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El agua irrumpe en los Uffizi sin dañar el ‘Baco’ de Caravaggio

Una tormenta descargó más de 45 milímetros de lluvia en una hora sobre Florencia y provocó filtraciones en la Sala del Seicento, obligando al museo a retirar preventivamente una de sus obras maestras.

El agua irrumpe en los Uffizi sin dañar el ‘Baco’ de Caravaggio
bonart florència - 18/09/26

Una violenta tormenta descargada sobre Florencia la tarde del jueves 17 de septiembre provocó la entrada de agua en la Galería de los Uffizi y obligó a activar de inmediato los protocolos de protección de las obras de arte. La filtración se produjo a través de una claraboya situada sobre la Sala del Seicento, espacio que reúne siete pinturas del siglo XVII, y el agua llegó hasta la vitrina que protege el Bacchus de Caravaggio, una de las piezas más emblemáticas de las colecciones del museo.

La intensidad de la precipitación explica la rapidez con la que se produjo el incidente. Según informaciones difundidas por varios medios italianos, Florencia recibió más de 45 milímetros de lluvia en apenas una hora, en un episodio de fuerte intensidad que puso a prueba las infraestructuras de distintos edificios de la ciudad. En los Uffizi, el agua consiguió penetrar por la claraboya y alcanzar el exterior de la protección acristalada del cuadro.

La reacción del personal del museo fue inmediata. Al detectar que la vitrina se había mojado, los responsables cerraron la sala al público y retiraron preventivamente el Bacchus. Aunque algunas salpicaduras alcanzaron el cristal exterior de la vitrina, el agua no llegó en ningún momento a entrar en contacto directo con la pintura. Las otras seis obras expuestas en la misma sala tampoco resultaron afectadas.

Las primeras comprobaciones realizadas por los técnicos de los Uffizi confirmaron que no se habían producido daños en ninguna de las pinturas. El museo señaló, después de las verificaciones correspondientes, que las obras se encontraban en buen estado y que la sala permanecería cerrada únicamente el tiempo necesario para completar las tareas de revisión, secado y acondicionamiento del espacio. La previsión era reabrirla a los visitantes durante la mañana siguiente.

La atención suscitada por el episodio se explica también por la importancia de la obra que se encontraba bajo la filtración. Pintado hacia 1596 y realizado por encargo del cardenal Francesco Maria del Monte, el Bacchus presenta al dios del vino como un joven de aspecto sensual, con una corona de hojas y frutos de vid y una copa ofrecida al espectador. La pintura constituye una de las obras fundamentales del período romano de Caravaggio y ocupa un lugar destacado dentro de las colecciones de los Uffizi.

El incidente llega, además, después de otro problema relacionado con las infraestructuras del museo. El pasado mes de junio, durante una intensa ola de calor, una avería en el sistema de climatización obligó a los Uffizi a suspender temporalmente la venta de entradas mientras se efectuaban las reparaciones. La sucesión de ambos episodios —un sistema de refrigeración sometido a temperaturas extremas y, ahora, una filtración provocada por una precipitación excepcional— vuelve a poner sobre la mesa la relación entre la conservación del patrimonio y la capacidad de los edificios históricos para responder a unas condiciones climáticas cada vez más exigentes.

La tormenta del jueves fue especialmente intensa y concentrada. En Italia, este tipo de episodios de lluvia torrencial recibe habitualmente la denominación de bomba d'acqua, expresión utilizada para describir precipitaciones muy abundantes en períodos de tiempo extremadamente breves. Más allá de la espectacularidad del fenómeno, su impacto sobre edificios históricos plantea un desafío concreto para instituciones como los Uffizi, donde cualquier problema relacionado con cubiertas, claraboyas, climatización o control de la humedad puede tener consecuencias directas sobre la conservación de las obras.

En esta ocasión, la rápida intervención del personal permitió evitar que el agua alcanzara el lienzo de Caravaggio y que las demás pinturas de la sala sufrieran daños. El episodio queda así como una alerta más que como una emergencia patrimonial, pero también como un recordatorio de la fragilidad de los grandes museos históricos ante fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.

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