La memoria histórica y la política no son territorios ajenos al arte. En ellos se construyen relatos, se disputan símbolos y se confrontan las estructuras que determinan quién tiene el poder de representar el mundo. Desde esta perspectiva, el Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam de La Habana presenta Arqueología del poder, una exposición temporal inaugurada el pasado 24 de octubre, que explora las relaciones entre los imaginarios históricos, las tensiones políticas y las formas de resistencia que atraviesan la creación contemporánea. Comisariada por Yanet Oviedo, Ariel Alejandro Baró y Magdalena Molina, la muestra convierte los fondos de la colección del centro en un campo de investigación desde el que interrogar los discursos dominantes y abrir nuevas vías de interpretación.
La exposición parte de un patrimonio construido a través de las donaciones de artistas que han participado en las importantes Bienales de La Habana y en otros proyectos impulsados por la institución. Más que ordenar las obras según criterios cronológicos o geográficos, el equipo curatorial ha optado por establecer relaciones entre ellas y articular un discurso que permita descubrir conexiones entre contextos, lenguajes y experiencias históricas diversas. El resultado es una cartografía en la que las diferencias culturales no desaparecen, sino que entran en diálogo para revelar las múltiples maneras en que el arte aborda las estructuras del poder.

En conversación con bonart, Ariel Alejandro Baró, uno de los comisarios, destaca el valor de esta colección como herramienta para comprender las dinámicas del arte contemporáneo internacional. “Es un objeto de estudio muy fértil para nosotros”, afirma, tanto por el volumen y la variedad de las obras como por su capacidad para recoger la trayectoria del Centro Wilfredo Lam y la historia de la propia Bienal de La Habana. A su juicio, los fondos ofrecen una representación especialmente significativa de lo que denomina el ‘Sur global’, con una presencia destacada de artistas y producciones procedentes de América Latina, el Caribe, África y Asia, sin excluir otras geografías.
Esta diversidad constituye uno de los puntos de partida de Arqueología del poder. La colección permite abordar el arte contemporáneo desde una perspectiva que desborda los centros tradicionales de legitimación cultural y reconoce la pluralidad de discursos que se producen en diferentes territorios. En ese entramado, las obras funcionan como testimonios de experiencias históricas y políticas, pero también como dispositivos capaces de cuestionar las narrativas establecidas y proponer otras formas de entender las relaciones entre cultura, memoria y sociedad.

La construcción de la colección está estrechamente vinculada a la historia de las Bienales de La Habana, una plataforma que ha favorecido la participación de artistas internacionales y el intercambio entre contextos culturales diversos. Según explica Baró, la mayoría de las obras expuestas han llegado al centro a través de estas convocatorias, aunque también existen donaciones vinculadas a otros proyectos. Este origen colectivo convierte los fondos en algo más que un conjunto de piezas: constituye la huella material de una red de colaboraciones y encuentros que se ha ido ampliando a lo largo de la trayectoria de la institución.
Sin embargo, disponer de una colección de estas características también plantea el desafío de hacerla visible y mantenerla activa. La ausencia de un espacio físico permanente dedicado a su exhibición ha llevado al centro a explorar distintas fórmulas para compartir sus fondos con el público. “Nosotros constantemente le estamos encontrando salidas para integrarla dentro de nuestro programa y buscar maneras de socializarla”, señala el comisario. Las exposiciones temporales conviven así con conferencias, espacios de intercambio, iniciativas de difusión a través de las redes y proyectos en los que las obras de la colección se incorporan a propuestas de artistas invitados.
Esta estrategia adquirió especial relevancia durante la decimoquinta edición de la Bienal de La Habana, concebida también como una oportunidad para recuperar la memoria de convocatorias anteriores y establecer diálogos con su legado. En aquella ocasión, numerosas piezas de la colección se integraron en proyectos colectivos, propuestas individuales y colaboraciones con otras instituciones. La colección dejó de funcionar como un fondo separado para convertirse en un recurso vivo, capaz de generar nuevas lecturas en contacto con otras prácticas artísticas.

Arqueología del poder prolonga esta voluntad de activar el patrimonio desde el presente. La elección de un enfoque transversal permite que las obras se relacionen sin quedar sujetas a una división estricta por épocas o procedencias. La intención, explica Baró, ha sido “encontrar un discurso curatorial y generar como toda una cartografía a partir de una buena cantidad de las obras de la colección”. La metáfora arqueológica remite, en este sentido, a la posibilidad de rastrear las capas que conforman los imaginarios políticos e históricos, descubrir sus contradicciones y examinar las huellas que los sistemas de poder dejan en las sociedades.
El proyecto también pone de relieve una manera de entender el trabajo curatorial basada en la colaboración. Oviedo, subdirectora del centro e impulsora de la exposición, invitó a Baró y a Magdalena Molina a desarrollar conjuntamente la propuesta. Aunque Oviedo lidera el proyecto, el proceso se articula mediante un intercambio continuado entre los tres comisarios. “Estamos trabajando, digamos, de manera horizontal, en el que todos tenemos voz y voto”, explica Ariel. Esta dinámica responde a una voluntad institucional de ampliar la participación de los equipos especializados y favorecer procesos de trabajo más flexibles.
Para el comisario, la colaboración adquiere además un valor práctico en el contexto actual, porque permite afrontar las dificultades y mantener abiertos los procesos de investigación y producción. La horizontalidad no se limita, por tanto, a una metodología interna, sino que forma parte de una concepción del trabajo cultural que busca distribuir responsabilidades, contrastar perspectivas y evitar que los proyectos queden sujetos a estructuras demasiado rígidas.