El sufrimiento también puede bailar. En los movimientos convulsos, los ritmos repetitivos y los gestos rituales que durante siglos acompañaron las manifestaciones del tarantismo se esconde una forma de expresar aquello que la sociedad no siempre está dispuesta a escuchar. Desde esta perspectiva, La picadura de la tarántula: sur y folclore propone una lectura contemporánea de las prácticas populares del sur, entendidas no como vestigios de un pasado remoto, sino como expresiones culturales atravesadas por conflictos sociales, desigualdades y formas de resistencia.
El Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A), en Córdoba, presenta esta exposición en la sala T4, con el comisariado de Lluís Alexandre Casanovas Blanco. Abierta del 16 de octubre de 2026 al 28 de marzo de 2027, la muestra reúne materiales históricos, fotografías, pinturas, documentos y películas procedentes de las investigaciones del antropólogo italiano Ernesto de Martino (1908-1965), que dialogan con obras recientes y nuevas producciones de artistas andaluces.
El proyecto recupera el pensamiento de De Martino y su aproximación a las prácticas rituales del sur de Italia durante la década de 1950. Su trabajo, marcado por la influencia del filósofo Antonio Gramsci y por los escritos del poeta y pintor Carlo Levi, cuestionó las interpretaciones que reducían las culturas campesinas a un conjunto de supersticiones o manifestaciones folclóricas marginales. Exiliado en Lucania en 1935, Levi descubrió una sociedad atravesada por la pobreza, el aislamiento y la precariedad, en la que las creencias y las costumbres constituían elementos fundamentales de la vida colectiva. De Martino encontró en aquella experiencia una manera de comprender el mundo rural como un sujeto político y cultural, capaz de producir sus propios lenguajes y formas de conocimiento.

La exposición toma como eje uno de los fenómenos que más interesaron al antropólogo: el tarantismo, una afección popularmente atribuida a la picadura de la tarántula cuyos síntomas se asociaban a estados de apatía, convulsión y trance. Según la tradición, la recuperación pasaba por la participación en rituales de música y danza que permitían exteriorizar el malestar y restablecer un cierto equilibrio. Más allá de su explicación médica o de su interpretación como superstición, De Martino entendió estas prácticas como mecanismos culturales mediante los cuales determinadas comunidades daban forma a experiencias difíciles de expresar por otros medios.
Publicado en 1961, La terra del rimorso constituye una referencia fundamental de esta investigación. En el libro, el antropólogo recurrió a fuentes históricas que documentaban fenómenos semejantes en distintos territorios europeos, incluida la península ibérica. La muestra incorpora expedientes y tratados médicos que recogieron casos de tarantismo en Andalucía y Castilla durante los siglos XVIII y XIX, así como testimonios y registros que se prolongan hasta mediados del siglo XX. Estos materiales permiten reconstruir la persistencia de unas prácticas que desbordan los límites entre medicina, religión, tradición y expresión corporal.
En esta lectura, el ritual adquiere una dimensión que trasciende el ámbito de las creencias populares. El cuerpo se convierte en el lugar donde se manifiestan las tensiones de una sociedad marcada por la desigualdad, la precariedad y la exclusión. La danza permite hacer visible el sufrimiento, pero también el deseo y el conflicto; ofrece una forma de presencia a quienes ocupan posiciones marginales y cuyos malestares difícilmente encuentran reconocimiento en los discursos dominantes. La picadura de la tarántula funciona así como una metáfora de las heridas sociales que atraviesan la historia y que reaparecen bajo distintas formas en el presente.

A partir de este legado, La picadura de la tarántula: sur y folclore establece un diálogo entre la investigación antropológica y las prácticas artísticas contemporáneas. Las obras reunidas no se limitan a documentar tradiciones ni a recuperar imágenes de una Andalucía idealizada. Por el contrario, proponen aproximaciones críticas a las formas en que el folclore ha sido construido, representado y utilizado para definir identidades colectivas. Frente a la desconfianza con la que generaciones anteriores de artistas abordaron determinados imaginarios populares, las nuevas prácticas se acercan a ellos como territorios en disputa, atravesados por cuestiones de clase, género, memoria y pertenencia.
La apropiación, el desplazamiento y la transformación de estos repertorios culturales permiten revisar sus significados y activar nuevas posibilidades de identificación. El folclore deja de entenderse como una herencia inmóvil para convertirse en un espacio abierto a la reinterpretación, donde conviven las huellas del pasado y las urgencias del presente. En este proceso, las prácticas populares revelan su capacidad para generar otras formas de relación con el territorio y con las comunidades que lo habitan.
La exposición reúne obras y materiales vinculados a María Alcaide, Maria Rosa Aránega, Diego Carpitella, Mateo Chica, la Cooperativa de Cine de Málaga, Ernesto de Martino, Lino Del Fra, Giuseppe Ferrara, Manuela García de la Vega, Carlo Levi, André Martin, Gianfranco Mingozzi, Pier Paolo Pasolini, Franco Pinna, Fernando Ruiz Vergara con Ana Vila, la Universidad Popular del Mediodía y Manuel Zapata. La diversidad de autores y formatos configura un recorrido en el que la documentación histórica y la creación artística se interrogan mutuamente.