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Exposiciones

Minia Biabiany escucha las memorias del océano en el MUAC

Nuestras escuchas aborda las huellas del colonialismo en Guadalupe a través del agua, la contaminación y las relaciones entre cuerpos, paisajes y especies.

Minia Biabiany escucha las memorias del océano en el MUAC
bonart méxico df - 03/09/26

El agua guarda historias. Conserva rastros de desplazamientos, formas de vida, violencias y saberes que atraviesan generaciones. Desde esta perspectiva, la artista guadalupeña Minia Biabiany presenta Nuestras escuchas en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de Ciudad de México, una exposición que explora las huellas persistentes del colonialismo en el Caribe y reivindica el océano como un archivo vivo, sensible y compartido.

La muestra, comisariada por Virginia Roy Luzarraga, podrá visitarse en la sala 3 del MUAC del 5 de septiembre de 2026 al 14 de febrero de 2027. El proyecto supone además un paso hacia la creación colectiva dentro de la práctica de Biabiany, que reúne a familiares, educadores, una científica, una especialista en permacultura y una niña de ocho años para investigar, desde diferentes perspectivas, la relación cotidiana y afectiva con el agua en Guadalupe.

El punto de partida es un territorio profundamente marcado por la historia colonial y por las consecuencias de la contaminación provocada por el uso de clordecona en las plantaciones de plátanos entre las décadas de 1970 y 1990. El pesticida dejó una huella que continúa afectando al territorio y a sus habitantes, haciendo del agua una cuestión que trasciende la dimensión ecológica para adquirir una dimensión política, social y emocional.

En Nuestras escuchas, el mar no aparece como una frontera que separa territorios, sino como un espacio de intercambio y conexión. En sus aguas confluyen experiencias humanas y no humanas, memorias y desplazamientos, pero también diferentes formas de conocimiento. Biabiany plantea así una mirada en la que los cuerpos, los paisajes y las especies forman parte de una misma red de relaciones.

La instalación audiovisual ocupa el centro de la exposición y se acompaña de seis esculturas de madera quemada con forma de cachalotas. Estos grandes cetáceos forman parte de las especies presentes en las aguas de Guadalupe, aunque apenas tienen presencia en el imaginario colectivo local. Su incorporación introduce una dimensión animal que amplía la reflexión sobre la memoria y la comunicación más allá de los límites humanos.

La ecolocalización de las cachalotas constituye uno de los referentes fundamentales del proyecto. A partir de sus ondas sonoras y de sus formas de comunicación, Biabiany desarrolla una práctica basada en la escucha profunda, en diálogo también con los textos de la escritora Alexis Pauline Gumbs. El sonido se convierte así en una vía para aproximarse a aquello que permanece oculto, silenciado o relegado a los márgenes de la historia.

Escuchar adquiere una dimensión política. Frente a los silencios heredados de la esclavitud y frente a las estructuras de explotación vinculadas al colonialismo y al capitalismo extractivo, la artista propone prestar atención a las voces y señales que permanecen en el territorio. El océano aparece como un testigo que conserva las marcas de la dominación y, al mismo tiempo, los conocimientos ancestrales, los rituales y las formas de relación con el entorno que han sobrevivido.

La contaminación del agua adquiere de este modo una dimensión histórica. Las aguas de Guadalupe no solo hablan del deterioro ambiental, sino también de las estructuras económicas y coloniales que lo hicieron posible. El paisaje se presenta como un espacio donde las consecuencias del pasado continúan afectando al presente y donde la memoria ecológica se encuentra inseparablemente ligada a la memoria política.

Pero la exposición no se limita a señalar las heridas del territorio. Su dimensión colectiva propone también recuperar otras formas de relación con el entorno. La escucha compartida se plantea como una práctica de presencia y como una herramienta para establecer vínculos entre generaciones, saberes y especies.

A través de imágenes, sonidos, esculturas y relatos vinculados al océano, Biabiany invita a mirar el mar como un territorio sensible. Un espacio que recuerda, que transmite y que conserva aquello que las narrativas oficiales no siempre han sabido o querido escuchar.

En Nuestras escuchas, el océano adquiere una presencia protagonista. Sus sonidos y sus silencios permiten pensar la historia de Guadalupe desde una perspectiva en la que naturaleza, memoria y colonialismo aparecen profundamente conectados. El agua deja de ser únicamente un elemento del paisaje para revelar las historias que contiene y las relaciones que mantiene entre quienes la habitan.

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