Existe una historia del arte moderno que también se construyó lejos de los museos, las academias y los circuitos oficiales. La otra orilla de la vanguardia recupera precisamente ese territorio menos visible para analizar la relación entre las obras realizadas por personas ingresadas en instituciones psiquiátricas y las transformaciones protagonizadas por las vanguardias durante las primeras décadas del siglo XX.
La exposición, comisariada por Pilar Soler Montes, puede visitarse en la Fundación MAPFRE de Madrid, en el Paseo de Recoletos, 23, del 24 de septiembre de 2026 al 10 de enero de 2027. El proyecto pone el foco en unas producciones que durante mucho tiempo fueron consideradas principalmente documentos médicos, pero que progresivamente comenzaron a ser observadas también desde una perspectiva artística.
Dibujos, pinturas, esculturas, tejidos y objetos revelaban una intensidad expresiva, una libertad formal y unas maneras de construir imágenes que despertaron el interés de artistas e intelectuales que buscaban alternativas a las convenciones académicas. La exposición plantea así un recorrido por un territorio en el que los límites entre arte, psiquiatría y creación comenzaron a hacerse mucho más complejos.

Kurt Schwitters, Sin título [Miniatura Merz], 1920, Colecciones Fundación Mapfre, n.º inv. FM000326, Foto: © Fernando Maquieira, 2026 © Kurt Schwitters, VEGAP, Madrid, 2026.
El punto de partida se encuentra en Hans Prinzhorn, psiquiatra e historiador del arte alemán que, a comienzos del siglo XX, reunió en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Heidelberg una importante colección de obras realizadas por personas ingresadas en instituciones psiquiátricas. Su trabajo contribuyó a modificar la mirada sobre estas producciones, situándolas en un nuevo espacio de debate en el que medicina, psicología y arte comenzaban a establecer relaciones inéditas.
El proyecto de Prinzhorn adquirió una dimensión internacional con la publicación, en 1922, de Bildnerei der Geisteskranken, traducido aquí como Expresiones de la locura. El libro, elaborado a partir de la colección reunida en Heidelberg, dio visibilidad a estas obras y contribuyó a cuestionar los límites tradicionales de la creación artística. Más allá de su consideración como documentos vinculados a determinadas enfermedades, aquellas producciones podían ser contempladas como manifestaciones de una poderosa necesidad de expresión, caracterizadas en muchos casos por una extraordinaria libertad formal.

Gabriele Urbach, «Retrato», antes de 1921, Colección Prinzhorn, Hospital universitario de Heidelberg (Alemania), n.º inv. 40 Foto: © Prinzhorn Collection, University Hospital Heidelberg.
Esta nueva perspectiva encontró un terreno especialmente receptivo entre las vanguardias. Expresionistas, dadaístas y surrealistas descubrieron en estas obras formas de creación alejadas de los aprendizajes académicos y de los modelos artísticos establecidos. La espontaneidad, la fuerza de los signos, la libertad en la construcción de las figuras y la capacidad para generar universos visuales propios conectaban con la voluntad de muchos artistas de renovar profundamente el lenguaje del arte moderno.
La relación entre estas producciones y las vanguardias no estuvo, sin embargo, exenta de contradicciones. Durante la década de 1930, el régimen nazi instrumentalizó la comparación entre las obras realizadas por personas ingresadas en instituciones psiquiátricas y el arte moderno para desacreditar buena parte de las nuevas tendencias artísticas. La etiqueta Entartete Kunst —Arte degenerado— se convirtió en una herramienta de propaganda contra aquellas manifestaciones consideradas contrarias a los valores culturales defendidos por el régimen.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el legado de Prinzhorn adquirió nuevas lecturas. Una de las figuras fundamentales en esta recuperación fue Jean Dubuffet, que retomó el interés por las producciones realizadas al margen de las instituciones artísticas y formuló el concepto de Art Brut. Con esta denominación reivindicó aquellas creaciones desarrolladas fuera de los circuitos culturales oficiales y alejadas de las convenciones dominantes del mundo del arte.

Emil Nolde, Atardecer de otoño, 1924, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid, n.º inv. 690 (1964.9) Foto: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid © Nolde Stiftung Seebüll.
La otra orilla de la vanguardia recorre este complejo itinerario a través del diálogo entre obras procedentes de la Colección Prinzhorn y piezas de algunos de los principales protagonistas de la modernidad artística. La exposición se articula en cinco secciones y reúne más de setenta obras junto a una amplia selección documental que permite reconstruir las conexiones entre la colección de Heidelberg, las vanguardias y las posteriores formulaciones del Art Brut.
El recorrido plantea también una cuestión de fondo: quién determina qué puede ser considerado arte y quién queda fuera de los relatos construidos por la historia del arte. El diálogo entre las obras de personas ingresadas en instituciones psiquiátricas y las de artistas reconocidos permite observar cómo determinadas formas de creación obligaron a replantear conceptos como autoría, formación, originalidad y libertad artística.
La selección ha sido posible gracias a la colaboración de diversas instituciones nacionales e internacionales, entre ellas la Colección Prinzhorn de la Universidad de Heidelberg, la Collection de l’Art Brut de Lausana, el Brücke-Museum de Berlín, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, con obras procedentes tanto de sus fondos como de la colección del Archivo Lafuente.