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Exposiciones

Miró, la chispa que no se apaga

Reencontrar a Miró. La chispa mágica revisita la etapa mallorquina del artista a través de 240 obras que revelan su proceso de autocrítica, experimentación y transformación continua.

Miró, la chispa que no se apaga
bonart palma - 10/02/26

La Fundación Pilar y Joan Miró de Mallorca inaugura Retrobar Miró. La chispa mágica , una exposición de gran envergadura que propone una relectura profunda de la etapa mallorquina de Joan Miró, iniciada en 1956 y considerada una de las más libres y radicales de su trayectoria artística.

La muestra reúne cerca de 240 obras -entre pinturas, esculturas, dibujos y material documental- que permiten adentrarse en un período marcado por la experimentación, la conexión con el paisaje mediterráneo y una renovación constante del lenguaje plástico. Instalado definitivamente en Mallorca, Miró encontró en la isla un espacio de silencio e intensidad creativa que actuó como detonante de una nueva forma de hacer.

Reencontrar a Miró. La chispa mágica se podrá visitar hasta enero de 2027, convirtiéndose en una cita imprescindible para redescubrir al artista desde una mirada contemporánea y entender cómo Mallorca se convirtió en uno de los grandes laboratorios creativos de su universo. Entre las obras expuestas destacan las primeras versiones de esculturas emblemáticas, algunas concebidas muchos años antes de convertirse en las grandes piezas públicas hoy plenamente reconocibles. La muestra dialoga también con las esculturas instaladas en los jardines de la Fundación, que reúnen ya once obras al aire libre, reforzando la continuidad entre espacio expositivo y paisaje.

La obra de Miró se entiende como un movimiento perpetuo, atravesado por una sucesión de impactos, rupturas y sacudidas necesarias para avanzar. Esta dinámica se hace especialmente visible en su última etapa en Mallorca, cuando el artista inicia un profundo ejercicio de autocrítica. Miró reacciona contra su obra anterior no con la voluntad de destruirla, sino de trascenderla, llegando incluso a incorporar cierta violencia como parte del proceso creativo. Mallorca le ofrece el espacio y el tiempo para empezar de nuevo.

Al final del recorrido expositivo, el círculo se cierra: la propia obra —tanto la suya como la de otros creadores— se convierte en “chispa mágica”, detonante de imágenes, formas y proyectos futuros. Las piezas mutan, cambian de escalera, de material y de entorno, pero sin dejar nunca de evocar el gesto inicial. Oiseau solaire y Oiseau lunaire ejemplifican esta transformación: desde los primeros ejemplares de los años cuarenta, lo suficientemente pequeños para caber en la palma de una mano, hasta alcanzar una dimensión monumental que los integra plenamente en el paisaje y la ciudad.

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