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Exposiciones

El diálogo infinito entre la materia y el espacio de Lee Ufan

La Casa y el Parque de Serralves acogen la primera gran exposición en Portugal del artista surcoreano, una propuesta que explora los vínculos entre naturaleza, arquitectura y percepción a través de la pintura y la escultura.

Lee Ufan pintando sobre una piedra en el valle de Hakone, Japón, 1998. Cortesía de Studio Lee Ufan y SCAI The Bathhouse.
El diálogo infinito entre la materia y el espacio de Lee Ufan
bonart porto - 20/10/26

La obra de Lee Ufan (Corea del Sur, 1936) invita a detenerse, observar y descubrir aquello que sucede entre las cosas. Piedras, placas de acero, superficies de vidrio y pinceladas aisladas articulan un lenguaje artístico en el que la materia deja de ser un elemento pasivo para convertirse en protagonista de una experiencia perceptiva. Bajo el título Fragmentos do infinito, la Casa y el Parque de Serralves, en Oporto, presentan la primera gran exposición en Portugal, hasta marzo de 2027, de uno de los artistas y pensadores fundamentales del arte de posguerra, cuya trayectoria ha cuestionado los límites del objeto artístico y su relación con el entorno.

Figura central y principal teórico del movimiento japonés Mono-ha, surgido a finales de los años sesenta y principios de los setenta, Lee Ufan contribuyó a desplazar el interés de la representación hacia el encuentro directo con los materiales. Los artistas vinculados a esta corriente trabajaban con elementos en estado bruto —piedra, madera, metal o vidrio— dispuestos mediante intervenciones mínimas. No se trataba de transformar la materia, sino de revelar sus propiedades, su presencia y las relaciones que establece con el espacio que la rodea.

Esta búsqueda también encuentra un eco en su vinculación con el Dansaekhwa, el movimiento coreano de pintura monocromática desarrollado durante la década de 1970. En sus lienzos, Lee emplea pinceladas contenidas, a menudo únicas, sobre superficies cuidadosamente preparadas. Cada gesto adquiere una dimensión temporal y meditativa: la marca del pincel dialoga con el vacío, mientras el ritmo de la ejecución abre un espacio para la contemplación. La pintura no se limita a mostrar una imagen, sino que hace visible el tiempo y la presencia que la sostienen.

En el ámbito escultórico, el concepto de Relatum, adoptado por el artista a comienzos de los años setenta, resulta esencial para comprender su pensamiento. El término desplaza la atención del objeto aislado hacia las relaciones que se establecen entre los distintos elementos. Grandes piedras naturales, entendidas como condensaciones del tiempo geológico, entran en contacto con materiales industriales, como placas de acero o vidrio. De estas combinaciones surgen situaciones en las que la gravedad, la tensión y la distancia adquieren una presencia tan significativa como los propios materiales.

La obra se construye, así, a partir de una red de correspondencias. Piedra y acero, pincelada y superficie, objeto y espectador participan en un diálogo que no busca una conclusión definitiva. El significado aparece en el espacio intermedio, en aquello que conecta los elementos y modifica nuestra percepción de ellos. La ausencia no constituye un vacío estéril, sino una condición que permite reconocer la presencia; del mismo modo, el interior y el exterior dejan de ser categorías opuestas para convertirse en ámbitos de intercambio.

En Fragmentos do infinito, esta investigación se despliega entre la arquitectura de la Casa de Serralves y el paisaje del parque, estableciendo un recorrido en el que las obras se relacionan tanto con sus emplazamientos como con quienes las contemplan. La exposición reúne tres esculturas al aire libre, concebidas para propiciar encuentros directos entre la piedra, el acero y el entorno natural; seis pinturas, una de ellas creada específicamente para el lugar, y tres esculturas instaladas en el interior de la casa.

La disposición de las piezas permite observar cómo una misma investigación adopta formas distintas según el contexto. En el parque, la materia entra en relación con la vegetación, la luz y las variaciones del paisaje. En los interiores arquitectónicos, las esculturas y las pinturas establecen nuevas tensiones con la estructura del edificio, alterando la percepción de sus espacios. Cada obra propone una experiencia particular, pero todas comparten una voluntad de apertura hacia aquello que las rodea.

A lo largo de seis décadas de trayectoria, Lee Ufan ha desarrollado una práctica que cuestiona la autonomía de la obra de arte y reivindica su capacidad para activar relaciones. En Serralves, esta idea adquiere una dimensión especialmente significativa: la casa y el parque se convierten en escenarios de una conversación entre naturaleza y construcción, materia y vacío, presencia y ausencia.

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