El verano ibicenco recupera una de las figuras más singulares de su memoria artística con Chico Prats: Arte y Fotografía (1916–2006) , una exposición que se inaugurará el 13 de julio en la sala Es Polvorí y que se podrá visitar hasta el 29 de agosto. La muestra, impulsada por el Ayuntamiento de Eivissa, coincide con los veinte años de la muerte del artista y los ciento diez años de su nacimiento, una doble efeméride que invita a revisar una trayectoria marcada por una profunda vinculación con la isla.
De origen catalán, José Manuel Chico Prats encontró en Eivissa mucho más que un escenario estival. La isla se convirtió en su laboratorio visual, en un territorio desde el que construir una obra que oscila entre la documentación sensible y la interpretación poética del paisaje. Sus pinturas y fotografías revelan una mirada paciente, alejada de cualquier exotismo, capaz de captar la luz mediterránea, la arquitectura popular y los gestos cotidianos de una Eivissa anterior a la transformación turística.
La fotografía ocupaba un sitio esencial en su proceso creativo. Más que un registro documental, era una herramienta de observación que le permitía estudiar composiciones, atmósferas y contrastes lumínicos que posteriormente trasladaba a sus aceites ya sus características obras en cera. Esta relación entre ambos lenguajes es precisamente uno de los grandes atractivos de la exposición, que ofrece al visitante la oportunidad de entender cómo la realidad observada se transformaba en interpretación artística.
La muestra reúne pinturas procedentes del fondo artístico del Consell Insular de Eivissa y de diversas colecciones particulares, entre las que destacan las de Toni Torres, Joan Torres y Josep Escandell. El recorrido se completa con una selección de fotografías conservadas en el Archivo de Imagen y Sonido Municipal de Eivissa (AISME), un fondo de gran valor patrimonial formado por más de 3.000 imágenes dadas por la familia del artista hace trece años y ampliado recientemente con un centenar de nuevas fotografías.
Este archivo, integrado principalmente por instantáneas realizadas entre las décadas de los años cincuenta y ochenta, constituye hoy un testimonio excepcional tanto de la evolución creativa de Chico Prats como de la memoria visual de una Eivissa que ya casi ha desaparecido. Sus imágenes documentan calles, paisajes, oficios y escenas cotidianas cuya sensibilidad trasciende el simple valor histórico para situarse en el ámbito de la creación artística.
Más allá de su interés conmemorativo, esta exposición plantea una reflexión sobre la necesidad de preservar aquellas miradas que han contribuido a construir el imaginario visual de la isla. En una época marcada por la inmediatez de la imagen digital, la obra de Chico Prats recuerda el valor de la observación lenta, de la luz como materia pictórica y de la fotografía como espacio de pensamiento antes que de consumo visual.