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Exposiciones

Yeguas del Apocalipsis desbordan los límites del arte y la disidencia

'Desbocadas' recupera en el Museo Universitario del Chopo la práctica radical de Francisco Casas y Pedro Lemebel, un dúo que desafió la dictadura chilena y las normas sociales y de género desde la irreverencia y la acción política.

Yeguas del Apocalipsis, Tu dolor dice minado, 1993. Fotografía de Paz Errázuriz. Cortesía de les artistas.
Yeguas del Apocalipsis desbordan los límites del arte y la disidencia
bonart méxico df - 27/10/26

El cuerpo como herramienta de insurrección, la provocación como estrategia artística y la disidencia como forma de resistencia. Entre 1987 y 1993, Yeguas del Apocalipsis, el dúo integrado por Francisco Casas (Santiago de Chile, 1959) y Pedro Lemebel (Santiago de Chile, 1952-2015), desarrolló en Chile una práctica artística que desafiaba tanto el orden político de la dictadura y la transición democrática como las convenciones sociales, sexuales y culturales de su tiempo. Su trabajo regresa ahora al centro del debate con Desbocadas. Retrospectiva, una exposición que puede visitarse hasta el 4 de abril de 2027 en el Museo Universitario del Chopo.

Organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes de Chile y comisariada por Gerardo Mosquera, la muestra reúne obras existentes y documentación de acciones efímeras que marcaron la trayectoria del colectivo. La exposición también reconstruye algunas intervenciones de las que no se conservan registros visuales, a partir de testimonios y memorias, para recuperar una práctica que, por su carácter contracultural y espontáneo, escapó con frecuencia a los mecanismos tradicionales de documentación y conservación artística.

Escritores convertidos en artistas, Casas y Lemebel irrumpieron en espacios públicos y protagonizaron acciones y escenificaciones que recurrían al travestismo, la desnudez y la ocupación provocadora del espacio. Sus intervenciones desafiaban los protocolos establecidos del arte y cuestionaban las estructuras de poder desde una posición marginal, vinculada a una izquierda radical y a una disidencia sexual que reivindicaba su condición periférica. Su práctica no buscaba la aceptación institucional, sino alterar las reglas del juego y evidenciar las contradicciones de una sociedad atravesada por la represión política y la exclusión.

  • Yeguas del Apocalipsis, Lo que el sida se llevó, noviembre 1989. Fotografía de Mario Vivado. Cortesía de les artistas.

La fuerza de Yeguas del Apocalipsis residía en su capacidad para invertir los órdenes establecidos. Aquello que el discurso dominante relegaba a los márgenes —lo cuir, lo no normativo, lo considerado impropio o escandaloso— se convertía en una herramienta de impugnación. Sus cuerpos funcionaban como espacios de confrontación política y como imágenes capaces de desestabilizar los imaginarios hegemónicos. La provocación no era un fin en sí mismo, sino una forma de intervenir en la realidad y abrir posibilidades de emancipación.

Su activismo abordó cuestiones que trascendían la denuncia de la dictadura chilena. Las acciones del colectivo también señalaron la violencia política internacional, incluida la masacre de China, la homofobia y las distintas formas de represión. A ello se sumaron el apoyo a familiares de detenidos desaparecidos y a personas afectadas por el VIH-sida, así como la crítica a los movimientos homosexuales cuando limitaban sus reivindicaciones a una lucha centrada exclusivamente en sí misma. Esta perspectiva ampliaba el campo de la disidencia y establecía conexiones entre las distintas formas de exclusión.

Desbocadas. Retrospectiva permite comprender la dimensión interseccional de una práctica que cuestionaba las estructuras dominantes tanto desde la derecha como desde determinados sectores de la izquierda. Casas y Lemebel desafiaron los prejuicios de su tiempo sin adoptar una posición victimista: sus acciones afirmaban la diferencia y convertían la marginalidad en un lugar de enunciación política y creación artística.

  • Yeguas del Apocalipsis, Las dos Fridas, 1989 - 2014. Foto-registro de Pedro Marinello. Cortesía: D21 Proyectos de Arte.

La recuperación de estas experiencias también pone de manifiesto las dificultades que afronta la memoria de las prácticas efímeras y contraculturales. Muchas intervenciones quedaron sin documentar debido al desinterés institucional, a la voluntad de independencia del colectivo y a la naturaleza espontánea de sus acciones. La exposición incorpora estas ausencias como parte de su relato, reconstruyendo acontecimientos a partir de las memorias y mostrando cómo la historia del arte también se compone de fragmentos, testimonios y experiencias que quedaron fuera de los archivos oficiales.

La influencia de Yeguas del Apocalipsis desborda el contexto chileno en el que surgió. Su radicalidad, la potencia de su imaginario visual y su cuestionamiento de las normas de género y de las jerarquías culturales anticiparon debates que continúan atravesando las políticas sociales, artísticas y sexuales contemporáneas. Su legado demuestra que el arte puede actuar como una práctica de libertad capaz de confrontar las estructuras de poder, alterar los códigos de representación y reivindicar otras formas de existencia.

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