El Museo de Mallorca acoge, del 16 de septiembre al 25 de octubre de 2026, Digital Splash , una exposición de Fabrizio Plessi fruto de la colaboración entre Es Baluard Museu y el Consell de Mallorca en el marco de BIENNAL B. La propuesta reúne una gran videoinstalación y una serie de dibujos bajo el título Black Splash- , y conciencia histórica, la memoria y el interés por los elementos naturales conviven con una exploración constante de las posibilidades de la tecnología.
El agua y el fuego han ocupado un lugar esencial en el imaginario de Plessi, que ha convertido a estos elementos en materia artística y conceptual. Su trabajo se mueve entre la dimensión física de los materiales y la inmaterialidad de la imagen digital, entre lo que se puede tocar y lo que sólo puede ser percibido. Esta tensión es especialmente significativa en Digital Splash , donde la tecnología no aparece como un simple recurso formal, sino como una herramienta para medir, ocupar e interpretar el espacio y, al mismo tiempo, para interrogar el trasfondo político y social del presente.
En este universo, aparentemente construido a partir de un vocabulario visual reconocible, cada elemento adquiere una particular densidad. Plessi nunca renuncia al equilibrio compositivo ni a una conciencia precisa del estilo, pero introduce en sus obras una sensación de imprevisto que altera las expectativas del espectador. El encuentro entre imagen, objeto y espacio se produce así como una experiencia abierta, en la que la percepción física acaba transformándose en una experiencia mental.
Esta cuestión se hace especialmente evidente en los Black Splash , donde el dibujo se convierte en algo más que una representación. El trazo, lo borrado, lo salpicado o lo medido construyen una cartografía del pensamiento del artista. La dimensión física del papel desborda sus propios límites y adquiere una intensidad casi barroca, como una variación continua de una misma señal que vuelve modificada, fragmentada y ampliada.
Los dibujos funcionan así como una especie de traducción del paisaje interior de Plessi. El espectador es invitado a reconstruir lo que no aparece del todo explícitamente, a completar las zonas oscuras y secretas en las que parece protegerse una idea aún no revelada. Cada capa se superpone a la anterior en un proceso similar al de un palimpsesto intersticial, donde lo visible convive con los rastros de lo que ya no está.
La videoinstalación amplía esta reflexión a una escala monumental. Grandes planchas de hierro negro caen y salpican el espacio de forma espesa, densa y fragmentaria, generando una sensación de movimiento que, pese a su contundencia material, mantiene una dimensión casi virtual. La obra modifica la percepción de la arquitectura e introduce un desplazamiento espacial en el que los límites entre objeto, imagen y entorno se vuelven deliberadamente inestables.