A Aurèlia Muñoz, dentro del arte del tejido, le corresponde, en nuestro país, un papel pionero. Pronto comprendió las enormes posibilidades que ofrecía este lenguaje plástico e inició un camino tenaz de investigación e indagación a partir de técnicas artesanales antiguas con el fin de estudiarlas, recuperarlas si era necesario, y someterlas a una teoría basada en la práctica del ejercicio cotidiano, abierta en lo conceptual y, en lo sensible, a la aventura de su tiempo.” Daniel Giralt-Miracle para la exposición en el Museu de Granollers de 1986.
La figura de Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926–2011) ocupa, por fin, el lugar central que merece en la historia del arte contemporáneo. Con la exposición Entes, la más ambiciosa retrospectiva dedicada hasta la fecha a su obra, se revisita una trayectoria que no solo expandió los límites del arte textil, sino que también reformuló el concepto mismo de escultura en Europa durante la segunda mitad del siglo XX.
Organizada conjuntamente por el Museo Reina Sofía y el MACBA, la muestra conmemora el centenario del nacimiento de la artista y propone un recorrido exhaustivo por más de cinco décadas de creación. Comisariada por la Fundació EINAa través de su plataforma einaidea, bajo la dirección científica de Manuel Cirauqui, junto a Rosa Lleó y Sílvia Ventosa, la exposición reúne más de 150 obras, muchas de ellas inéditas o nunca antes exhibidas en museos.

Vista de la Sala 2: La escultura anudada, Fotografía: Fátima Sanz.
Presentada en Madrid del 29 de abril al 7 de septiembre de 2026, en el edificio Nouvel del Reina Sofía, la exposición viajará posteriormente a Barcelona, donde podrá visitarse en el MACBA a partir del 5 de noviembre. En la presentación oficial, el director del museo madrileño, Manuel Segade, subrayó la relevancia de la artista dentro de una política institucional que busca recuperar figuras femeninas clave: su obra, afirmó, tiene la capacidad de “transformar la forma de entender la historia del arte reciente”.
Por su parte, Elvira Dyangani destacó el carácter intelectual del trabajo de Muñoz, enfatizando su concepción del arte como forma de conocimiento: una práctica donde convergen lógica, pensamiento filosófico y experimentación material.
La exposición despliega el universo creativo de la artista a través de seis salas que trazan una evolución coherente y profundamente innovadora. Desde sus primeros bordados de los años sesenta —que tensionan los límites de la pintura— hasta sus célebres macramés de los setenta, en los que el tejido abandona el plano para conquistar el espacio tridimensional, Muñoz desarrolla un lenguaje propio donde lo textil se convierte en arquitectura blanda y organismo vivo.

Aurèlia Muñoz, Maqueta para Ondulaciones, 1974. Papel e hilos de lino, urna de metacrilato (22 x 23 x 22). Museo Reina Sofía, Madrid.
Especial protagonismo adquieren sus Pájaros-cometa o aerostatos de los años ochenta: estructuras ligeras y móviles, inspiradas tanto en la papiroflexia como en la navegación y las máquinas de Leonardo da Vinci. Estas piezas introducen una dimensión aérea y dinámica que marca un giro hacia una concepción más expandida del espacio.
Esa búsqueda culmina en sus trabajos con pasta de papel —elaborada artesanalmente con fibras de lino y algodón—, donde surgen formas orgánicas que evocan libros suspendidos, anémonas, algas o medusas, a menudo presentadas en urnas transparentes. En ellas, la artista explora un territorio híbrido entre lo natural y lo artificial, lo escultórico y lo sensible.

En primer plano: Aurèlia Muñoz, Ondulacions [Ondulaciones], 1974. Macramé de hilos de nailon (240 x 240 x 240 cm). Museo Reina Sofía, Madrid. Fotografía: Fátima Sanz.
El eje conceptual de la muestra gira en torno a la llamada “cosmología aurèliana”, un universo poblado por “entes”: figuras sin género definido, a medio camino entre lo humano y lo animal, que cuestionan los límites identitarios y proponen una visión interespecie del mundo. Estas presencias, más que objetos, parecen organismos en transformación, testigos de una sensibilidad adelantada a su tiempo.
Además de las piezas, la exposición incluye una cuidada selección de materiales de archivo —cartas, maquetas, cuadernos y fotografías— que revelan el rigor metodológico de Muñoz. Lejos de la improvisación, su obra se construye desde una práctica constante, sistemática y profundamente reflexiva.