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Exposiciones

Alzar a pulso, otra historia de la muixeranga

Miquel García investiga en la Fundación Arranz-Bravo los orígenes silenciados de las torres humanas y los conecta con una práctica artística decolonial y colectiva.

"Alçar a pols, de Miquel Garcia"
Alzar a pulso, otra historia de la muixeranga

La Fundación Arranz-Bravo de Hospitalet de Llobregat presenta una nueva exposición de Miquel García, Alzar a pulso , un proyecto que parte de una pregunta aparentemente sencilla pero difícil de resolver: ¿de dónde proviene realmente la muixeranga? El origen remoto de esta tradición valenciana sigue rodeado de incógnitas y, frente a una historia que a menudo ha sido contada desde una mirada única, el artista plantea una investigación que abre otras posibles genealogías y recupera unas voces que han quedado fuera del relato oficial.

De forma general, se ha aceptado que la muixeranga procede de la tradición de los acróbatas del Magreb. Esta hipótesis se fundamenta en la semejanza entre algunas de las figuras muixerangueres y las construcciones de los acróbatas norteafricanos, en la herencia cultural andalusí y en la presencia de población morisca en las tierras valencianas hasta la expulsión de 1609. Sin embargo, esta explicación no resuelve completamente el enigma.

  • "Alzar a pulso, de Miquel Garcia"

Es precisamente en ese espacio de incertidumbre donde García sitúa su proyecto. Tomando como punto de partida las aportaciones del muixeranguer Pau Pertegaz, Alzar a pulso incorpora la hipótesis de que el origen de las construcciones humanas en el País Valenciano podría estar relacionado también con la población negra africana y esclava de la antigua Corona de Aragón. Una posibilidad que desplaza el foco de la historia conocida y obliga a mirar hacia un grupo social que, pese a su presencia, ha estado en buena parte borrado de la historiografía oficial.

La búsqueda de Miquel García no pretende establecer una verdad definitiva allá donde las fuentes todavía plantean interrogantes. Lo que hace es abrir una grieta en el relato establecido y preguntarse qué historias han quedado fuera de la memoria colectiva. La población negra de época moderna y contemporánea constituye, en este sentido, una presencia paradójica: silenciada en buena parte de los discursos históricos y, al mismo tiempo, visible en numerosas representaciones festivas a través del blackface , especialmente en séquitos, procesiones y cabalgatas.

Esta contradicción es uno de los puntos de tensión del proyecto. Lo que ha sido representado y utilizado dentro de la cultura popular no ha sido necesariamente reconocido como sujeto de la misma historia. García parte de esta paradoja para desarrollar una investigación en clave decolonial que no sólo cuestiona las genealogías aceptadas, sino también los mecanismos mediante los cuales se construye, conserva y transmite la memoria.

Alzar a pulso se despliega, así, en dos direcciones complementarias. Por un lado, la exposición es el resultado de un proceso de investigación que revisa los posibles vínculos entre la muixeranga y las comunidades negras africanas y esclavas presentes históricamente en la Corona de Aragón. Por otra parte, esta investigación abandona el ámbito estrictamente documental para convertirse en una experiencia física y compartida.

  • "Alzar a pulso, de Miquel Garcia"

Para ello, García ha trabajado colectivamente con la Joven Muixeranga de Valencia, con la voluntad de traducir los resultados de la investigación en nuevas figuras humanas. El cuerpo, la confianza, el equilibrio y la necesidad del otro pasan a formar parte de una práctica artística que no se limita a representar una historia, sino que intenta construir otras formas de transmisión.

Las nuevas figuras nacen también de las experiencias contemporáneas de migrantes. De esta forma, la muixeranga deja de ser contemplada únicamente como una tradición heredada y se convierte en un espacio vivo, susceptible de ser reinterpretado desde el presente. El cuerpo colectivo se transforma en una herramienta para poner en relación memorias distintas, desplazamientos, identidades y formas de pertenencia.

Existe, en esta operación, una idea especialmente significativa: una torre humana sólo puede existir a partir de la confianza entre sus miembros. Nadie puede levantarse solo. Esta mutua dependencia adquiere una dimensión simbólica cuando el proyecto se plantea desde una perspectiva decolonial. Recuperar una posible genealogía silenciada implica también reconstruir los vínculos entre individuos y comunidades que la historia ha mantenido separados o ha situado en posiciones desiguales.

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