La memoria no desaparece con la muerte: encuentra refugio en los objetos, las imágenes, los rituales y las historias que una comunidad transmite de generación en generación. Sobre esta idea se articula Where Memory Lives: 40 Years of Día de Muertos (Donde habita la memoria: 40 años de Día de Muertos), la exposición con la que el National Museum of Mexican Art de Chicago conmemora cuatro décadas de su celebración anual dedicada a una de las tradiciones más arraigadas de la cultura mexicana. Abierta del 25 de septiembre al 29 de noviembre de 2026, la muestra propone una mirada retrospectiva a través de la colección permanente del museo para examinar tanto la evolución artística de esta festividad como la propia trayectoria de la institución.
Comisariada por Dolores Mercado, Elisa Soto Sánchez y Cesáreo Moreno, la exposición establece un diálogo entre arte, identidad y recuerdo. Al igual que las celebraciones del Día de Muertos mantienen presentes a quienes ya no están, el museo preserva la memoria cultural mediante la conservación y difusión de las obras. Los cuatro decenios de exposiciones permiten observar cómo una tradición viva se ha reinterpretado a través de diferentes lenguajes, generaciones y contextos, sin perder su vínculo con las comunidades que la mantienen.

Enraizado en las antiguas creencias mesoamericanas y en el catolicismo, el Día de Muertos ha evolucionado a lo largo de los siglos, incorporando costumbres y prácticas propias de las distintas regiones de México. Cada 1 y 2 de noviembre, familias mexicanas de ambos lados de la frontera y de otros lugares del mundo se reúnen para recibir simbólicamente las almas de sus seres queridos y renovar los vínculos afectivos que sobreviven a la ausencia. Las ofrendas, las imágenes y los objetos conmemorativos no son únicamente expresiones rituales: constituyen formas de narrar la vida, transmitir conocimientos y reafirmar una pertenencia cultural.
La exposición reúne obras de un amplio conjunto de artistas, entre los que figuran Josefina Aguilar, Leonora Carrington, Olga Costa, Nicolás de Jesús, Carmen Lomas Garza, Manuel Manilla, Leo Matiz, Roberto Montenegro, José Guadalupe Posada, Patssi Valdez y Alfredo Zalce. La presencia de creadores de distintas épocas permite trazar una genealogía visual en la que conviven las representaciones populares, las aproximaciones contemporáneas y las múltiples interpretaciones de la muerte dentro de la cultura mexicana. La selección incorpora también a artistas como Elena Climent, Ester Hernández, Alejandro Nava, Emmanuel C. Montoya y George Yepes, entre muchos otros, ampliando el panorama de sensibilidades y perspectivas reunidas en torno a esta celebración.

Las instalaciones y ofrendas ocupan igualmente un lugar central en el recorrido. El mural de Miguel A. Del Real y las propuestas de Demetrio García Aguilar, procedente de Oaxaca; la familia Ricardo Linares, de Ciudad de México; David Rios, de Washington; Fuentes Rojas, también de Ciudad de México; CHema Skandal!, de Chicago; el Institute for Latino Studies de la Universidad de Notre Dame; y Robert Valadez y Gregorio Gómez, de Chicago, muestran la diversidad de formas en que esta tradición se manifiesta y se transmite. La participación de artistas, familias y colectivos subraya, además, el carácter comunitario de una celebración que encuentra en el acto de recordar una forma de continuidad cultural.
Más que una retrospectiva conmemorativa, Donde habita la memoria plantea una reflexión sobre el papel de los museos como espacios de transmisión y salvaguarda del patrimonio. Al reunir cuatro décadas de producción artística vinculada al Día de Muertos, el National Museum of Mexican Art pone de relieve que las tradiciones no permanecen inmóviles: se transforman, incorporan nuevas voces y adquieren otros significados a medida que cambian las comunidades que las sostienen.
