entre la conservación y la desaparición.

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