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Exposiciones

Una isla para pensar lo común

El CGAC reúne obras de su colección en una exposición que explora la relación entre intimidad, identidad, representación y territorio a través de tres movimientos entre el yo y los otros.

Regina Silveira: “Quimera”, 2003-2011.
Una isla para pensar lo común

Toda isla implica una separación, pero también una relación. Su condición de territorio delimitado no elimina los vínculos con aquello que queda al otro lado, sino que los hace más visibles. Desde esta tensión entre aislamiento e interdependencia parte Illa ignorada, una exposición que el CGAC presenta en su primera planta hasta el 12 de febrero de 2027, después de su inauguración el 12 de junio de 2026. Comisariada por Sara Donoso, la muestra propone una lectura de la creación artística como ejercicio de resistencia y cuestionamiento, situando lo íntimo, el espacio privado y las circunstancias que rodean al individuo como puntos de partida para pensar el territorio común.

El propio título procede de Illa ignorada, el texto de Gloria Fuertes que dio nombre a su primer libro de poemas. La metáfora de la isla sirve aquí para abordar la voz poética como un espacio íntimo, aparentemente recluido y separado del exterior, pero al mismo tiempo capaz de proyectarse hacia una dimensión espiritual y crítica. El CGAC traslada esa imagen al terreno de las artes visuales para plantear una cuestión de fondo: hasta qué punto la experiencia individual, lejos de constituir un territorio cerrado, puede convertirse en una vía de acceso a experiencias compartidas.

  • Abel Azcona: 'Largo ensayo a cuerpo presente sobre el derecho a no haber nacido y otras derivas', 2024. Colección CGAC.

La exposición reúne una selección de obras pertenecientes a la Colección CGAC, en su mayoría incorporadas mediante adquisiciones realizadas durante los últimos años. Hay, además, un elemento que dota al proyecto de un carácter especialmente significativo: ninguna de las piezas seleccionadas había sido expuesta anteriormente en el centro. La muestra funciona así no solo como una nueva lectura de la colección, sino también como una oportunidad para hacer visible un conjunto de obras que permanecían fuera del relato expositivo del museo.

Entre los artistas presentes se encuentran Alberto Ardid, Abel Azcona, Vicente Blanco, Andrea Costas, Caxigueiro, Amparo Garrido, Regina Giménez, Fina Mantiñán, Juan Carlos Meana, Antoni Muntadas, Sonia Navarro, Iñigo Royo, Luis Seoane y María Elena Montero, Regina Silveira y Ariadna Silva Fernández. La diversidad de aproximaciones y lenguajes permite construir un recorrido en el que las experiencias individuales se convierten progresivamente en preguntas sobre la forma en que habitamos, representamos y compartimos el mundo.

  • Luis Seoane & María Elena Montero: 'A sega', c. 1979. Colección CGAC

El itinerario se articula en tres actos que pueden entenderse como un desplazamiento gradual entre el yo y el otro. El primero se adentra en aquello que pertenece al ámbito de la experiencia privada: los deseos, los anhelos, la vulnerabilidad del cuerpo y los procesos mediante los cuales cada individuo construye su propia identidad. La intimidad aparece aquí no como un espacio hermético, sino como un territorio desde el que establecer una relación con los demás. Lo que inicialmente parece estrictamente personal puede reconocerse como una experiencia susceptible de ser compartida, precisamente porque en ella se reflejan inquietudes, miedos y deseos que también forman parte de una dimensión colectiva.

El segundo acto introduce una zona de incertidumbre. El espacio se vuelve liminar y la exposición desplaza la atención hacia la construcción de la imagen y su capacidad para intervenir sobre nuestra percepción. La representación deja de ser entendida como un espejo neutral de la realidad y pasa a convertirse en uno de los mecanismos mediante los cuales esa realidad se configura. Las imágenes seleccionan, ordenan, ocultan y enfatizan; construyen relatos y condicionan la manera en que interpretamos aquello que nos rodea. La pregunta por lo que vemos conduce, inevitablemente, a otra pregunta: quién decide cómo debe ser visto.

Esta reflexión desemboca en el tercer acto, donde las obras se aproximan al entorno más inmediato de los artistas. El territorio aparece entonces como una construcción atravesada por afectos, conflictos, afinidades y rechazos. Los proyectos reunidos en esta parte del recorrido parten de contextos próximos para hacer visibles sus filias y sus fobias, y para identificar los imaginarios que intervienen en la configuración de un espacio que nunca es exclusivamente físico.

  • Antoni Muntadas: 'Proyectos' / 'Propuestas', 1971-1980.

De este modo, Illa ignorada propone un recorrido que va de la interioridad hacia el territorio sin establecer una frontera rígida entre ambos. El cuerpo, la identidad, la imagen y el espacio forman parte de una misma cadena de relaciones en la que lo privado termina adquiriendo una dimensión pública y lo individual puede revelar estructuras compartidas. La exposición plantea así que mirar hacia dentro no significa necesariamente apartarse del mundo: también puede ser una forma de comprenderlo.

La metáfora de Gloria Fuertes adquiere, en este contexto, una nueva resonancia. La isla no representa únicamente la soledad o el aislamiento, sino la posibilidad de construir desde un lugar propio una relación con aquello que está fuera. Cada individuo es, en cierto modo, un territorio singular, pero ninguno existe al margen de los demás. La identidad se construye en relación, del mismo modo que los territorios adquieren significado a través de las personas que los habitan, los recorren y los imaginan.

A través de obras que hasta ahora no habían encontrado espacio en sus salas, la Colección CGAC se presenta, por tanto, como un archivo abierto a nuevas lecturas. Illa ignorada no busca únicamente mostrar piezas, sino establecer entre ellas relaciones capaces de activar preguntas sobre nuestra manera de estar en el mundo. Entre la intimidad y lo colectivo, entre la imagen y aquello que pretende representar, entre el individuo y el territorio, la exposición convierte la colección en un espacio de tránsito.

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