La Galería Sergi Sánchez de Barcelona inaugura el 10 de septiembre la nueva temporada expositiva con Atrófica 2.0 , del salvadoreño Óscar López, conocido artísticamente como GoGal. La muestra, que podrá visitarse hasta el 30 de octubre, constituye la primera exposición del artista en España y retoma, a la vez que reformula, el proyecto que anteriormente había presentado en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) , en San Salvador.
Atrófica 2.0 parte de una mirada sobre los muros del centro histórico de San Salvador entendidos como un 'archivo vivo'. GoGal descubre una escritura urbana hecha de capas de pintura, grafitos, rótulos, manchas, pegatinas y marcas que el tiempo y las intervenciones urbanísticas han ido acumulando. Son vestigios que hablan de una ciudad en transformación y de lo que queda fuera de los mecanismos oficiales de conservación.

La propuesta no pretende ofrecer una visión exótica o distante de San Salvador. Por el contrario, los muros se convierten en un espejo incómodo que permite pensar cualquier ciudad sometida a procesos de renovación urbana en los que el progreso puede acabar asociándose con el borrado. Debajo de cada nueva capa de pintura, cada superficie limpiada o cada edificio desaparecido, persisten fragmentos de una memoria colectiva que no desaparece del todo, sino que se acumula.
López forma parte de una generación que él mismo define como la de los 'hijos de la guerra', marcada por haber aprendido a interpretar el mundo simultáneamente desde el conflicto y desde la caricatura. Esta doble mirada atraviesa una obra en la que la cultura popular, la violencia, la memoria y los símbolos de la sociedad de consumo conviven sin jerarquías.
El proyecto que ahora llega a Barcelona mantiene el mismo núcleo conceptual de la propuesta presentada en el MARTE, pero adopta una nueva forma. En San Salvador, Atrófica ocupaba un amplio espacio inmersivo con escombros reales recogida del centro histórico, residuos procedentes de obras de construcción y puertas recuperadas de la casa de la madre del artista antes de ser derribada. En Barcelona, GoGal ha decidido no reproducir esa instalación y adaptar el proyecto a una escala más contenida.

"El concepto es el mismo, pero cambia el sentido del espacio: no está aquí el residuo natural encontrado en el sitio y las obras no son las mismas", explica el artista. El resultado son doce piezas sobre lienzo y diez sobre papel, todas inéditas y concebidas específicamente para esta nueva presentación.
La técnica es también parte esencial del discurso. GoGal trabaja a partir de un proceso de acumulación, intervención y desgaste que remite directamente al tratamiento que reciben los muros de su ciudad. La superficie se cubre con diferentes capas, que después son pulidas, erosionadas y nuevamente intervenidas. El clima y el calor centroamericanos forman parte del mismo proceso de trabajo, en una práctica que el artista entiende antes como un forcejeo físico con la materia que como una simple búsqueda estética.
"Apligo a mi obra el mismo tratamiento que reciben los muros de mi ciudad. Capa sobre capa voy generando nuevos discursos visuales en torno a letras y símbolos", señala el artista. Los arañazos, las manchas, el atascado, los tags y las pegatinas forman así una especie de escritura pública efímera, sometida al desgaste, a la desaparición ya interpretaciones cambiantes.

Esta arqueología urbana convive con un imaginario pop que el artista define como 'sincretismo de alcantarilla'. Figuras como Mickey Mouse, Barbie, Mario Bros, Pato Donald o Hello Kitty aparecen desplazadas de su contexto original y sometidas a nuevas intervenciones. Los símbolos de la cultura de masas dejan de funcionar como iconos inocentes y pasan a formar parte de un paisaje visual en el que también conviven la memoria, el conflicto y las tensiones sociales.
Roberta Bosco señala que Atrófica 2.0 convierte a los muros del centro histórico de San Salvador en un reflejo vivo de la memoria urbana. Las capas de pintura, los grafitos, los rótulos, las manchas y las huellas cuentan la historia de una ciudad transformada por procesos de renovación que han desplazado a parte de su población y han borrado fragmentos de su identidad popular.
En este sentido, López reivindica estos vestigios como forma de patrimonio marginal y cuestiona qué memorias desaparecen cuando el progreso impone orden, limpieza y uniformidad. Su pintura invita a entender la ciudad como un espacio estratificado en el que historia, conflicto, cultura popular y resistencia conviven bajo una misma superficie.