Baner_Atrium_Artis_1280x150px_01

Exposiciones

June Crespo lleva el peso de la materia al límite en Más Graves

Una instalación concebida para Kunsthalle Lissabon convierte la arquitectura, el cuerpo, el sonido y los materiales industriales en un único organismo en tensión.

June Crespo lleva el peso de la materia al límite en Más Graves
bonart lisboa - 26/08/26

Hasta el 5 de septiembre, Kunsthalle Lissabon presenta MÁS GRAVES, una exposición individual de June Crespo (Pamplona, 1982) concebida específicamente para el espacio lisboeta. La artista, una de las voces más destacadas de la escultura contemporánea española, plantea una intervención en la que materia, arquitectura y cuerpo dejan de funcionar como elementos independientes para formar un sistema común, sometido a fuerzas de tensión, peso, equilibrio y vibración.

La práctica de Crespo parte habitualmente de la relación entre el cuerpo y el espacio arquitectónico. Sus esculturas exploran los límites de la escala, la densidad y la presencia física de los materiales, generando situaciones en las que aquello que parece estático adquiere una dimensión casi corporal. Su trayectoria internacional incluye exposiciones individuales en instituciones como la Fondazione Sandretto Re Rebaudengo de Turín, la Secession de Viena, el Guggenheim Museum Bilbao, Le Crédac de París o el Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M) de Madrid.

En MÁS GRAVES, el propio título funciona como una puerta de entrada conceptual a la exposición. La expresión establece un juego entre la gravedad —el peso, la densidad y la fuerza que mantiene los cuerpos sujetos al espacio— y los sonidos graves, aquellas frecuencias bajas y profundas capaces de atravesar y transformar un ambiente. Crespo une así dos dimensiones aparentemente alejadas: la materia pesada y la vibración invisible. Lo denso también resuena; aquello que ocupa un espacio puede, al mismo tiempo, emitir una frecuencia y alterar nuestra percepción.

La particular arquitectura de Kunsthalle Lissabon, situada en un espacio subterráneo, se convierte en el punto de partida de la intervención. Sus paredes dejan de ser un simple fondo para las obras y pasan a formar parte activa de la escultura. Son superficies de apoyo, contención y fricción que participan directamente en el proceso constructivo. La intervención se articula principalmente alrededor de una pared de doce metros de longitud, sobre la que Crespo despliega materiales industriales como conductos de ventilación y lonas procedentes de vehículos de transporte pesado.

El resultado surge de procesos de corte, ensamblaje y recomposición. Las estructuras parecen oscilar entre la tensión y la distensión, entre aquello que se muestra y aquello que permanece oculto. Las lonas, marcadas por el uso y cargadas de una intensa presencia táctil, presentan perforaciones que permiten dirigir la mirada hacia el interior de los conductos. Se generan así recorridos visuales entre dentro y fuera, entre lo visible y lo escondido, que relacionan la escala humana con la dimensión mecánica de los materiales y con los propios sistemas constructivos del edificio.

La arquitectura subterránea adquiere de este modo una condición casi corporal. La escala, la densidad y la atmósfera íntima del espacio actúan como un cuerpo adicional que se suma a la instalación. Crespo no ocupa simplemente el lugar: lo activa, lo somete a nuevas relaciones y hace visibles algunas de las estructuras que habitualmente permanecen ocultas.

Esta dimensión física se amplía a través del sonido. hyle, una pieza desarrollada por Estanis Comella en colaboración con June Crespo, introduce una presencia acústica intermitente que modifica la percepción del conjunto. El punto de partida es una grabación realizada en el interior de una tubería que atraviesa verticalmente el edificio donde se encuentra el estudio de Crespo, desde la cubierta hasta el sótano. La artista toma como referencia la particular cualidad acústica percibida dentro de ese conducto para construir una nueva capa de la exposición.

Emitido desde la pared opuesta, el sonido se enfrenta directamente a la intervención escultórica. Al mismo tiempo, las perforaciones de la pared permiten que se filtre hacia zonas ocultas del espacio, con la fuente sonora orientada hacia el almacén. Es un gesto que parece dirigirse al propio edificio, como si la obra quisiera establecer una conversación con sus estructuras invisibles y activar aquellos espacios intermedios que normalmente permanecen fuera de nuestra experiencia.

El sonido transforma así la escultura. Por momentos ambas dimensiones —la material y la acústica— parecen confundirse, hasta producir la sensación de que la propia materia respira, vibra o canta. La instalación deja de ser únicamente algo que se contempla para convertirse en una experiencia corporal que exige al visitante desplazarse, escuchar y percibir el espacio desde diferentes posiciones.

7 FVC_Anna-Irina-Russell_Anuncis-digitals_Bonart_180x180_v1b_180_x_180

Te pueden
interesar
...

banner-bonart