En la obra de Ana Maria Maiolino, repetir nunca significa hacer exactamente lo mismo. Cada gesto contiene una variación, una acumulación y, finalmente, una transformación. Terra Poética, exposición que puede visitarse en el MAAT de Lisboa hasta el 31 de agosto de 2026, reúne un cuerpo de trabajo producido entre 1975 y 2025 para poner el foco en una de las dimensiones fundamentales de la trayectoria de la artista brasileña: la escultura y, especialmente, la relación física con la arcilla.
Nacida en Italia en 1942 y emigrada a Brasil a comienzos de los años sesenta, Maiolino construyó una práctica atravesada por la experiencia migratoria, los contextos políticos de la América Latina del siglo XX y una investigación persistente sobre el cuerpo, el lenguaje y la materia. Su recorrido ha transitado por el dibujo, el grabado, la fotografía, la performance y la escultura, pero existe un hilo común que conecta lenguajes y épocas: la importancia del gesto como forma de pensamiento.
La exposición comienza con una imagen aparentemente sencilla pero cargada de resonancias. En Por um fio (1976), una fotografía en blanco y negro muestra a tres mujeres de distintas generaciones unidas por un hilo que sale de sus bocas. Maiolino ocupa el centro, entre su madre y su hija. El hilo establece una conexión física entre las tres figuras, pero también construye una imagen de continuidad genealógica, de transmisión y memoria. Al mismo tiempo, anticipa una de las formas que adquirirá una presencia constante en las esculturas posteriores: el cilindro.

Desde esta fotografía se inicia un recorrido que desciende por la rampa de la Galería Oval hasta la planta inferior. En las paredes aparecen obras de la serie Tempestade de Ideias, desarrollada entre 1990 y 2025, donde el dibujo funciona como un territorio mental. Las líneas, los trazos y las formas aparentemente espontáneas no son únicamente apuntes previos a la escultura: constituyen un registro del pensamiento y de sus posibilidades. El dibujo aparece así como un espacio de ensayo, una cartografía de aquello que todavía no tiene forma definitiva.
El descenso arquitectónico acompaña también un cambio en el lenguaje. Del papel se pasa progresivamente a la arcilla y la exposición abandona la linealidad para abrirse a un espacio en el que las esculturas pueden rodearse y contemplarse desde diferentes puntos de vista. El espectador deja de avanzar simplemente frente a las obras y comienza a moverse alrededor de ellas. La transformación espacial resulta significativa porque también modifica nuestra relación con la materia: ya no estamos ante una imagen que representa, sino ante un cuerpo que ocupa físicamente el espacio.
En las primeras esculturas aparecen pequeñas formas atravesadas por cavidades y vacíos internos. Son piezas compactas en las que la materia parece haber sido excavada desde dentro. Sus texturas y densidades evocan objetos arqueológicos, restos procedentes de un tiempo remoto que hubieran sobrevivido hasta el presente. La comparación con la arqueología no resulta gratuita: Maiolino trabaja con una materia que parece conservar la memoria de los gestos que la han transformado.
Esta dimensión alcanza una escala monumental en el conjunto de grandes esculturas que domina la galería. La arcilla ha sido modelada progresivamente en el propio espacio expositivo mediante un proceso colectivo en el que participan la artista, miembros de su equipo y ceramistas locales. El resultado no responde, por tanto, a la idea tradicional de una escultura concebida, ejecutada y finalmente presentada como objeto acabado. Aquí el proceso forma parte de la obra.

La arcilla cambia mientras permanece expuesta. Las diferentes piezas muestran tonalidades que van desde los marrones propios de la humedad hasta colores más claros a medida que el material pierde agua. También cambian las texturas y aparecen pequeñas fisuras. Algunas formas adquieren incluso una apariencia pétrea, como si la materia estuviera atravesando un proceso inverso al de la fabricación de un objeto: en lugar de convertirse en algo estable, parece regresar lentamente a un estado geológico.
Esta transformación introduce una cuestión fundamental: ¿cuándo termina una escultura? En Terra Poética, la respuesta permanece abierta. Las piezas no son cuerpos cerrados sino estados provisionales de una materia sometida al tiempo. La obra deja de ser únicamente aquello que vemos y pasa a incluir aquello que todavía está sucediendo. La deshidratación, las grietas, los cambios cromáticos y la pérdida de consistencia forman parte de su existencia.
El gesto más elemental de la exposición es también uno de los más significativos: enrollar. La arcilla adopta repetidamente formas cilíndricas que se acumulan unas sobre otras hasta construir estructuras de gran escala. El procedimiento remite a una acción cotidiana, vinculada a la preparación de alimentos y, especialmente, al amasado. Un movimiento asociado históricamente al trabajo doméstico y femenino abandona aquí la esfera privada para adquirir una dimensión monumental.
La operación crítica de Maiolino reside precisamente en ese desplazamiento. No se trata simplemente de representar el trabajo doméstico, sino de trasladar su lógica al territorio de la escultura. Enrollar, amasar, acumular y moldear dejan de ser acciones subordinadas a una función práctica para convertirse en procedimientos artísticos. El gesto cotidiano adquiere así una nueva visibilidad y una nueva escala.
Las huellas de los dedos que permanecen sobre algunas piezas refuerzan esta lectura. La mano no desaparece detrás de la obra, sino que queda inscrita en ella. Cada marca constituye una evidencia de contacto entre el cuerpo y la materia. La anatomía de la mano se convierte, literalmente, en parte de la superficie escultórica.
En este sentido, Terra Poética puede leerse también como una reflexión sobre el conocimiento corporal. Frente a una tradición artística que ha privilegiado en numerosas ocasiones la idea, el proyecto o la autoría individual, Maiolino sitúa en primer plano una inteligencia diferente: la que se adquiere mediante la repetición, la práctica y el contacto físico con los materiales.

"Vas al infinito haciendo lo mismo", afirma la artista. La frase funciona como una especie de clave de lectura de toda la exposición. La repetición no conduce necesariamente a la monotonía; puede abrir un espacio infinito de variaciones. Cada cilindro es similar al anterior, pero nunca idéntico. Cada gesto prolonga el precedente y prepara el siguiente. La acumulación genera una forma que no podría existir a partir de un único movimiento.
También existe aquí una dimensión temporal que desborda la propia exposición. Las grandes esculturas de arcilla están destinadas a desaparecer una vez finalice su recorrido en el MAAT y regresarán al estudio de cerámica que proporcionó el material. Lejos de entender esta desaparición como una pérdida, Maiolino incorpora el retorno a la propia lógica de la obra. La escultura no aspira necesariamente a permanecer.
Esta decisión cuestiona una de las premisas históricas del museo: la conservación. Frente al objeto artístico destinado a permanecer intacto, Terra Poética propone una materia que se transforma, se seca, se agrieta y finalmente desaparece. El museo deja de ser únicamente un espacio de preservación para convertirse en el escenario temporal de un proceso.
Hay, por tanto, algo profundamente circular en la propuesta. El hilo de Por um fio conecta tres generaciones; los dibujos anticipan las formas escultóricas; las manos transforman la arcilla; los cilindros se acumulan hasta construir cuerpos monumentales; la materia se seca y finalmente regresa a su lugar de origen. Todo parece formar parte de un mismo ciclo de transmisión y transformación.
Maiolino convierte así una serie de gestos aparentemente mínimos en una reflexión de gran amplitud sobre el cuerpo, la memoria, el trabajo y el tiempo. Su operación más poderosa no consiste en monumentalizar lo cotidiano desde una distancia solemne, sino en demostrar que aquello que durante generaciones permaneció relegado al ámbito doméstico ya contenía una extraordinaria potencia formal y conceptual.