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Exposiciones

De Empúries a Spider-Man

El Empordà entra en la viñeta y revisa su relación con la narrativa gráfica, del cómic y los fanzines en las ficciones construidas desde fuera del territorio.

De Empúries a Spider-Man
bonart figueres - 04/10/26

Antes de que existiera el cómic ya existía la necesidad de contar historias con imágenes. Las pinturas de las cuevas prehistóricas, los vasos y mosaicos grecolatinos, los retablos medievales, las piedras aztecas o el tapiz de Bayeux son ejemplos de una misma voluntad: ordenar el mundo a través de una secuencia visual. Siglos más tarde, las aucas que circulaban por las calles, a menudo vendidas por los ciegos, continuaron esta tradición narrativa hasta que, a finales del siglo XIX, la revolución industrial y los nuevos sistemas de producción y difusión propiciaron la aparición de la historieta moderna.

El cómic nacía así como un medio de comunicación de masas estrechamente vinculado a las grandes ciudades ya sus centros editoriales. ¿Pero qué ocurre cuando este lenguaje llega a la periferia? ¿Qué sucede cuando un territorio que no es uno de los grandes centros de producción editorial deja de ser simplemente consumidor de cómic y se convierte en espacio de creación, inspiración e incluso ficción?

Ésta es una de las preguntas que atraviesa De Empúries a Spider-Man. Narrativas gráficas en la periferia , exposición del Museo del Empordà que propone revisar la relación entre la narrativa gráfica y el territorio ampurdanés. Comisariada por M. Mercè Cuartiella y Joan Manuel Soldevilla, la muestra parte de una perspectiva poco habitual: no estudiar únicamente a los autores o las obras vinculadas al cómic, sino observar qué ocurre cuando este lenguaje entra en contacto con un territorio concreto.

El Empordà aparece, de esta forma, desde diferentes perspectivas. Es territorio de creadores, pero también de autores que llegan desde fuera; espacio de consumo, pero también de producción; paisaje real, pero a la vez escenario de ficciones. Y esta última dimensión es especialmente significativa porque el Empordà se ha convertido a menudo en una construcción imaginaria, cargada de referencias, tópicos y visiones que han contribuido a consolidar una determinada imagen cultural.

La exposición intenta ir más allá de esa mirada superficial. Lo hace recuperando nombres como Joan Cos, Àngel Nadal o Joan Antoni Poch, dibujantes vinculados al territorio que desarrollaron trayectorias diversas, pero también incorporando a aquellos creadores foráneos que encontraron en el Empordà un paisaje, una atmósfera o un repertorio de imágenes susceptibles de ser trasladados a la viñeta.

Sin embargo, el mapa que propone la muestra no se limita a los dibujantes. También da protagonismo a los guionistas ya los procesos de construcción de las historias, con figuras como Sebastià Roig y Àngels Gardella. Es una forma de ampliar la mirada sobre el cómic y recordar que detrás de cada imagen hay también una arquitectura narrativa, una voz y una determinada manera de interpretar el territorio.

Uno de los capítulos más reveladores es el dedicado a las expresiones underground que proliferaron en Figueres en las décadas de los ochenta y noventa. En ese contexto aparecieron publicaciones alternativas como Pus de iaia o Empordà Funeral , vinculadas a una cultura gráfica que funcionaba al margen de los circuitos editoriales convencionales. Los fanzines se convierten aquí en testigos de otra forma de entender la creación: más inmediata, más irreverente y también más vinculada a las redes culturales locales.

Esta dimensión periférica es precisamente una de las aportaciones más interesantes de la exposición. La periferia deja de ser sinónimo de ausencia. Puede ser un lugar desde el que mirar diferente, experimentar con otros formatos y construir discursos que no necesariamente responden a los modelos dominantes.

El recorrido propone, a su vez, un amplio arco cronológico que conecta la actualidad del cómic con una tradición mucho más antigua de narrativa visual. El punto de partida es Empúries y la cultura gráfica de la antigüedad, una elección que permite situar al cómic dentro de una historia mucho más extensa que la de la historieta moderna. La viñeta no aparece, por tanto, como un fenómeno aislado, sino como un episodio más de una necesidad humana persistente: contar, recordar, imaginar y transmitir historias mediante imágenes.

El trayecto llega hasta el presente e incorpora también figuras como Vicenç Pagès, así como la poderosa impronta del imaginario daliniano. Porque si hay un artista que entendió el Empordà como un territorio capaz de transformarse en ficción, éste es Salvador Dalí. Su relación con el paisaje, los mitos locales y la construcción de un imaginario propio contribuyó decisivamente a convertir el Empordà en algo más que un espacio geográfico.

En ese sentido, el título de la exposición funciona casi como una declaración de intenciones. De Empúries a Spider-Man pone en contacto dos extremos aparentemente alejados: el mundo grecolatino y uno de los grandes personajes de la cultura popular contemporánea. Entre ambos caben siglos de representación visual, pero también una necesidad de crear relatos a través de imágenes.

La pregunta ya no es, por tanto, si el Empordà ha estado suficientemente presente en la historia del cómic. La cuestión es qué explica esta relación sobre el propio territorio. Las viñetas permiten descubrir un Empordà que no es únicamente el de las postales, las ruinas de Empúries o los paisajes dalinianos, sino también el de los creadores locales, los fanzines, los circuitos alternativos y las historias imaginadas.

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