La Nave 0 de Matadero Madrid, antigua cámara frigorífica del matadero municipal, conserva todavía las cicatrices de un incendio y una arquitectura marcada por la memoria de su función original. Es precisamente sobre esas heridas donde Carlos Aires construye Bailad, bailad, malditos, una instalación site specific que convierte la ruina en escenario y el baile en una forma ambigua de resistencia.
Del 11 de septiembre de 2026 al 24 de enero de 2027, Aires ocupa este espacio dentro del programa Abierto x Obras, con una intervención comisariada por José Luis Romo. La propuesta no pretende simplemente llenar la Nave 0 de objetos: modifica nuestra percepción de ella. Más de un centenar de puntales estructurales y alrededor de veinte pantallas construyen un paisaje a medio camino entre una pista de baile, un bosque metálico y una arquitectura amenazada por su propio peso.
El visitante entra así en un espacio que parece sostenerse gracias a una estructura provisional. Los puntales remiten a una arquitectura que necesita ser mantenida en pie, pero también a un cuerpo sometido a tensión. En ese contexto, la fiesta adquiere una dimensión inquietante. Hay música, movimiento y personajes que aparecen en las pantallas, pero también oscuridad, silencio y una sensación persistente de peligro.
Aires trabaja precisamente en ese territorio de contradicciones. Su producción artística se mueve entre la celebración y la catástrofe, entre el placer y el sufrimiento, utilizando con frecuencia imágenes procedentes de la cultura popular, referencias musicales, fotografías, objetos cotidianos y símbolos reconocibles para introducir una lectura crítica de la sociedad contemporánea. Su obra aborda cuestiones como el poder, la economía, la violencia, el deseo y la memoria, pero lo hace mediante una estética que puede resultar seductora antes de revelar su dimensión política.
El baile como resistencia
El propio título de la exposición remite a They Shoot Horses, Don't They? (1969), la película de Sydney Pollack ambientada en la Gran Depresión estadounidense. En ella, varias parejas participan en un agotador concurso de baile en el que continuar moviéndose significa seguir resistiendo. El baile deja entonces de ser únicamente una celebración: se convierte en obligación, supervivencia y agotamiento.
Aires recupera esa imagen para trasladarla a un presente igualmente marcado por la precariedad, la incertidumbre y la necesidad de continuar. En Bailad, bailad, malditos, bailar podría ser una forma de evasión, pero también una respuesta ante un mundo que amenaza con venirse abajo. La fiesta no elimina el desastre; convive con él.
Esta tensión constituye uno de los mayores aciertos de la instalación. La Nave 0 no funciona como un simple contenedor, sino como parte activa de la obra. Las huellas del incendio y la memoria de la violencia asociada al antiguo matadero se incorporan al discurso de Aires. El artista no oculta esas marcas, sino que las amplifica mediante una escenografía que parece prolongar la condición herida del edificio.
El resultado es una experiencia deliberadamente sensorial. Las pantallas introducen presencias y escenas que alteran la percepción del visitante, mientras el paisaje sonoro convierte el recorrido en una experiencia casi cinematográfica. Lo familiar se vuelve extraño y la pista de baile deja de ser un lugar de encuentro para adquirir una dimensión casi espectral.
Una estética de la contradicción
Nacido en Ronda en 1974, Carlos Aires se formó en Bellas Artes en Granada y amplió posteriormente sus estudios en Tilburg, Amberes y Ohio. A lo largo de su trayectoria ha construido un lenguaje multidisciplinar que combina fotografía, escultura e instalación y que suele partir de materiales e imágenes vinculados a la cultura popular. Su trabajo ha podido verse en instituciones como el MACBA de Barcelona, el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, el Museo de Arte Carrillo Gil de Ciudad de México o el Museum für Angewandte Kunst de Viena, entre otros.
Una de las características más reconocibles de su práctica es precisamente la capacidad de hacer convivir elementos aparentemente incompatibles. Lo festivo puede esconder violencia; la belleza puede conducir al conflicto; el humor puede convertirse en crítica. Aires utiliza esa fricción para cuestionar las imágenes y valores que damos por establecidos.
En Bailad, bailad, malditos, esa estrategia encuentra una traducción especialmente física. No estamos ante una obra que se contempla a distancia. El espectador debe atravesarla, rodear los puntales, escuchar su sonido y enfrentarse a unas imágenes que aparecen en medio de la penumbra. La instalación convierte el cuerpo del visitante en parte de la obra.
Y ahí reside también su dimensión política. El cuerpo que baila es un cuerpo que insiste en permanecer, incluso cuando todo a su alrededor parece necesitar ser apuntalado. La celebración deja de ser inocente y se convierte en una respuesta frente al derrumbe.
Una pista de baile después del incendio
La primera exposición individual de Carlos Aires en una institución pública de Madrid llega, por tanto, con una obra especialmente vinculada al lugar que la acoge. No se trata de colocar una instalación dentro de la Nave 0, sino de construirla a partir de aquello que el edificio ya contiene: sus cicatrices, su memoria y su condición de espacio industrial reconvertido en centro de creación contemporánea.
El visitante entra en una pista de baile, pero pronto descubre que el suelo que pisa está construido sobre una historia de violencia. La música invita al movimiento mientras los puntales recuerdan que nada permanece completamente seguro.
Aires propone, en definitiva, una celebración al borde del abismo. Una fiesta que sabe que puede terminar. Y quizá por eso mismo insiste en bailar.
Bailad, bailad, malditos podrá visitarse en la Nave 0 de Matadero Madrid hasta el 24 de enero de 2027, con acceso gratuito.