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Exposiciones

El silencio toma forma

Jordi Gich, Viktor Kostenko y Claudia Mañas coinciden en Mosaic Art en una exposición que reivindica la lentitud, la materia y la contemplación.

El silencio toma forma
bonart girona - 15/09/26

Silencios , la exposición con la que Mosaic Art inaugura la nueva temporada, parte de la capacidad del arte para construir un territorio de pausa en medio de la velocidad contemporánea. En la galería gerundense, las esculturas y obras sobre papel de Jordi Gich dialogan con las fotografías de Viktor Kostenko y las pinturas de Claudia Mañas en una exposición comisariada por Carmen Simon que pone en relación tres lenguajes aparentemente diferentes a partir de una misma actitud: mirar con detenimiento, confiar en el proceso y dejar que la materia.

La muestra, que podrá visitarse hasta el 15 de octubre, reúne piezas en las que el vacío, la luz, el horizonte, la superficie y la quietud adquieren una presencia casi física. El silencio que propone no es, por tanto, sinónimo de ausencia. Es más bien un estado de atención, un espacio mental que permite que las formas aparezcan sin necesidad de imponerse.

En el caso de Jordi Gich, esa relación con la materia es literal. El artista trabaja a partir del tronco entero y penetra en su interior, retirando madera, vaciándola y abriéndola hasta que la forma parece emerger de la misma estructura del árbol. Sus esculturas no son tanto construcciones como procesos de sustracción. El vacío adquiere tanta importancia como la madera que permanece, porque es a través de estas aberturas que el aire, la luz y el espacio exterior entran en la obra y la transforman.

Este mismo gesto de retirar, erosionar y revelar aparece en los collages y grattages que completan su participación. Sobre el papel, Gich sustituye la profundidad de la escultura por superficies fragmentadas, rasguños, grietas y grandes concentraciones oscuras. La textura se convierte así en otra forma de memoria de la materia. Sus piezas parecen contener un tiempo lento, el tiempo necesario para que la mano insista sobre el material hasta encontrar una forma que ya estaba allí, pero que había que descubrir.

Las fotografías de Viktor Kostenko trasladan esta experiencia hacia el paisaje. El mar, una línea de horizonte, una arquitectura aislada o una presencia casi imperceptible, son reducidos a sus elementos más esenciales. Superficie, línea, repetición y quietud construyen unas imágenes en las que el espacio deja de ser simplemente un sitio para convertirse en una experiencia contemplativa. Kostenko no parece buscar tanto el paisaje como su estructura mínima, ese instante en el que la realidad puede resumirse en una línea, una textura o una variación de luz.

También los marcos forman parte de esa concepción. Construidos artesanalmente por el propio artista, no funcionan como un límite neutro entre la obra y el espacio exterior, sino como una prolongación física de la fotografía. Su presencia refuerza el carácter objetual de las piezas y establece, a su vez, un vínculo inesperado con las esculturas de Gich: en ambos casos, el artista trabaja con la materia desde la conciencia del oficio.

La pintura de Claudia Mañas introduce otra forma de entender el silencio. Sus paisajes, construidos a partir de gamas oscuras, pardas y contenidas, parten de lugares reconocibles pero los desplazan hacia un territorio más ambiguo. Rangos de tierra y cielo, horizontes inciertos y figuras diminutas reducen la presencia humana hasta convertirla casi en una nota dentro de un espacio inmenso. La representación se va acercando así a la abstracción y el paisaje deja de ser una descripción para convertirse en una atmósfera, sensación o estado interior.

Es en este punto donde Silencis encuentra su coherencia. No se trata simplemente de reunir a tres artistas que trabajan con medios diferentes, sino de descubrir las correspondencias que aparecen cuando estos lenguajes comparten una misma manera de mirar. La retícula irregular y las aberturas verticales de las esculturas de Gich pueden dialogar con las arquitecturas aisladas o los muros fotografiados por Kostenko. Las masas negras de sus papeles encuentran una continuidad en las superficies oscuras del mar y en los campos casi nocturnos de Mañas. Y la verticalidad abierta de la escultura contrasta con los horizontes compactos de la fotografía y la pintura.

Esta red de correspondencias hace que las obras dejen de funcionar como presencias independientes y empiecen a construir un único espacio perceptivo. Gich abre la materia; Kostenko suspende el horizonte; Mañas reduce el paisaje hasta su latido más esencial. Tres formas de acercarse al vacío que acaban hablando de una misma necesidad: detenerse.

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