La luz, la imagen y lo que se esconde detrás de una superficie son algunos de los elementos que articulan Plessi | Roig , la exposición que la galería Kewenig presenta en el Oratorio de Sant Feliu de Palma y que reúne por primera vez en una muestra conjunta la obra de Fabrizio Plessi y Bernardí Roig. La exposición abrirá sus puertas el día 16 de septiembre y será inaugurada oficialmente el día 19, en el marco de la Noche del Arte. Sin embargo, la reciente muerte de Plessi ha modificado inevitablemente la lectura del proyecto, concebido por ambos artistas hace aproximadamente un año y medio y convertido ahora en un reencuentro póstumo.
Roig prefiere, sin embargo, no definir la muestra como un homenaje . "No es un homenaje a Plessi", señala el artista mallorquín, que defiende la naturaleza autónoma de un proyecto pensado conjuntamente para un espacio tan singular como el antiguo Oratorio de Sant Feliu, reconvertido en galería por Kewenig. La inesperada muerte del artista italiano ha hecho que una exposición concebida en vida adquiera, inevitablemente, una nueva dimensión pero sin alterar la naturaleza de un diálogo que ya estaba plenamente trazado.
La relación entre Plessi y Roig se remonta a hace 35 años y se fundamenta, según explica el mallorquín, en «mucho cariño y admiración, pero sobre todo respeto». No se trata, por tanto, de un diálogo convencional entre dos artistas, sino de la confluencia de dos trayectorias independientes que comparten determinadas inquietudes y tensiones en torno a la imagen, la percepción y la relación entre lo que se muestra y lo que queda oculto. Ambos habían coincidido anteriormente en exposiciones colectivas, pero Plessi | Roig es la primera ocasión en la que comparten una exposición concebida específicamente como proyecto común.
El montaje establece esta relación a partir de las características arquitectónicas del Oratorio. Una de las piezas centrales es Energy , de Plessi, una videoinstalación formada por tres paneles LED que emiten un estruendo que irrumpe en el espacio del antiguo templo. La luz y el sonido de la obra entran así en tensión con la memoria y quietud del edificio, generando una experiencia que va más allá de la simple confrontación entre escultura e imagen.

¡Detrás del altar, en cambio, persiste un muro blanco de Mehr Licht! , una intervención de Bernardí Roig que ya había ocupado ese mismo espacio hace unos años. La superficie, aparentemente hermética, esconde una escultura: The Man with the Golden Arm , también de Roig, que representa a un hombre colgado boca abajo. Lo que se ve y lo oculto se convierten así en dos polos de una misma arquitectura expositiva, en la que las obras no sólo dialogan entre sí sino también con la historia y la fisicidad del Oratorio.
La continuidad con este espacio es especialmente significativa en la trayectoria de Roig. El artista presentó en 2014 Vox clamantis in deserto , antes de volver siete años más tarde con Mehr Licht! . Ahora, su obra se reencuentra con la de Plessi en un proyecto que reanuda aquella relación con el Oratorio y la desplaza hacia un territorio compartido.
La conexión entre ambos artistas también puede entenderse desde su forma de trabajar. «Plessi es un hombre que dibuja mientras habla y yo hablo mientras dibujo», explica Roig para describir una afinidad que no parte tanto de una estética común como de una determinada actitud frente a la creación. Plessi, pionero del videoarte y una figura estrechamente vinculada a Mallorca —donde tuvo estudio y residió—, desarrolló una obra marcada por la tecnología, la luz, el agua, el movimiento y la capacidad de la imagen electrónica para transformar el espacio. Roig, por su parte, ha construido una práctica en la que el dibujo, la escultura, la figura humana y los mecanismos de percepción ocupan un lugar central.
En Plessi | Roig , estas dos formas de entender el arte coinciden sin perder su independencia. La pantalla, la luz, el sonido, el muro y el cuerpo establecen una constelación de presencias y ausencias en las que nada acaba de mostrarse del todo.