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Exposiciones

Isabel Oliver, contra los paisajes de la barbarie

Cuerpos que huyen. Paisajes de barbarie recurre a Valencia cinco décadas de trayectoria de una artista que ha cuestionado la mirada masculina, la violencia, las desigualdades y las formas de representación de la sociedad contemporánea.

Isabel Oliver, contra los paisajes de la barbarie
bonart valencia - 09/09/26
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La pintura de Isabel Oliver (Valencia, 1946) nunca ha sido un territorio neutral. A lo largo de cinco décadas, el artista ha utilizado el color, la figura, la cultura popular y la historia del arte para cuestionar las estructuras sociales y las formas de poder que determinan lo que vemos y, sobre todo, lo que queda fuera de nuestro campo de visión. Ahora, su ciudad natal acoge una de las aproximaciones más amplias a esta trayectoria con Cuerpos que huyen. Paisajes de barbarie , una exposición que se puede visitar hasta el 27 de septiembre de 2026 en el Palacio Joan de Valeriola, sede de la Fundación Chirivella Soriano, bajo el comisariado de Isabel Tejeda Martín.

La muestra reúne obras de distintos momentos de su producción y permite establecer conexiones entre unas series que, a pesar de haber sido creadas en contextos distintos, comparten una misma voluntad crítica. La mujer , Paisajes Pop , De profesión el trabajo de casa , Paseos por el museo , La mercantilización del arte y Secuencias del Mediterráneo construyen un recorrido por una obra en la que la pintura se convierte en una herramienta para revisar los relatos sociales, culturales y políticos de nuestro tiempo.

El recorrido pone de manifiesto el compromiso social de una artista que ha hecho de la pintura un espacio de denuncia y cuestionamiento. Las desigualdades, los roles impuestos a las mujeres, la violencia, el consumo cultural, la mercantilización del arte o los conflictos migratorios aparecen como diferentes caras de una misma preocupación: quien decide las imágenes que forman parte de nuestro imaginario y desde qué mirada las interpretamos.

Entre las piezas más contundentes se encuentran las vinculadas a Secuencias del Mediterráneo , una serie en la que Oliver abandona cualquier idealización del paisaje mediterráneo para convertir el mar en testimonio de las tragedias que tienen lugar en sus aguas. Un gran mural presenta una ola de color rojo sangre como símbolo de las personas que intentan llegar a Europa en pateras y que terminan perdiendo la vida durante la travesía. El Mediterráneo deja así de ser un paisaje idílico para convertirse en frontera, escenario de muerte y testimonio de una crisis humanitaria que sigue determinando el presente. La misma serie incorpora también referencias a Gaza y al drama de la inmigración.

La mirada crítica sobre la historia de las imágenes aparece con especial fuerza en Paseos por el museo . Oliver parte aquí de grandes obras de la tradición pictórica occidental, especialmente de las representaciones alegóricas de Ticià y Rubens, para cuestionar unas narrativas construidas desde una mirada esencialmente masculina. Danae, Calisto o Europa, figuras que durante siglos han estado representadas como objetos de deseo, dejan de quedar atrapadas dentro de las composiciones originales. Oliver las saca de los cuadros y las devuelve a un nuevo espacio, lejos del papel que la tradición les había asignado.

Este gesto contiene toda una declaración de intenciones. El artista reclama otra lectura de la mitología y, a su vez, otra historia del arte, una historia que incorpore la perspectiva de género y revise los mecanismos a través de los cuales se han construido las representaciones de las mujeres. Su pintura no se limita, por tanto, a reinterpretar imágenes del pasado, sino que las utiliza para poner en crisis la mirada del presente.

Esta actitud atraviesa también De profesión el trabajo de casa , una serie centrada en la condición femenina y en los roles sociales impuestos a las mujeres. En estas obras, Oliver pone el foco en una realidad cotidiana que durante mucho tiempo quedó relegada a lo privado y que ella convierte en materia artística y política. La mujer deja de ser una figura secundaria dentro del relato para convertirse en protagonista y sujeto de su propia historia.

Con La mercantilización del arte , la crítica se dirige hacia los mecanismos que transforman la creación artística en objeto de consumo y en mercancía. Junto a esta serie, Paisatges Pop incorpora los lenguajes de la cultura popular y las imágenes procedentes de los medios de comunicación, territorio que el artista ha explorado para evidenciar las contradicciones de una sociedad cada vez más condicionada por la cultura visual.

Esta capacidad para combinar crítica y experimentación formal es también una de las constantes de su trayectoria. El dominio del color, el dibujo y la composición convive con una voluntad de cuestionar los códigos establecidos y convertir la pintura en un espacio de reflexión. Oliver trabaja con las herramientas tradicionales de la pintura, pero las pone al servicio de discursos que a menudo desbordan el mismo cuadro.

La dimensión social de su obra no puede separarse de su propia trayectoria. Oliver nació en Valencia, ciudad en la que empezó a pintar y donde todavía vive y mantiene su estudio. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y posteriormente desarrolló una larga carrera docente como profesora y catedrática del Departamento de Pintura de la Universidad Politécnica de Valencia. Durante años compaginó la enseñanza con la pintura, en una época en la que para muchas mujeres convertir la práctica artística en una profesión significaba desafiar a una estructura social que las situaba bajo la dependencia del padre o del marido.

También el mundo del arte presentaba importantes obstáculos para la autoría femenina. El acceso de las mujeres a las instituciones, al mercado ya los circuitos de reconocimiento era mucho más limitado que el de sus compañeros varones. En este contexto, la trayectoria de Oliver se convierte en un ejemplo de perseverancia y afirmación de una voz propia.

Pero el reconocimiento internacional llegaría cuando el artista ya se acercaba a los setenta años. La Tate Modern de Londres se puso en contacto con ella para participar en The World Goes-Pop , exposición celebrada entre septiembre de 2015 y enero de 2016. Aquella participación contribuyó a despertar el interés de las instituciones españolas por su producción y, posteriormente, el Museo Reina Sofía y el IVAM incorporaron su obra a sus colecciones.

Desde entonces, el reconocimiento a su trayectoria no ha dejado de crecer. La Colección de Arte del Banco de España ha incorporado la obra número 34 de la serie La mercantilización del arte , mientras que en 2024 Oliver recibió el Premio Alfonso Rojo de Artes Visuales de la Diputación de Valencia, un reconocimiento a una trayectoria marcada por la independencia, crítica y capacidad de mantener una voz propia a lo largo del tiempo.

Cuerpos que huyen. Paisajes de barbarie funciona así como una retrospectiva prácticamente completa, pero también como una oportunidad para volver a mirar una obra que sigue plenamente conectada con los conflictos del presente. Las diferentes series permiten seguir la evolución de una artista que ha pasado de cuestionar los roles femeninos y los mecanismos de representación en abordar cuestiones como la migración, la guerra, el consumo de imágenes o la mercantilización de la cultura.

El título de la exposición resume buena parte de esa mirada. Hay cuerpos que huyen, mujeres que abandonan los marcos que las encarcelan, personas que atraviesan fronteras y víctimas que desaparecen en paisajes convertidos en escenarios de violencia. Pero también hay figuras que escapan a las representaciones que las habían inmovilizado durante siglos.

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