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Exposiciones

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho cartas de Frederic Amat

La exposición 'OCHO' en La Virreina Centro de la Imagen explora los intercambios artísticos de Frederic Amat con poetas y narradores a los que ha podido 'acompañar con imágenes'.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho cartas de Frederic Amat

La obra de Frederic Amat tiene una relación íntima con el tiempo. No habla desde los lentes estratos de la geología o con los frenéticos saltos de "la actualidad", sino desde la experiencia humana del tiempo. Del tiempo vivido. Quizá sea por la naturalidad con la que escribe cartas a Lorca, Rimbaud o Llull —para referirnos a algunos de los libros que ha iluminado—, haciéndolos presentes y contemporáneos, que nos ha acostumbrado a una sensación de sincronía en la cuestionable «historia del arte». Cabe decir, hegelianamente, que nada mejor que negarla y renegarla para poder seguir afirmando.

Pero en la exposición «OCHO», que puede visitarse en La Virreina hasta el 1 de noviembre, se explora su relación artística con escritores con quienes —según afirma, contundente, la cronología— ha convivido en el tiempo. Así, aparte de escucharles, pueden responder, dialogar. Según el artista, los ocho nombres (JV Foix, Mark Strand, Octavio Paz, Chantal Maillard, Juan Benet, Guillermo Cabrera Infante, Lawrence Ferlinghetti y Juan Goytisolo) son una "reducida constelación de escritores y poetas, queridos y cercanos", que he tenido la fortuna de acompañar. La pluralidad en sus escrituras se traduce en una multiplicidad de géneros y subgéneros en las epístolas de Amat, que, desde el dibujo hasta la imagen en movimiento —pasando por fotogramas y hallazgos—, lleva al límite su lenguaje para desplegar sus metáforas.

La voz de Foix recitando el poema «Una rosa» se encarna con la mímica gestual de un baile de manos.

El poema septenario Seven days de Mark Strand se lee en voz baja, saltando por la caligrafía juguetona de Bob Wilson y el caleidoscopio de colores que ruedan y se reúnen.

Blanco, de Octavio Paz, hecho de verbo silencioso y apofatismo, nos reconduce hacia el sentido homófono del nombre de la exposición: el vacío.

El vídeo inédito de Al filo , con texto y voz de Chantal Maillard, sigue los trazos de alquitrán de una carretera de líneas muy atianas. Es difícil no pensar en el brutal descarrilamiento con el que comienza su celebrado Matar a Platón , pero ahora sublimado hacia el excedente, «lo que se deja incompleto o sin definir» y «derivando, acaban conduciéndonos fuera del cuadro para visión de un horizonte insospechado».

Del filme Aullido , con guión de Guillermo Cabrera Infante, me cautivan los storyboards elaborados por el artista, donde pintura, collage y acotaciones coreografían un encuentro con el bestial.

¿Las serigrafías sobre texto de Juan Benet en Visitas de 1 a 12 o junto a What is poetry? , de Lawrence Ferlinghetti, exploran la «transmutación» entre códigos verbales y visuales. Lo intraduible de la poesía es que se vuelva poesía en el traducir .

La puesta en escena del sainete ibérico de Juan Goytisolo en Memorias de tortuga , con Albert Pla y Joan Baixas, aborda la memoria histórica como una serie de despertares y recaídas en el letargo. Los residuos musicales del régimen y los caparazones escultóricos llagados plantean un coloquio fabuloso y políticamente incisivo.

Valentín Roma presenta estas —y otras— obras centrándose en los procesos creativos tras los caminos del texto a la imagen y las relaciones de amistad que las motivan o acaban surgiendo. Así, aparte de los storyboards , de los filmes se muestra también el making of , algún documento que atestigua el diálogo previo o las obras originales. En su disposición, el comisario toma la acertada decisión de mostrar algunas directamente clavadas en la pared, sin filtros que obstruyan su visión. Sin embargo, la producción fílmica de Amat —siete pantallas con auriculares permiten ver estos vídeos— parece desviar un poco la atención de los libros de artista, que habría que abrir, tocar, leer y recitar.

En los textos de sala, Roma amplía los ocho nombres hasta decenas de otros escritores y artistas, poniéndolos en relación por afinidades y mostrando cómo las líneas de la tradición, como estrellas o hipervínculos, siempre se pueden conectar unas con otras. Aunque Amat se considere a sí mismo a un artista que trabaja «desde la periferia», la exposición en La Virreina demuestra cómo durante décadas ha atravesado el «centro» del arte moderno internacional. Y cómo los hilos, celebrando la amistad, siguen.

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