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Exposiciones

Carlos Franco, del trazo en el espacio

Almas de Oggún explora en la Galería Miguel Marcos la dimensión escultórica de un artista que ha hecho de la línea, la mitología y el color un territorio de libertad.

Carlos Franco, del trazo en el espacio
bonart barcelona - 15/09/26

La línea, en la obra de Carlos Franco (Madrid, 1951), nunca ha sido simplemente una herramienta para acotar las formas. Es impulso, pero también una forma de pensar y de construir imágenes, un movimiento que atraviesa el papel, la pintura y ahora también el espacio. En Almas de Oggún , la nueva exposición que la Galería Miguel Marcos presenta en Barcelona hasta finales de octubre, este principio adquiere una dimensión especialmente reveladora: por primera vez en el marco de su relación con la galería, el artista presenta esculturas junto a una selección de pinturas. La muestra, en la que la materia parece seguir el mismo gesto libre que antes había recorrido el papel, abre así una nueva puerta a un universo creativo que siempre ha huido de las fronteras rígidas entre disciplinas.

Franco forma parte de esa generación de la Nueva Figuración madrileña que, durante los años setenta, cuestionó tanto la tradición académica como las convenciones de la representación. Pero su trayectoria pronto adquirió una particular autonomía. La figura, en su caso, nunca es una realidad estable ni una simple representación del mundo visible. Es una puerta hacia otras capas de la conciencia, hacia la memoria cultural, el deseo, la fantasía, la mitología o los mecanismos más oscuros del inconsciente. De ahí nace una pintura poblada por cuerpos, animales, dioses, escenas imposibles y arquitecturas mentales que se relacionan entre sí sin someterse necesariamente a una narración única.

El artista tiene la capacidad de superponer tiempo, culturas y referencias y es una de las constantes de su obra. Franco dialoga con la tradición occidental -de Goya y Rubens a Ingres, Manet, Picasso o Bacon-, pero también con el surrealismo, el pop, la pintura pompeyana y otros imaginarios que le permiten construir una iconografía propia. La mitología clásica aparece no tanto como una cita erudita sino como un repertorio todavía vivo de formas, arquetipos y conflictos. Lo mismo ocurre con sus aproximaciones a otras culturas y sistemas simbólicos: el interés por la transculturalidad responde a la voluntad de encontrar aquellas raíces comunes que pueden explicar comportamientos, pulsiones y necesidades humanas.

En este sentido, Almas de Oggún es una prolongación natural de esa investigación. Las esculturas parten directamente del dibujo y la voluntad de convertir el trazo en una estructura tridimensional. Realizadas principalmente con hierro forjado y chapa de hierro cortada, no buscan imponer la habitual contundencia de la escultura metálica. Por el contrario, el hierro se comporta casi como una línea suspendida, como si un dibujo hubiera abandonado el papel para empezar a ocupar el espacio. Para hacer posible este traslado, Franco ha trabajado con el herrero de Villaviciosa de Odón Manuel Guardia, responsable de materializar a nivel definitivo las formas concebidas por el artista.

Las espirales que aparecen en las bases acentúan esa sensación de movimiento. Son una continuación del gesto gráfico y sugieren que las figuras no han sido construidas desde el volumen, sino que han caído o desplegado hasta el suelo después de un recorrido imaginario por el aire. Entre estas presencias aparecen Las Tres Gracias , un motivo que pertenece a una genealogía central de la historia del arte occidental, junto a otras figuras mitológicas y simbólicas que han ido surgiendo durante el mismo proceso de creación.

El título de la exposición introduce, a su vez, otra capa de significación. Oggún es uno de los orjas guerreros de la mitología yoruba, asociado al hierro, al trabajo ya la transformación de la materia. El hierro, por tanto, deja de ser simplemente el material de las esculturas para convertirse en una parte esencial de su significado. La dureza del metal convive con la fragilidad del trazo mientras que el trabajo artesanal introduce una dimensión física y casi ritual en el proceso de construcción de las piezas. La materia se transforma a través del fuego, el gesto y la fuerza pero también a través de la imaginación.

Esta tensión entre materia e imaginación está presente en buena parte de la trayectoria de Franco. El dibujo ocupa un lugar especialmente importante en su práctica porque le permite registrar el movimiento interno de las ideas, obsesiones y fantasías antes de que éstas se conviertan en una imagen acabada. En anteriores exposiciones dedicadas específicamente a su obra sobre papel, la Galería Miguel Marcos ya había remarcado esta concepción del dibujo como un espacio de investigación e incluso como una obra final en sí misma. Ahora esa misma lógica se despliega físicamente en el espacio.

También la pintura presente en Almas de Oggún participa de ese proceso. Franco construye sus composiciones a partir de la yuxtaposición de imágenes, perspectivas que se contradicen, figuras que parecen emerger unas de otras y escenas que funcionan más como asociaciones mentales que como relatos cerrados. La perspectiva tradicional pierde así su autoridad y su espacio pictórico se convierte en un territorio transitable, casi laberíntico. En sus Metal Paintings , la misma galería había definido esta pintura como una obra de carácter «dedálico», marcada por la multiplicación de los planes y por el cuestionamiento de la perspectiva central.

Y si el dibujo es el esqueleto de su obra, el color es probablemente su pulsión más inmediata. Franco trabaja con una paleta luminosa, intensa y sensual, capaz de alejar la figuración de cualquier voluntad estrictamente naturalista. El color no se limita a describir los cuerpos u objetos: los altera, los hace vibrar y los sitúa en una realidad que es a la vez reconocible e imposible. Esta libertad cromática refuerza el carácter vitalista de un lenguaje que puede pasar de la delicadeza a lo grotesco, de lo erótico a lo mitológico y del humor a la inquietud en un mismo espacio pictórico.

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