Un equipo de arqueólogos peruanos ha localizado una monumental plataforma funeraria chimú de más de 600 años de antigüedad que ha permanecido prácticamente intacta en Chan Chan, una circunstancia extraordinaria en un territorio donde este tipo de estructuras ha sido históricamente objeto de saqueos.
En el interior de la plataforma se han identificado cinco cámaras funerarias que conservan los restos de 38 individuos, junto con un importante ajuar compuesto por objetos de cobre y oro, armas de metal, artefactos y alrededor de 200 vasijas de cerámica negra decoradas con pigmentos rojos. La excepcional conservación del conjunto permite estudiar los restos humanos y los objetos en una disposición muy próxima a aquella en la que fueron depositados hace casi seis siglos.
Entre los individuos identificados destaca uno considerado por los investigadores como la figura principal del enterramiento. Según el arqueólogo Jorge Meneses, se trataría de un miembro de la élite de la sociedad chimú, aunque el estudio de los restos deberá aportar nuevas evidencias sobre su identidad, posición y papel dentro de la estructura política y social de la época. Su enterramiento presenta, además, características singulares que lo diferencian de otras prácticas funerarias conocidas de esta cultura.

La importancia del descubrimiento reside precisamente en la posibilidad de contemplar el conjunto funerario como una unidad. No se trata únicamente de recuperar objetos aislados, sino de reconstruir las relaciones entre los cuerpos, los espacios de enterramiento y los ajuares que los acompañaban. Las armas, metales preciosos, cerámicas y otros elementos depositados junto a los difuntos constituyen un registro material capaz de aportar información sobre las jerarquías sociales, las creencias y los rituales funerarios de la sociedad chimú.
El hallazgo adquiere todavía mayor relevancia por su localización. Chan Chan fue la capital del reino Chimú y uno de los grandes centros urbanos de la América prehispánica. La ciudad, cuyo nombre se relaciona con la expresión «sol resplandeciente», llegó a extenderse por unos 20 kilómetros cuadrados y estuvo formada por diez grandes palacios amurallados. En su momento de máximo desarrollo pudo alcanzar una población cercana a las 30.000 personas.
La cultura chimú floreció aproximadamente entre los siglos X y XV en la costa norte del actual Perú, antes de quedar incorporada al Imperio inca. Su sociedad desarrolló una compleja organización política, económica y religiosa, y Chan Chan se convirtió en el centro de un poderoso reino cuya influencia se extendió por una extensa franja de la costa.
Las plataformas funerarias ocupaban un lugar destacado dentro de este sistema. Los miembros de las élites eran enterrados en espacios especialmente construidos dentro de grandes complejos arquitectónicos, donde los rituales funerarios contribuían también a preservar su posición y memoria. En este contexto, la nueva tumba ofrece una oportunidad excepcional para comprender cómo se articulaban el poder y la muerte en una de las civilizaciones más importantes de la América preincaica.
El hecho de que el enterramiento haya llegado hasta nuestros días con un grado de conservación tan elevado convierte el descubrimiento en uno de los hallazgos arqueológicos más relevantes de los últimos años en Perú. La plataforma permite observar conjuntamente individuos y objetos, algo especialmente valioso para la investigación arqueológica y antropológica.
El estudio de los 38 cuerpos y de los cientos de objetos recuperados apenas comienza. Las futuras investigaciones podrán determinar aspectos como la edad y el sexo de los individuos, sus posibles relaciones familiares, sus condiciones de vida y las circunstancias de su muerte. También podrán ayudar a establecer con mayor precisión quién fue la figura principal del mausoleo y qué significado tuvieron las diferentes ofrendas.
La ciudad de Chan Chan, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, vuelve así a revelar una parte de su historia enterrada. Más de seis siglos después de que aquellos cuerpos fueran depositados en la plataforma funeraria, la arqueología recupera ahora un fragmento excepcional de la sociedad que construyó este monumental centro urbano. Y lo hace no a través de una pieza aislada, sino mediante un conjunto prácticamente intacto que permite acercarse, con una precisión poco habitual, a la relación entre poder, ritual y muerte en el mundo chimú.