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Exposiciones

Girbent y el regreso de la mirada

La Fundación Bancaja presenta Colorear en el siglo XXI, una exposición que revisa las posibilidades del aceite a través del diálogo con la tradición, la imagen contemporánea y los espacios silenciosos de la vida cotidiana.

Girbent y el regreso de la mirada
bonart valencia - 01/10/26

¿Qué significa pintar hoy, cuando la pintura convive con un sinfín de imágenes producidas, reproducidas y transformadas constantemente? Esta es una de las preguntas que atraviesa la trayectoria de Girbent (Sóller, 1969) y que toma una nueva dimensión a Pintar en el siglo XXI , la exposición que la Fundación Bancaja presenta del 2 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027. La muestra reúne una veintena de obras territorio de reflexión, pero también como espacio de resistencia de la mirada.

Comisariada por Arturo Castro, la exposición articula un conjunto en el que conviven piezas recientes, algunas realizadas expresamente para este proyecto, obras que se presentan por primera vez y trabajos más antiguos sobre los que el artista ha vuelto a intervenir. El resultado es un corpus inédito que pone de manifiesto una práctica pictórica en permanente proceso de investigación, centrada especialmente en las posibilidades de la pintura al óleo.

Girbent parte de uno de los géneros más persistentes de la historia de la pintura: su interior con figura. Pero su interés no está tanto en la recuperación de un modelo como en la posibilidad de someterlo a una nueva lectura. Los espacios domésticos, las arquitecturas interiores, los efectos de la luz y la presencia humana se convierten en elementos de una gramática visual marcada por el silencio y cierta suspensión temporal. Son escenas en las que aparentemente no ocurre nada y, sin embargo, todo queda abierto a la percepción del espectador.

Esta pintura nace de imágenes de muy diversas procedencias. Su propio archivo fotográfico, Internet, el cine o la propia historia del arte constituyen un repertorio visual que el artista transforma mediante la pintura. El proceso no consiste simplemente en trasladar una imagen a otro soporte, sino en alterar su tiempo, su densidad y su capacidad evocadora. La fotografía o el fotograma se convierten así en puntos de partida para construir otra experiencia de la imagen.

En ese recorrido, la tradición occidental aparece como un interlocutor constante. Las referencias van desde el mosaico de Teodora y su séquito, en la catedral de Ravenna, hasta los frescos románicos y las representaciones de interiores de la pintura holandesa del siglo XVII. También aparece Las hilanderas o la fábula de Aracne , de Velázquez, así como la intimidad de los espacios de Vilhelm Hammershøi y Edward Hopper, las estructuras verticales de Barnett Newman o la particular construcción visual de los filmes de Wong Kar Wai.

Este diálogo con obras, artistas y momentos históricos no funciona como simple acumulación de citas. En Girbent, la historia de la pintura es un material vivo que puede ser revisidad, fragmentado y reconstruido desde el presente. El pasado no aparece como un repertorio cerrado, sino como una reserva de imágenes con la que establecer nuevas conexiones. Su pintura se mueve, precisamente, en ese espacio intermedio entre memoria y contemporaneidad.

La presencia humana adquiere una dimensión especialmente significativa en estos interiores. Figuras que miran, esperan, trabajan o simplemente ocupan un espacio, establecen una relación con la arquitectura que va más allá de la representación. El individuo forma parte de la construcción del espacio a la vez que es un observador. Esta tensión entre mirar y ser mirado, entre habitar un sitio y contemplarlo, recorre buena parte del proyecto.

La exposición incorpora, además, obras de la serie Ad museum , un ciclo en el que Girbent lleva esta reflexión hacia el interior de los museos. Las salas aparecen pobladas por figuras que contemplan las obras expuestas, generando una cadena de miradas en la que el espectador de la Fundación Bancaja pasa a formar parte de un juego de contemplaciones sucesivas. Aquí la pintura habla de la pintura, pero también de cómo miramos el arte y del espacio institucional que condiciona esta mirada.

En estas piezas, el artista reduce radicalmente la paleta cromática al blanco y negro. La restricción no supone una renuncia sino otra forma de explorar las posibilidades del aceite. El color desaparece para dejar paso a las relaciones entre luz, sombra, volumen, profundidad y superficie. Una operación que refuerza el carácter casi arquitectónico de estas composiciones y que evidencia hasta qué punto Girbent entiende la pintura como lenguaje que aún puede ser sometido a investigación.

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