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Entrevistas

Claudia Elies: "Queremos que Fabra sea un espacio que respire y conecte con todo el mundo"

Claudia Elies: "Queremos que Fabra sea un espacio que respire y conecte con todo el mundo"

Uno de los grandes equipamientos barceloneses dedicados al arte contemporáneo, La Fabra Centre d'Art Contemporani, inició una nueva etapa con Claudia Elies como nueva directora , después de que el pasado abril fuera elegida entre las 46 candidaturas presentadas al concurso. Con ella comienza una etapa que se extenderá en los próximos años. Elies fue seleccionada con un programa que pone en el centro las artes visuales, el trabajo en red y la vinculación comunitaria, tanto a nivel local como nacional e internacional.

Entrevista con Claudia Elies

Medio año al frente de la Fabra. ¿Cómo has vivido este período?

He vivido esta etapa con mucha emoción, como una gran oportunidad llena de posibilidades. Estamos en este espacio, que hace dos años se estrenó en este edificio, formando parte de un proyecto con una historia preciosa. Asimismo, hemos trabajado en la renovación de la imagen y la programación, construyendo una propuesta nueva que se apoya en el legado del pasado, que sigue siendo un pilar fundamental. Todo esto lo hacemos con mucha energía e ilusión.

Has hablado de Fabra como una “caja de resonancia”. ¿Qué significa esto en términos prácticos?

Esta metáfora me acompaña desde el principio, cuando empecé a imaginar este concurso de dirección ya construir su historia como una ficción. Veo la Fabra como una caja de resonancia por dos razones: por el propio recinto —donde está la escuela, la fábrica de creación y todo un ecosistema en constante actividad— y por el contexto más amplio, la red galerística e institucional de las artes visuales en Barcelona. En la práctica, esto significa establecer conexiones reales. Es crear una interrelación que amplifique y conecte todas las iniciativas.

Compromiso y confianza son conceptos centrales de su trabajo. ¿Cómo se concretan dentro de la programación?

Es un compromiso con la práctica artística. Cada artista funciona de forma diferente y el centro de arte se adapta a ellos. Hay artistas que llegan con un plano exacto de cómo quieren situar las piezas, mientras que otros necesitan realizar cambios incluso dos semanas antes de la inauguración. Todo esto se basa en la confianza mutua: entender la práctica artística y todo lo que le rodea, buscando un equilibrio constante y ajustándonos a las necesidades de cada proyecto sin perder la coherencia del centro.

Y el tejido local, ¿cómo se vincula con un centro tan contemporáneo?

El tejido local está muy presente. Basta con mirar por la ventana para ver el espacio Bota con sus cabezudos y enanos, o la Fábrica de Creación, que acoge actividades como el Banco por el Festivalet o la Fábrica de Juguete.

A veces, es tan sencillo como llamar a la puerta y preguntar: "¿Qué hace y qué podemos hacer por vosotros?" Otras veces hemos ido a espacios como la Filadora, la guardería, o al centro de salud, buscando colaboraciones y preguntando qué necesitan. Este diálogo constante permite establecer vínculos y reforzar el compromiso con la comunidad.

¿Y qué te interesa del proyecto actual LALIRIO de Fuentesal Arenillas?

Son artistas con una sólida trayectoria nacional que nunca habían estado en una institución pública en Barcelona. Me fascinaba especialmente su prenda desplegable , un carrusel textil creado durante año y medio. Es una apología de los cuerpos y un reconocimiento a la dedicación, al tiempo que genera un eco poético con el antiguo pasado de hilaturas del espacio.

¿Cómo se conjugan en la Fabra la programación expositiva, pública y educativa?

Una parte esencial de mi proyecto es que todo se desarrollara simultáneamente. Normalmente, la programación pública o educativa suele estar al servicio de las exposiciones, pero yo quería construirlas en paralelo, horizontalmente, dando igual importancia a una exposición que a un programa público.

Por eso empecé de forma suave: en julio, poco después de entrar, organizamos una escuela de verano. Después, en septiembre, pusimos en marcha un ciclo de performance, que servía como un intervalo entre exposiciones y programación pública. Así, el programa se construyó despacio, con una declaración de intenciones sutil pero clara.

¿Cuál es el futuro de las exposiciones?

Quiero equilibrar la programación entre contextos locales, nacionales e internacionales, haciendo que se hibriden y se trasladen entre ellos. También busco diversidad de prácticas, edades y formatos, mostrando que el centro es para todas las etapas de la carrera de un artista. No está destinado a un momento concreto del trayecto profesional, sino que ofrece múltiples formas de transitar: exposiciones, formatos experimentales o anómalos.

¿Proximidad y proyección internacional pueden coexistir?

Sí. Por ejemplo, en febrero inauguramos una exposición de cuatro artistas de Oriente Próximo, nunca antes presentes aquí, comisariada por Chiara Cartutxa. La muestra explora el concepto de Negative Commons : herencias que no son monumentos ni arcos de triunfo, sino rastros de desastres naturales, revoluciones fallidas o guerras pasadas. Pese a ser artistas internacionales, su obra conecta con nuestro contexto inmediato. La clave es comunicarlo bien; si hay tensión, significa que debemos replantear nuestra forma de aproximarnos a ella.

¿Cómo se articulan todas estas genealogías sin perder coherencia?

La programación debe estar en proceso constante. Existe la inmediatez, con proyectos a planificar con un año y medio de antelación, y los espacios vacíos, que dejan margen para incorporar proyectos que aparecen por el camino, a menudo con formatos más experimentales. Es un equilibrio entre vacíos y llenos, que permite que la programación respire y se construya en tiempo real.

¿Cómo te imaginas a La Fabra dentro de 3, 4 o 5 años?

Me la imagino como un espacio que todo el mundo tenga en el mapa, presente desde el barrio hasta la ciudad, y que pueda crecer: que el barrio se sienta suyo, que la ciudad conecte con el proyecto y que, a nivel nacional e internacional, ocupe su lugar. No buscamos ser un gran centro de arte ni tener una dimensión que no corresponde, sino entender cuál es el espacio que ocupamos y equilibrar la proximidad con la proyección global. El objetivo es que todo el mundo conozca a la Fabra y que esté presente en el mapa del barrio, de la ciudad y del país.

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