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Gris Jordana, la mirada fotográfica que construye 'La bola negra'

Rodada en 35 mm, la película de los Javis confía en la directora de fotografía de Manlleu para construir una imagen plástica, física y alejada de cualquier artificio preciosista.

Gris Jordana, la mirada fotográfica que construye 'La bola negra'
bonart manlleu - 29/09/26

La fotografía ocupa un lugar esencial, clave, capital en el universo de La bola negra . Los encuadres, luz, detalles y presencias construyen un relato propio que permite ampliar la experiencia más allá del espacio físico y del tiempo concreto en que se produce. En este proceso, la mirada de Gris Jordana (Manlleu, 1981) resulta fundamental. Directora de fotografía de la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, Jordana ha sido la encargada de dar forma visual a un proyecto que busca una imagen plástica y poderosa, pero al mismo tiempo alejada del preciosime, con la voluntad de construir una determinada épica antibélica sin caer en fórmulas ya conocidas.

Su trayectoria explica en gran parte esta capacidad para trabajar entre la narración y la experimentación visual. Formada en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC) y en el Politeknik Ngee Ann de Singapur, Jordana ha desarrollado una carrera internacional que le ha llevado a participar en más de quince largometrajes rodados en Europa, África, Latinoamérica y Estados Unidos. Su trabajo en Libertad (2021), ópera prima de Clara Roquet, le proporcionó la primera nominación al Goya a la mejor dirección de fotografía, un reconocimiento que volvería a obtener por Soy Nevenka (2024), dirigida por Icíar Bollaín.

La relación con los Javis ya viene de lejos. Desde Veneno (2020), Gris Jordana ha mantenido una colaboración continuada con Javier Calvo y Javier Ambrossi, que tuvo uno de sus momentos más singulares en La Mesías (2023), donde la fotografía combinaba película de 16 mm y vídeo digital. Esa experiencia fue también una puerta de entrada definitiva al cine fotoquímico. La propia Jordana reconoce que el rodaje de La Mesías fue una especie de 'mili analógica' explicaba, porque hasta entonces no había tenido demasiada ocasión de trabajar con película. Sin embargo, la inseguridad inicial se transformó rápidamente en fascinación. Al terminar, el equipo ya tenía claro que el siguiente proyecto se rodaría en 35 mm.

Y La bola negra era, según Jordana, la película adecuada para dar ese paso. La decisión de utilizar 35 mm no responde únicamente a una cuestión estética, sino también a la voluntad de que la textura del soporte formara parte de la misma experiencia cinematográfica. Antes de empezar el rodaje, la directora de fotografía volvió a ESCAC para participar en seminarios de sensitometría y profundizar en las posibilidades del negativo. Durante semanas, el equipo experimentó con distintos tipos de película y procesos de revelado para encontrar el look definitivo de la película. Al mismo tiempo, algunos estudiantes de la escuela pudieron realizar prácticas a su lado, recuperando así una dimensión artesanal y pedagógica vinculada al proceso de construcción de la imagen.

El resultado de esta apuesta tiene también una considerable dimensión material. La bola negra ha utilizado 112.501 metros de película, una cifra que da una idea de la escala de un rodaje que recupera el valor físico del soporte analógico en un momento en el que la producción cinematográfica digital es mayoritaria. Los negativos se desvelaban en Roma y los rushes llegaban posteriormente al equipo, generando una expectativa que, según Jordana, acababa reforzando aún más la relación con el material fotoquímico.

Rodar en 35 mm, explica, 'lo cambia todo', pero al mismo tiempo no necesariamente cambia todo. La tecnología digital sigue interviniendo en el proceso a través del Digital Intermediate, una herramienta que permite extraer las máximas posibilidades del negativo y trabajar posteriormente el color con una precisión que hace compatibles dos formas aparentemente opuestas de entender la imagen. El resultado es una fotografía que conserva la textura, profundidad y materialidad del cine analógico, pero que puede ser trabajada con las herramientas digitales contemporáneas.

En La bola negra , esta combinación se pone al servicio de una mirada que no busca simplemente la belleza de la imagen. La fotografía debe narrar, crear atmósfera y dar cuerpo a los personajes y espacios. Es también una forma de situar al espectador ante una historia marcada por la memoria, la violencia y el paso del tiempo. Los Javis han confiado en Jordana para construir esta identidad visual, hasta el punto de que en el set su mirada se convierte en una pieza central de la organización del rodaje: saber dónde debe estar cada persona, qué espacio ocupa cada elemento y cómo se relacionan entre sí forma parte de una coreografía invisible que acaba determinando lo que el espectador ve.

La trayectoria de Gris Jordana había situado ya su nombre entre los referentes de la cinematografía española contemporánea. Ahora, con La bola negra , su fotografía empieza a entrar también en conversaciones internacionales. The Hollywood Reporter le ha incluido entre las cinco principales aspirantes iniciales a la nominación al Oscar a la mejor fotografía.

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