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Opinión

Una inmersión al universo expresivo del pintor grancanario Juan Cabrera Cruz

Un recorrido por el estudio, las influencias y las obsesiones de un artista que convierte la figura humana en un territorio de tensión, memoria y expresión.

Cola del paro, 2008.
Una inmersión al universo expresivo del pintor grancanario Juan Cabrera Cruz

En un mundo saturado por códigos visuales digitales —bajo el amparo del cuestionable lema de Barnard "una imagen vale más que mil palabras"—, todavía persisten las interacciones presenciales entre humanos. Prueba de ello se puede constatar en la visita al estudio del pintor grancanario Juan Cabrera Cruz, que ha sido fruto de las sinergias entre Maricarmen Alemán, recepcionista y alma mater (según reza gran parte de la clientela) de un hotel de Playa del Inglés (perteneciente al municipio de San Bartolomé de Tirajana, Gran Canaria), y Lilian Campo, artista y entregada discípula de Cabrera que suele frecuentar su estudio los lunes y martes por la tarde. A su vez, cabe destacar que la conexión entre Lilian y Maricarmen subyace en el hijo de la primera, quien era el antiguo director del hotel donde trabaja Maricarmen. En definitiva, se observa aquí cómo el interaccionismo simbólico (Escuela de Chicago, años 20), basado en la palabra y en las acciones, determina marcos de entendimiento en función de los significados creados por las personas durante la interacción social.

Una vez que se han desentrañado nuestras conexiones, más bien analógicas, se podría decir que el arte constituye un punto de encuentro y de mediación entre personas de diferentes historias de vida. En este caso, este arte se materializa físicamente en la figura del pintor, en calidad de intermediario, y en su estudio-vivienda, como espacio de las interacciones simbólicas. Juan Cabrera Cruz, nacido el 25 de abril de 1966 en el seno de una familia humilde y criado en el barrio de Las Rehoyas de Las Palmas, se graduó en la Escuela de Artes y Oficios Gran Canaria (actual EASD Gran Canaria) en la especialidad de Dibujo Publicitario (1987) y, posteriormente, completó su formación en la prestigiosa Escuela de Luján Pérez. En la actualidad, es profesor de dibujo y pintura en la Escuela de Luján Pérez y en escuelas municipales de diversos municipios de la isla de Gran Canaria. Desde 1991, el pintor ha participado en numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas, a lo largo del archipiélago, a nivel peninsular (Madrid) e internacional (Londres, Hong Kong, Nueva York, Santo Domingo). Esta trayectoria se complementa con su compromiso altruista en eventos solidarios y certámenes artísticos —donde ha donado obras como premio—, así como con la cesión de obra plástica para el rodaje de la película Wild Oats (Andy Tennant, 2016).

A propósito del estudio y vivienda del pintor, ubicado en el popular barrio de Alcaravaneras de Las Palmas —justo enfrente del antiguo Estadio Insular—, constituye el centro neurálgico donde se ha forjado su universo plástico. En él convergen diferentes soportes (cartón, lienzo, madera, papel, telas), registros artísticos (bocetos, dibujos, grabados, pinturas, telas sueltas ilustradas y esculturas) y técnicas (carboncillo, óleo, grabado). Este taller actúa como el templo de una personal pinacoteca que, al más puro estilo de las wunderkammer de los siglos XVI y XVII, envuelve al visitante en un mar de trazos, manchas, empastes, pinceles, paletas, telas, cartones, hojas, etc. Cuadros, dibujos e ilustraciones se acumulan verticalmente, se amontonan en el suelo, se apoyan en el mobiliario del apartamento o bien permanecen colgados en la pared. También destaca una máscara de bronce o una tela blanca que despliega una imagen realista —y un tanto andrógina— de una Madonna con el niño.

En el plano conceptual, las constantes temáticas de Cabrera iniciaron su andadura en los años 90 con sus cabezas frontales para derivar hacia escenas autobiográficas orientadas a explorar las tensiones internas y externas, plasmadas en las piezas ¿Y qué? (2018), A solas conmigo II (2019) y Conflictos II (2019). Desde una perspectiva costumbrista, guiado por la intuición, el azar y la curiosidad, destacan las obras Jugadores de cartas o Bares, qué lugares (2019). Respecto al bloque dedicado al acervo cultural, se abarcan pasajes relacionados con El Quijote, la Ilíada de Homero, con retratos de Héctor (2019) o Troya (2018), las leyendas mitológicas clásicas con La barca de Caronte I, II y III (2019), la cultura popular prehispánica con Lucha canaria (2026) o escenas de tauromaquia con la pieza Extremoduro (2018). Y, ante las vicisitudes de la vida, el pintor nunca fue ajeno a las injusticias sociales, sino que se perciben dibujos y pinturas que denuncian las consecuencias de los recortes de la crisis económica, reflejada en su obra Cola del paro (2008), o bien el drama de la crisis migratoria protagonizada en el archipiélago desde 2006.

  • Lucha de boxeo, 2026.

La vertiente erótica es omnipresente en la concepción sensual de figuras femeninas en la serie Desnudos o en la pieza Apuntes III (ambas datadas en el año 2019). Su mirada hacia la historia insular queda saldada en la serie sobre la Conquista canaria (2026), con piezas como Guerreros II, mientras que sus inquietudes trascendentales y religiosas fueron materializadas en las obras Aquelarre o Calavera I (2019).

Siguiendo el párrafo anterior, respecto a aquellas escenas vinculadas a planteamientos metaartísticos, el artista reflexiona sobre las técnicas aplicadas, la materialidad y los formatos de la pintura. Asimismo, indaga en el proceso creativo que entrelaza el estudio con las modelos, el mobiliario y el propio artista, tal como se advierte en la pintura En el estudio (2019). Entre sus proyectos más recientes, destaca la serie de la Cárcel, que realizó en 2024 junto a las personas internadas en el centro penitenciario de Salto del Negro (Tafira Alta, Las Palmas de Gran Canaria).

  • La carga.

En cuanto al estilo, se podría aventurar que alterna, por un lado, una figuración realista más académica, aprendida en la Escuela de Artes Aplicadas de Gran Canaria y destacable en sus ilustraciones y guiños al mundo del cómic. Y, por otro lado, una figuración introspectiva, expresiva y fuertemente esencialista, posiblemente profundizada en los años de estudiante en la Escuela de Luján Pérez. Este último estilo, conocido como neoexpresionismo, se enraíza principalmente en la transvanguardia italiana, el neoexpresionismo centroeuropeo y el Bad Painting norteamericano de los años 70 y 80, con una fuerte impronta entre el alumnado de la Escuela de Luján de la época, donde grandes personalidades del arte hibridaron el estilo indigenista con la mencionada vanguardia europea. Juan Cabrera, como alumno y docente de dicha escuela, conectaría con los presupuestos plásticos más rupturistas de grandes maestros de la talla de Manolo y Jane Millares, Plácido Fleitas, Lola Massieu o Felo Monzón.

  • Lucha de boxeo, 2026.

Si bien el autor reconoce que no ha seguido la estela de los artistas indigenistas de representar exteriormente la identidad cultural canaria, cabe resaltar su contribución puntual a la historia y las tradiciones culturales de los antiguos pobladores prehispánicos. Muestra de ello son obras como Lucha canaria (2023), Escenas de caza (2023), Luchas contra los conquistadores hispánicos (2023), etc. En términos generales, el giro lingüístico de Cabrera se focaliza en la figura humana que —en clave sartriana— interpreta la realidad percibida desde una perspectiva emocional, dramática e introspectiva. Sus personajes se presentan abocetados, deformados, desgarrados o quebrados mediante el uso de pinceladas violentas, manchas sobrias y un uso abrupto de la espátula.

En el turno de los antecedentes, los diferentes estilos y técnicas artísticas de Cabrera se remontan a la musculatura andrógina de un Miguel Ángel Buonarroti; el tenebrismo barroco de Michelangelo Merisi da Caravaggio o José de Ribera; la realidad encriptada de Diego de Velázquez, donde el pintor hizo su propia interpretación de su perro; pasando por las pinturas negras de Francisco de Goya, hasta reconectar con la nueva figuración y abstracción de Manolo Millares, César Manrique, Antonio Saura o Miquel Barceló.

Sin embargo, su afiliación más directa se establece con las composiciones claustrofóbicas y trágicas de Francis Bacon. Con el pintor británico, el autor comparte la articulación de espacios asfixiantes, el uso de toscos trazos y pinceladas violentas y, sobre todo, una figuración expresionista de fuerte carga existencial. En ambos artistas, la anatomía de sus personajes se convierte en auténticos campos de batalla. En este sentido, la contorsión de las articulaciones o la deformación de sus rostros actúan como catalizadores para proyectar sus tensiones psicológicas y concentrar el dolor físico y moral.

  • Interior de estudio, 2026.

A lo largo de la trayectoria artística de Juan Cabrera, la pulsión creativa se articula como un singular sistema epistemológico donde bocetos, ilustraciones, grabados, trazos pictóricos, colores y pinceladas sustituyen a la palabra para articular un lenguaje plástico sobre la condición humana y el binomio arte y vida. Se trata de una codificación vertebrada por la conexión directa entre el ojo, cerebro y mano, caracterizada por rudos escorzos, gestualidad performativa y ambientes oscuros y claustrofóbicos, que contrastan con interludios paisajísticos o la introducción de pinceladas de colores vivos. En su quehacer creativo, la misma pasión capaz de hacer emerger la vida desde una mera mancha o un trazo violento es susceptible de destruirla, disolviéndose en una suerte de desfiguración abstracta.

Finalmente, conviene mencionar que las visitas al taller/estudio/vivienda propiciaron una comunicación dialógica y experimental con sus obras y, en consecuencia, con el propio artista. Esta experiencia, iniciada desde el momento en que se atravesó el umbral de su estudio, conectaba con la historia del oficio de la pintura analógica y con la idea tradicional de concebir la creación como una simbiosis iterativa entre investigación, documentación, ensayo y error y azar. Se trata de un oficio que implica destreza, rigor metodológico, perseverancia y una producción prolija. Aptitudes que definen a Juan Cabrera al tratarse de un creador con estilo propio, humanista, irónico, sensible y bohemio. Su arte se sitúa al margen de las modas e inmune a las imposiciones de los relatos globalizadores que ahogan el libre pensamiento. Asimismo, este taller, concebido como continente de una pinacoteca orgánica, cobra sentido como un archivo vivo que salvaguarda una singular historia del arte canario, encarnada en la figura del artista palmense Juan Cabrera Cruz.

  • Conflictos.

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