Las Bernardas de Salt acogen Mar de tierra, tierra de mar , la nueva exposición del artista saltenco Joan Mateu, un proyecto que se presenta como el más extenso y ambicioso de los últimos diez años de su trayectoria. Coincidiendo con la celebración de su cincuentenario, el artista da un paso significativo en su investigación plástica con la incorporación de la cerámica, un lenguaje inédito hasta ahora en su obra.
Comisariada por la gerundense Carmen Simon, la muestra reúne más de un centenar de piezas entre pinturas y obras cerámicas, configurando un recorrido que explora el Mediterráneo desde una perspectiva alejada de la representación figurativa. Aquí, el mar no aparece como una imagen reconocible, sino como una presencia latente, una huella que se manifiesta a través de texturas, gestos, relieves y sedimentos visuales.

La exposición propone una inmersión en la dimensión física, emocional y simbólica del paisaje mediterráneo. Las obras no describen el mar; lo traducen. Tanto la pintura como la cerámica se convierten en superficies de memoria en las que la luz, el movimiento del agua y la intensidad del territorio quedan fijados en la materia.
El recorrido se estructura en dos grandes ámbitos. En la planta baja, bajo el título Mar de Terra , el visitante se encuentra con un conjunto de obras inspiradas en elementos vinculados a la navegación y al registro marítimo: cuadernos de bitácora, cartas náuticas o escaleras de Douglas abandonan su función original para convertirse en testigos poéticos del paso del tiempo y de la memoria del mar.

En la primera planta, Terra de Mar desplaza la mirada hacia el litoral. La vegetación costera, las rocas, los relieves geológicos y las formas propias de los paisajes mediterráneos emergen como fragmentos de un territorio vivido e interiorizado. El tráfico entre ambos espacios queda marcado por una intervención de Daniela Colafranceschi, situada en el hueco de la escalera, que actúa como puente conceptual entre el mar y la tierra.
La gran novedad del proyecto es la incorporación de la cerámica. Lejos de un simple ejercicio formal, este nuevo lenguaje representa una profunda transformación en la práctica artística de Mateo. Las piezas cerámicas, situadas a medio camino entre la escultura y el mural, establecen un diálogo directo con las pinturas y plantean una reflexión sobre la capacidad de la materia para retener el movimiento y convertir el agua en tierra sin perder completamente su memoria.

Este proceso ha sido posible gracias a la colaboración del reconocido alfarero Eloi Bonadona, de Quart, que ha participado activamente en la cocción y desarrollo técnico de las obras. La fotógrafa Andrea Esteve ha documentado todo el proceso creativo a través de imágenes y vídeos, dejando constancia de un trabajo que se ha desarrollado durante más de dos años.
Para Carmen Simon, la muestra parte del mar como experiencia transformada en materia. La comisaria subraya que el proyecto se aleja deliberadamente de cualquier visión paisajística convencional para centrarse en las dimensiones sensoriales, físicas y territoriales del Mediterráneo. Esta mirada es especialmente evidente en la segunda parte del recorrido, donde la relación entre naturaleza y cultura se despliega a través de formas vegetales, estructuras geológicas y referencias al paisaje agrícola.
Entre estas piezas destaca una serie dedicada a los girasoles, presentes en distintos estados vitales. Florecidos o secos, se convierten en símbolos de un territorio de transición hacia el mar, conservando en su forma la luz, el ritmo y la memoria del paisaje mediterráneo.

Desde la Diputación de Girona, su presidente, Miquel Noguer Planas, ha situado la exposición dentro del ciclo temático dedicado al agua que impulsa Les Bernardes este 2026. Según Noguer, la obra de Joan Mateu dialoga plenamente con la voluntad de explorar las intersecciones entre pensamiento, territorio y creación contemporánea, proponiendo una lectura poética del cultura entrelazadas.
Por su parte, el director de Las Bernardas, Robert Fàbrega, relaciona la propuesta con la idea clásica de Aither, el quinto elemento, asociado históricamente a la espiritualidad, la luz y lo intangible. Una reflexión que encuentra eco en una exposición que trasciende la representación física del paisaje para explorar sus dimensiones más sutiles y evocadoras.
Con Mar de tierra, tierra de mar , Joan Mateu presenta una obra madura y expansiva que amplía los límites de su lenguaje visual. La combinación de pintura y cerámica, junto a una mirada profundamente vinculada al territorio, convierte esta exposición en una de las citas destacadas de la temporada artística en las comarcas gerundenses y en un nuevo capítulo dentro de la trayectoria de uno de los creadores más singulares de la escena contemporánea catalana.