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Exposiciones

Running Fence: el arte que cambió Sonoma

A cincuenta años de la monumental intervención de Christo y Jeanne-Claude, una exposición revisita la obra efímera que cambió para siempre la relación entre arte, territorio y comunidad.

Wolfgang Volz / Copyright Christo and Jeanne-Claude Foundation
Running Fence: el arte que cambió Sonoma

En 1977, el artista Christo lanzó una afirmación tan provocadora como reveladora: "La ilegalidad es esencial para el sistema estadounidense". La frase sintetizaba el espíritu de Running Fence, una de las intervenciones de arte contemporáneo más ambiciosas del siglo XX, concebida junto a Jeanne-Claude. Más que una instalación artística, el proyecto se convirtió en un experimento social y político que redefinió la manera en que el arte podía dialogar con el territorio.

La obra consistía en una inmensa valla de nailon blanco de 5,5 metros de altura que recorría cerca de 40 kilómetros desde las proximidades de Cotati hasta el océano Pacífico, atravesando colinas, ranchos y campos agrícolas de los condados de Sonoma y Marin. Su objetivo, según los artistas, era ofrecer una nueva forma de contemplar el paisaje y generar un sentimiento de encuentro entre quienes lo habitaban.

  • Wolfgang Volz / Copyright Christo and Jeanne-Claude Foundation.

Sin embargo, la propuesta pronto desató una intensa controversia. El proyecto se convirtió en el epicentro de un enfrentamiento entre promotores del desarrollo urbanístico, propietarios rurales y movimientos ecologistas preocupados por el futuro del territorio. Desde su cuartel general instalado en el histórico Petaluma Inn, Christo, nacido en Bulgaria, y Jeanne-Claude, originaria de Marruecos, navegaron con habilidad entre intereses enfrentados, convirtiendo el propio proceso burocrático en parte inseparable de la obra.

Durante más de dos años, el proyecto atravesó un complejo recorrido administrativo que incluyó 18 audiencias públicas, tres sesiones del Tribunal Superior y la elaboración de un informe de impacto ambiental de 465 páginas. Para Christo, aquellas negociaciones, debates y obstáculos constituían la verdadera creación artística: el proceso era tan importante como la instalación final.

  • Wolfgang Volz / Copyright Christo and Jeanne-Claude Foundation.

Hoy, medio siglo después, esa historia vuelve a cobrar protagonismo con la exposición Christo y Jeanne-Claude: Running Fence a los 50 años en el Museum of Sonoma County, que podrá visitarse del 27 de junio al 8 de noviembre de 2026. La muestra celebra el cincuentenario de una obra que se ha convertido en un símbolo de la identidad cultural del norte de California y en un referente internacional del arte efímero.

A través de un recorrido inmersivo, abundante material gráfico y testimonios de quienes participaron en aquella aventura, la exposición invita al visitante a revivir la experiencia de aquella cinta blanca que parecía flotar sobre las colinas doradas antes de desaparecer en el Pacífico. Más que reconstruir una instalación desaparecida, la propuesta explora cómo Running Fence sigue viva en la memoria colectiva, el imaginario popular y los materiales que sobrevivieron al desmontaje.

La magnitud del proyecto continúa sorprendiendo. La valla atravesó 59 propiedades privadas a lo largo de casi 40 kilómetros y requirió 165.000 yardas de tejido de nailon antidesgarro, confeccionadas en aproximadamente 240.000 yardas cuadradas de paneles blancos de 5,5 por 20,7 metros cada uno.

  • Wolfgang Volz / Copyright Christo and Jeanne-Claude Foundation.

La elección del material también forma parte de la leyenda de la obra. Christo adquirió el tejido por unos 130.000 dólares después de que fuera descartado por General Motors. Originalmente había sido desarrollado para airbags de seguridad, pero no cumplía las especificaciones técnicas exigidas por la compañía. Paradójicamente, esa resistencia permitió que la instalación soportara los fuertes vientos de la costa californiana.

"El viento era tan intenso cerca del océano que doblaba los postes de acero de tres pulgadas de grosor colocados sobre las crestas, pero el tejido nunca llegó a rasgarse", recuerda Joe Pozzi, cuya explotación ganadera fue una de las 59 fincas atravesadas por la monumental obra.

Cinco décadas después, Running Fence continúa demostrando que algunas obras de arte, aunque existan apenas unas semanas, pueden dejar una huella mucho más duradera que los monumentos concebidos para permanecer durante siglos. Su legado no reside únicamente en la espectacularidad visual de aquella cinta blanca ondulando sobre el paisaje californiano, sino en haber convertido el diálogo entre arte, naturaleza, política y ciudadanía en una auténtica obra colectiva.

  • Christo durante una audiencia pública sobre Running Fence, 1975. Fotografía de Wolfgang Volz. © Fundación Christo y Jeanne-Claude.

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