En el espacio expositivo de Sismógrafo, en Oporto, el tiempo adquiere una dimensión física y emocional. No es una medida estable ni una sucesión ordenada de acontecimientos, sino una materia que se transforma, se consume y deja huellas. En Movo-me em tempo elétrico, Ana Pérez-Quiroga propone una experiencia en la que la fugacidad y la permanencia conviven a través de un conjunto de gestos mínimos cargados de significado. La exposición, abierta del 19 de septiembre al 7 de noviembre de 2026, parte de una reflexión sobre los límites de la existencia y la capacidad del arte para activar relaciones entre el cuerpo, los objetos y la memoria.
'El límite del arte es el límite de la vida' es la frase que, escrita en neón, atraviesa la sala desde la entrada hasta el fondo. Su presencia acompaña el recorrido del visitante y funciona como una declaración de intenciones que adquiere nuevos sentidos a medida que se avanza por el espacio. No es únicamente una afirmación sobre la práctica artística, sino una invitación a pensar hasta dónde pueden extenderse los límites de la experiencia vital y qué sucede cuando el arte se aproxima a aquello que nos hace vulnerables.

En el centro de la instalación, dos cubos de hielo contienen dos mitades de una manzana y un corazón. Dos elementos que, separados y suspendidos en el tiempo, establecen un diálogo entre la identidad, el reconocimiento y el riesgo emocional. Las frases que los acompañan —You are her and she is you» y «You are here to risk your heart— introducen una dimensión íntima en la propuesta. La manzana, cortada en dos partes que se reflejan mutuamente, sugiere una relación de correspondencia y alteridad; el corazón, por su parte, remite a la exposición afectiva, a la posibilidad de entregarse y asumir la incertidumbre que acompaña cualquier vínculo.
La dimensión temporal de la obra se manifiesta especialmente durante la inauguración. El hielo comienza a derretirse lentamente y libera los objetos que había mantenido en su interior. Se produce así una transformación irreversible: aquello que permanecía suspendido queda expuesto, mientras el agua conserva la huella material de un proceso que ya no puede repetirse. Frente a esta desaparición progresiva, el neón continúa encendido. Dos temporalidades coinciden en una misma sala: la de una materia que se extingue y la de una luz que persiste. La instalación establece de este modo una tensión entre lo efímero y lo permanente, entre aquello que inevitablemente desaparece y aquello que resiste al paso del tiempo.

El título, Movo-me em tempo elétrico, expresa precisamente esa condición de movimiento dentro de un presente acelerado, en el que los acontecimientos se suceden con intensidad mientras la memoria intenta retenerlos. Ana Pérez-Quiroga construye un espacio de resonancias poéticas donde el tiempo no solo transcurre, sino que deja rastros, modifica los cuerpos y transforma el significado de los objetos. La obra invita a detenerse ante un proceso aparentemente sencillo para descubrir en él una reflexión más amplia sobre la vulnerabilidad, el deseo y la necesidad de preservar aquello que nos conecta con los demás.
Artista visual, cineasta e investigadora, Ana Pérez-Quiroga desarrolla una práctica interdisciplinar que explora los sistemas de acumulación de los objetos y las distintas formas en que la memoria —personal, colectiva y posmemoria— continúa interviniendo en el presente. A través de la instalación, el textil, la fotografía, el cine y la publicación, trabaja con archivos y elementos de la vida cotidiana para convertirlos en dispositivos activos de pensamiento y experiencia. Su investigación presta especial atención a las relaciones de cuidado que se establecen entre las personas, los objetos y los espacios, entendiendo que la memoria no es únicamente una forma de conservar el pasado, sino también una manera de actuar sobre el presente.