Existen espacios de transición en los que lo conocido comienza a desaparecer mientras algo nuevo todavía no termina de tomar forma. Es precisamente en ese umbral, en esa intersección donde se sitúa Habitar lo intermedio, la exposición de la artista colombiana Angélica Chavarro Franco que, desde el 6 de agosto de 2026, puede visitarse en LA Galería de Bogotá, con comisariado de Fernando Cuevas Ulitzsch.
La muestra parte del concepto de liminalidad, entendido como ese estado fronterizo en el que una forma anterior se disuelve y la siguiente permanece todavía indefinida. Chavarro transforma ese concepto en una experiencia esencialmente sensorial. Sus instalaciones no pretenden únicamente ser contempladas: buscan envolver al visitante y conducirlo hacia un estado de pausa, atención e introspección.
El tejido ocupa un lugar central en este recorrido. Hilos, fibras, urdimbres, superficies intervenidas, manchas y trazos construyen una suerte de cartografía íntima en la que cada elemento parece contener una dimensión temporal. La materia conserva las huellas de su elaboración y convierte el acto de mirar en una experiencia pausada. El color, lejos de funcionar como un simple recurso plástico, delimita espacios emocionales; la textura, por su parte, adquiere una dimensión casi geográfica.

Esta relación entre materia y experiencia interior es una constante en la trayectoria de Chavarro. Nacida en Bogotá en 1976, la artista es maestra en Artes Plásticas por la Universidad Nacional de Colombia y ha desarrollado una investigación que conecta creación, meditación y espiritualidad. Su práctica incorpora pintura, dibujo, grabado, escritura, tejido e instalación, medios que utiliza para explorar cuestiones relacionadas con el cuerpo, la mente, el pensamiento, el silencio y la conciencia.
En sus obras, el proceso creativo adquiere así una dimensión contemplativa. Las fibras naturales, los bordados, los pigmentos y los textos aparecen como elementos capaces de hacer visible aquello que normalmente permanece fuera del campo de percepción. En anteriores proyectos, Chavarro ha definido algunos de estos entramados como auténticos «paisajes del pensamiento», construcciones intuitivas en las que la acumulación de capas y puntadas funciona como registro de una experiencia interior.
La artista ha desarrollado también instalaciones de carácter inmersivo. Metáfora del Misterio, presentada en el Museo Colonial de Bogotá en 2024, estaba formada por 82 telas de fibras naturales intervenidas y luz LED, configurando un espacio penetrable que reforzaba su interés por transformar la obra en una experiencia corporal.
En Habitar lo intermedio, esa búsqueda se desplaza hacia un territorio donde lo individual y lo espacial terminan encontrándose. Las repeticiones de la trama, las líneas y las manchas generan un ritmo visual que funciona casi como una respiración.
La exposición propone, en definitiva, detenerse, pausar el tiempo, crear un diálogo, reflexionar. Frente a la velocidad de la experiencia contemporánea de nuestra sociedad que nos toca vivir, Chavarro reivindica el tiempo lento de la mirada y la posibilidad de permanecer durante unos instantes en aquello que todavía no tiene nombre. Su obra no intenta resolver la incertidumbre, sino convertirla en un lugar habitable.