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El Museo de Bellas Artes de Bilbao se reinventa con Foster

La ampliación diseñada junto a Luis María Uriarte incorpora un pabellón suspendido que duplica el espacio expositivo y conecta la arquitectura histórica del museo con una nueva etapa.

Foto: Foster & Partners.
El Museo de Bellas Artes de Bilbao se reinventa con Foster
bonart bilbao - 07/10/26

Bilbao vuelve a mirar hacia su museo de Bellas Artes con una arquitectura que no pretende borrar lo existente, sino establecer una nueva relación con ello. La ampliación diseñada por el estudio británico Foster + Partners junto al arquitecto bilbaíno Luis María Uriarte culmina una transformación largamente esperada y propone una nueva manera de recorrer, entender y habitar una de las grandes instituciones culturales del País Vasco.

El proyecto, bautizado como Agravitas, se presenta como un gran pabellón elevado que parece flotar sobre los edificios históricos del museo. Con una longitud aproximada de 55 metros, la nueva estructura se apoya sobre columnas en forma de V y funciona como un puente suspendido sobre la arquitectura existente. Una operación que permite ganar superficie sin renunciar a los edificios que han construido la identidad del museo a lo largo de las últimas décadas.

La ampliación, con una inversión de alrededor de 45 millones de euros, duplica prácticamente la superficie disponible para exposiciones y reorganiza también buena parte de las áreas existentes. El resultado no es únicamente un museo más grande, sino un edificio concebido como un sistema de conexiones entre diferentes épocas, colecciones y formas de entender la experiencia artística.

Una arquitectura que conecta en lugar de sustituir

Cuando Norman Foster llegó por primera vez a Bilbao en 1988, la ciudad todavía estaba lejos de convertirse en el icono arquitectónico internacional que es hoy. El arquitecto británico había ganado el concurso para diseñar el Metro y encontró una ciudad cuya identidad industrial le recordaba a su Manchester natal.

De aquel proyecto nacieron las características entradas del metro conocidas popularmente como fosteritos, unas estructuras curvas y transparentes que terminaron convirtiéndose en una de las imágenes reconocibles de la transformación urbana de Bilbao. Todavía no existían ni el Guggenheim ni el puente Zubizuri, dos de los elementos que posteriormente completarían el nuevo paisaje arquitectónico de la ciudad.

Décadas después, Foster regresa a Bilbao para intervenir en uno de sus edificios culturales más importantes. Y lo hace desde una premisa que resume buena parte de la filosofía del proyecto: ampliar sin limitarse a añadir. La cuestión era cómo conseguir que una nueva arquitectura pudiera unir las diferentes partes del museo y, al mismo tiempo, respetar su historia.

Un pabellón suspendido sobre la historia

Agravitas se eleva sobre los dos edificios principales del museo, construidos en 1945 y 1970. Su posición elevada permite liberar el nivel inferior y mantener prácticamente intacta la arquitectura existente, más allá de los trabajos de restauración y adaptación necesarios.

La intervención devuelve además protagonismo al edificio original de 1945 y recupera su entrada histórica de ladrillo rojo. Desde allí, el visitante accede a un nuevo atrio que funciona como espacio articulador y punto de encuentro entre las distintas partes del conjunto.

La gran pieza elevada acoge una amplia sala sin columnas destinada a exposiciones temporales, además de una terraza de observación y un restaurante. El programa se completa con espacios dedicados a la arquitectura y el diseño, un centro de documentación e investigación y nuevas áreas de trabajo y servicios.

La ampliación incorpora también nuevas salas para la colección permanente, un fondo formado por alrededor de 2.000 pinturas, 500 esculturas y unas 800 piezas de artes decorativas. El conjunto reúne obras de artistas como El Greco, Goya, Mary Cassatt o Richard Serra, entre muchos otros.

Una nueva mirada sobre la colección

La transformación arquitectónica coincide con una revisión de los contenidos del museo. La reapertura inaugura una etapa en la que edificio y colección se presentan como partes de una misma experiencia.

Entre las propuestas destaca La búsqueda del comienzo. Homenaje a Plácido Arango, que reúne más de un centenar de obras cedidas por la familia del coleccionista y mecenas hasta 2030. La exposición permite aproximarse a una figura esencial del coleccionismo y establecer nuevas relaciones entre las obras y la propia historia del museo.

También forma parte del programa inaugural Visiones de Ultramar. Artistas viajeros en la Colección Patricia Phelps de Cisneros, una exposición que reúne más de 180 pinturas, dibujos, grabados, fotografías, mapas y testimonios para recorrer distintas representaciones de América Latina. El proyecto sigue las huellas de artistas, científicos y exploradores europeos que viajaron por el continente entre los siglos XVII y XX, y analiza las diferentes formas en que aquellos territorios fueron observados y representados.

Del Greco a Cindy Sherman

La renovación alcanza igualmente a la presentación de la colección propia. Bildu(e)mak–Colecciones propone un nuevo recorrido por los fondos del museo con cerca de un millar de obras, más de 150 de ellas incorporadas por primera vez al itinerario expositivo.

El recorrido establece una lectura cronológica que permite atravesar diferentes momentos de la historia del arte. El edificio histórico concentra las obras que llegan hasta las primeras décadas del siglo XX, mientras que el edificio moderno continúa el relato a través de las vanguardias, el surrealismo, la abstracción y las manifestaciones contemporáneas.

El Greco, Zurbarán, Remedios Varo, Cristina Iglesias o Cindy Sherman forman parte de un recorrido que busca no solo mostrar la amplitud de las colecciones, sino también generar nuevas relaciones entre artistas, épocas y lenguajes.

Bilbao, otra vez laboratorio arquitectónico

La ampliación del Museo de Bellas Artes vuelve a situar a Bilbao como escenario de una arquitectura capaz de transformar la relación entre ciudad y cultura. Pero, a diferencia de algunas de las grandes intervenciones que marcaron la renovación urbana de la ciudad desde finales del siglo XX, Agravitas no parte de la sustitución ni de la ruptura.

Su apuesta consiste en superponer tiempos. El edificio de 1945, la ampliación de 1970 y el nuevo pabellón de Foster + Partners conviven en una misma estructura, unidos por recorridos y espacios que permiten entender el museo como un organismo en permanente transformación.

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