La ciudad puede ser algo más que un escenario de paso. Puede convertirse en un lugar donde las memorias olvidadas reaparecen, donde los cuerpos ocupan el espacio público como acto político y donde el arte deja de ser un objeto para convertirse en una experiencia compartida. Esta es la premisa de la tercera edición de Extramuros , el programa anual del Museu Tàpies que, este año, confía su despliegue a Dora García con el proyecto Líneas de tiempo/resurrección .
El artista, una de las figuras más influyentes del arte conceptual europeo contemporáneo, ha construido durante más de tres décadas una trayectoria centrada en los mecanismos del lenguaje, la performance, la participación y las formas invisibles del poder. Sus obras a menudo sitúan al espectador en una posición activa, convirtiéndolo en lector, actor o cómplice de una narración abierta. Lejos de la representación convencional, García entiende el arte como un espacio de investigación sobre la construcción de las identidades, márgenes sociales e historias que los relatos oficiales han preferido borrar.

No es casual que su práctica dialoge con autores como Walter Benjamin, Michel Foucault o Jacques Lacan, ni que muchas de sus piezas exploren los límites entre realidad y ficción, entre documento e interpretación. Su participación en la Bienal de Venecia en 2011 con The Inadequate o trabajos cinematográficos como Segunda Vez (2018) han consolidado una forma de hacer en la que la investigación artística se convierte en una forma de pensamiento crítico.
En Extramuros , este universo conceptual toma forma a partir de una idea tan antigua como radical: la resurrección. No desde una perspectiva religiosa, sino como un gesto político capaz de devolver la presencia a aquellas personas, relatos y luchas expulsadas de la memoria colectiva. Resucitar significa aquí escuchar de nuevo las voces que todavía pueden transformar el presente.
El proyecto mantiene la esencia de Extramurs, una línea estable del Museu Tàpies que desde 2024 investiga nuevas formas de habitar el espacio público mediante la mediación, el trabajo comunitario y la producción artística situada. Tras las reflexiones sobre las cuestiones raciales de Serge Attukwei Clottey y las aproximaciones medioambientales y territoriales de Elena del Rivero, esta tercera edición desplaza la atención hacia la memoria, las disidencias y la reparación simbólica.
La intervención principal ocupa la fachada del Museu Tàpies, transformando el antiguo edificio de la editorial Montaner i Simón —obra de Lluís Domènech i Montaner— en un umbral entre la vida y la muerte. Un enorme cartel recubierto con pan de oro, de casi siete metros de longitud, muestra una única frase: "Resucitáme". La simplicidad del mensaje esconde una gran carga crítica. No se trata tanto de una demanda individual como de una pregunta colectiva: ¿quién merece ser recordado? ¿Qué historias han quedado fuera de los libros? ¿Quién sigue ausente de los imaginarios oficiales?
La palabra, uno de los materiales habituales en la obra de García, también se despliega por toda la ciudad con la recuperación del proyecto Frases de Oro, iniciado en el 2021. Varias columnas publicitarias de Barcelona albergarán carteles dorados que interrumpen el paisaje cotidiano con afirmaciones capaces de desestabilizar las certezas del hecho. El arte abandona el museo para infiltrarse en los circuitos habituales de la comunicación urbana, compitiendo visualmente con la publicidad y transformando la ciudad en un espacio de lectura crítica.

Este desplazamiento de la obra hacia la calle es una constante en la práctica de García. Más que producir objetos permanentes, construye situaciones donde el tiempo, el contexto y la participación se convierten en materia artística. La fragilidad del papel, la efimeridad de las acciones y la vulnerabilidad de los cuerpos forman parte del propio discurso estético.
El programa de Extramuros, que podrá verse hasta el 29 de noviembre se extiende durante varios meses y activa una extensa red de colaboraciones entre instituciones culturales de Barcelona. El 4 de julio arranca en el Foyer del Gran Teatro del Liceo con la primera sesión de Corocuerpo, dirigida conjuntamente por Mari Lyn Diniz y Dora García, seguida del primer capítulo de la performance participativa El Bicho, con la participación de Erika Michi. Esta obra, estructurada en dos jornadas consecutivas, invita al público a formar parte de la autoría colectiva de la pieza, disolviendo las fronteras tradicionales entre artista y espectador.
La inspiración de El Bicho remite directamente a La chinche (1929) del poeta futurista Vladímir Maiakovski, una obra que permite a García reflexionar sobre las promesas incumplidas de las revoluciones y sobre la persistencia de los imaginarios políticos a lo largo del tiempo.
Dos días después, el Teatre Lliure de Montjuïc acoge una conversación entre Frau Diamanda y Diego Marchante vinculada a la revista Convit/e , impulsada por la productora social Mescladís. La jornada culmina con una nueva acción de Corocuerpo en la plaza Margarida Xirgu, una performance coral dedicada a las feminidades disidentes e inspirada en la figura de Sylvia Rivera, una de las activistas fundamentales de la lucha trans y de los derechos LGTBIQ+.
El otoño amplía aún más el proyecto con el seminario Muerte y resistencia, organizado en Eina Centro Universitario de Diseño y Arte de Barcelona. Las sesiones culminarán con un recorrido por el Cementerio de Montjuïc, convirtiendo este espacio funerario en un sitio de aprendizaje sobre memoria, ausencia y resistencia. Paralelamente se publicará un número especial de la revista Convit/e dedicado íntegramente a Extramurs 2026.
El proyecto concluirá en noviembre con la proyección de tres películas fundamentales de Dora García dentro del Loop Festival, en la Filmoteca de Cataluña: The Joycean Society (2013), una exploración sobre los lectores obsesivos de Finnegans Wake ; Segunda Vez (2018), inspirada en el escritor argentino Oscar Masotta; y (Revolución, cumple tu promesa) Amor rojo (2024), donde sigue investigando la relación entre política, memoria y representación.
La selección de los referentes que atraviesan todo el proyecto revela la complejidad de su planteamiento. A las figuras de Sylvia Rivera y Maiakovski se suman los pensadores Walter Benjamin y Elias Canetti, así como la cantante brasileña Gal Costa. Personajes provenientes de disciplinas muy diversas que comparten una misma condición: haber desafiado a los discursos dominantes de su tiempo. García les recupera no como homenaje nostálgico, sino como interlocutores necesarios para comprender los conflictos del presente.
En este sentido, Líneas de tiempo/resurrección evita cualquier aproximación monumental a la memoria. No pretende construir nuevos mitos, sino cuestionar los mecanismos que deciden quién es recordado y quién desaparece de los relatos colectivos. La resurrección se convierte así en una forma de justicia simbólica, capaz de desmontar las estructuras cotidianas de opresión y abrir espacios para otros modos de narrar la historia.