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Opinión

El Tesoro de Villena, una alarma para los museos españoles

El robo de una de las grandes colecciones de la Edad del Bronce europea vuelve a poner sobre la mesa la seguridad de los museos españoles y abre un debate que no debería confundirse con el centralismo patrimonial.

El Tesoro de Villena, una alarma para los museos españoles
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Hay robos que son también una radiografía. El asalto al Museo de Villena (MUVI) y el robo de buena parte del Tesoro de Villena, cometido en apenas cuatro minutos por tres encapuchados, no solo ha puesto en peligro uno de los conjuntos de orfebrería prehistórica más extraordinarios de Europa. También ha dejado al descubierto las carencias de seguridad con las que todavía conviven algunos museos españoles.

El Tesoro de Villena, fechado hacia el año 1000 antes de Cristo, está formado fundamentalmente por piezas de oro de extraordinario valor histórico, arqueológico y artístico. Que un conjunto de estas características pueda ser atacado con tanta rapidez obliga a formular preguntas incómodas. ¿Cómo estaba protegido? ¿Qué medios tenía el museo? ¿Existía vigilancia permanente? ¿Qué protocolos se activaron? ¿Qué recursos habían destinado las administraciones responsables a garantizar su conservación y seguridad?

Pero hay otra pregunta que ha aparecido inmediatamente después del robo: ¿debía estar el Tesoro de Villena en Villena? ¿Debería encontrarse en el MARQ de Alicante? ¿Debería trasladarse a Madrid?

La respuesta no debería utilizar el robo para justificar una nueva batalla entre territorio y centralismo. Que hayan robado el Tesoro de Villena no demuestra que el patrimonio más importante deba estar en Madrid. Demuestra que hay que proteger mejor el patrimonio allí donde se conserva y se exhibe. Convertir un robo en un argumento a favor de la centralización es confundir seguridad con centralismo.

  • Vista aérea de Villena, con el castillo de la Atalaya al fondo. El municipio alicantino cuenta con más de 35.000 habitantes.

El precedente de Albacete y Badajoz

Además, lo ocurrido en Villena no es un episodio aislado. Forma parte de una preocupante sucesión de robos cometidos en museos españoles durante los últimos meses.

El pasado 27 de julio, cuatro encapuchados entraron en el Museo de Albacete y se llevaron en aproximadamente un minuto y medio dos colecciones numismáticas de enorme valor. Una de ellas estaba formada por 42 monedas de oro procedentes de las épocas de Carlos III, Carlos IV, Fernando VII e Isabel la Católica. La otra reunía 180 monedas de oro del siglo XIX.

Cuatro meses antes, el 25 de abril, el Museo Arqueológico de Badajoz sufrió otro robo. Los delincuentes se llevaron 149 monedas de oro de época de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, un conjunto de casi cuatro kilos que había sido descubierto en 1987 en Villanueva de la Serena.

En Badajoz, los ladrones violentaron una vitrina con una maza u otro objeto contundente, forzaron una reja situada en la parte trasera del edificio y huyeron en dos motocicletas. En Albacete rompieron una ventana. En Villena, tres individuos encapuchados necesitaron apenas unos minutos.

Tres museos. Tres ataques. Tres episodios que tienen algo en común: los delincuentes saben que determinados museos custodian piezas de un enorme valor y, aparentemente, encuentran vulnerabilidades suficientes para intentar acceder a ellas.

Y esto sucede mientras Europol ha alertado del incremento de los robos violentos de oro y joyas en instituciones culturales.

El problema, por tanto, no es exclusivamente Villena.

¿Dónde está el Ministerio de Cultura?

Hay una pregunta que también debería hacerse públicamente: ¿qué opinión tiene el Ministerio de Cultura sobre lo ocurrido en Villena?

No solo porque el Tesoro de Villena forma parte del patrimonio arqueológico español, sino porque los recientes robos dibujan un problema que supera ampliamente las competencias de un museo concreto o de una administración local.

La seguridad de las colecciones no puede depender únicamente de la capacidad económica de cada municipio, diputación o comunidad autónoma. Si España considera estos objetos parte de un patrimonio cultural común, debe asumir también una responsabilidad común para protegerlos.

Y aquí resulta especialmente pertinente recordar el Código de Deontología del ICOM, el Consejo Internacional de Museos. El documento insiste en que garantizar la seguridad de los objetos es un reto fundamental y una responsabilidad colectiva. El artículo 1.7 establece que el órgano rector debe garantizar una seguridad adecuada para proteger las colecciones frente a robos o daños tanto en las salas de exposición como en las áreas de trabajo y almacenamiento y durante el transporte.

No estamos, por tanto, ante una cuestión secundaria.

Un museo no es simplemente un edificio donde se colocan objetos antiguos detrás de un cristal. Es una institución responsable de conservar bienes que pertenecen a la sociedad y que deben llegar a las generaciones futuras.

El patrimonio no es más seguro por estar en Madrid

El argumento de que las piezas de mayor valor deberían concentrarse en Madrid parte de una premisa aparentemente sencilla: cuanto más importante es una pieza, más cerca debería estar del Estado y de sus grandes instituciones.

Pero esa lógica conduce a una consecuencia problemática: vaciar progresivamente los territorios de su propio patrimonio para concentrarlo en unos pocos grandes centros.

El Tesoro de Villena no es solamente una colección arqueológica excepcional. Es también parte de la historia del territorio en el que fue hallado, investigado, interpretado y conservado. Su presencia en Villena permite explicar una cultura, un paisaje arqueológico y una historia que difícilmente puede entenderse igual a cientos de kilómetros de distancia.

¿Significa esto que nunca debe trasladarse una pieza? Evidentemente no.

Existen razones de conservación, restauración, investigación, exposiciones temporales o seguridad que pueden justificar movimientos puntuales. Pero una cosa es establecer protocolos de protección y otra muy distinta utilizar un delito para defender que el patrimonio debe abandonar sistemáticamente sus lugares de referencia.

La solución no es sacar las piezas de los territorios. La solución es dotar a los territorios de los medios necesarios para protegerlas.

¿Qué se puede hacer?

El robo de Villena debería servir para abrir una revisión urgente de los protocolos de seguridad de los museos arqueológicos españoles. No basta con lamentar el suceso ni con esperar a que la investigación policial determine quiénes fueron los responsables.

Las soluciones pasan por reforzar la seguridad permanente en los museos que custodian piezas excepcionales, realizar auditorías independientes para detectar vulnerabilidades, instalar vitrinas de alta seguridad con sensores y alarmas, y mejorar la coordinación con las fuerzas de seguridad. También es necesario disponer de inventarios digitales y sistemas de identificación que faciliten la recuperación de las piezas robadas, establecer un protocolo nacional que implique al Ministerio de Cultura, comunidades autónomas, ayuntamientos y cuerpos policiales, formar al personal de los museos y reforzar la seguridad durante préstamos y traslados. Todo ello requiere más recursos públicos, porque la descentralización cultural no puede implicar descentralizar las responsabilidades sin garantizar también los medios necesarios para proteger el patrimonio.

Y después llegó el Louvre

El debate español tampoco puede analizarse completamente al margen de lo sucedido en otros grandes museos europeos. El robo del Louvre del pasado 19 de octubre ya había demostrado que incluso las instituciones culturales más famosas y aparentemente mejor protegidas del mundo pueden convertirse en objetivo de organizaciones capaces de estudiar durante meses sus vulnerabilidades.

La lección debería ser evidente: ningún museo puede dar por garantizada su seguridad. Los museos han cambiado. También lo ha hecho el mercado ilegal de obras de arte y antigüedades. Las piezas pequeñas, fácilmente transportables y con materiales de alto valor económico pueden convertirse en objetivos especialmente atractivos.

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