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Exposiciones

Maurizio Cattelan enfrenta la memoria al presente en Berlín

NIGHT lleva a la Neue Nationalgalerie una selección de obras históricas y nuevas intervenciones concebidas para el edificio de Mies van der Rohe, en el marco del Preis der Nationalgalerie 2026.

MAURIZIO CATTELAN. NIGHT, exhibition view, Neue Nationalgalerie, 2026, © Neue Nationalgalerie – Stiftung Preußischer Kulturbesitz / David von Becker.
Maurizio Cattelan enfrenta la memoria al presente en Berlín

La Neue Nationalgalerie de Berlín acoge NIGHT, la primera gran exposición individual institucional de Maurizio Cattelan en Alemania, una muestra que reúne algunas de las obras más reconocibles de uno de los artistas italianos más provocadores de las últimas décadas junto a nuevas piezas concebidas específicamente para el icónico edificio diseñado por Ludwig Mies van der Rohe. La exposición, que se inaugura el 9 de septiembre en el marco de la 15.ª Berlin Art Week, podrá visitarse hasta el 7 de marzo de 2027 y constituye la propuesta correspondiente al Preis der Nationalgalerie 2026, reconocimiento otorgado a Cattelan por un jurado internacional.

NIGHT parte de una selección de obras históricas que permiten recorrer algunas de las obsesiones que han atravesado la trayectoria del artista desde los años noventa. Entre ellas se encuentran Him (2001), una de sus imágenes más controvertidas sobre la representación del poder y la inocencia; Novecento (1997); La Rivoluzione Siamo Noi (2000), y Untitled (2003), una pieza inspirada en El tambor de hojalata de Günter Grass. Junto a ellas aparecen nuevas producciones y encargos específicos para la exposición, generando un diálogo entre diferentes momentos de la carrera de Cattelan y el presente.

El título NIGHT introduce desde el principio una atmósfera marcada por la incertidumbre. La oscuridad no aparece únicamente como una condición física o escenográfica, sino como un territorio mental en el que las certezas comienzan a descomponerse. Cattelan trabaja precisamente en ese espacio ambiguo: parte de imágenes aparentemente reconocibles para desplazar ligeramente su significado y provocar una reacción incómoda en quien las contempla. La ironía, el humor, la exageración y el silencio se convierten así en estrategias para abordar cuestiones que difícilmente pueden permanecer neutrales: la religión, la infancia, la autoridad, la identidad, la violencia o los traumas colectivos transmitidos entre generaciones.

Uno de los núcleos fundamentales de la exposición es una nueva intervención concebida específicamente para la Neue Nationalgalerie. El proyecto no se limita a introducir una escultura o una instalación en el interior del museo, sino que plantea una transformación de la propia experiencia espacial del edificio. Las formas habituales de exposición dejan paso a un entorno pensado para el encuentro, la reunión, la contemplación y la reflexión. De este modo, la arquitectura deja de funcionar como un mero escenario para convertirse en parte activa de la obra.

La elección de la Neue Nationalgalerie resulta especialmente significativa. El edificio de Mies van der Rohe, construido como uno de los grandes iconos de la arquitectura moderna, se caracteriza por su transparencia, su rigor geométrico y una concepción del espacio basada en la relación entre estructura, luz y vacío. Frente a esta claridad formal, Cattelan introduce imágenes cargadas de ambigüedad, memoria y conflicto. El contraste permite que las obras adquieran nuevas lecturas y que el edificio, a su vez, pueda ser experimentado de una manera diferente.

La dimensión alemana de NIGHT tampoco es secundaria. La exposición se presenta en una ciudad y en un país cuya identidad contemporánea continúa atravesada por diferentes capas de memoria histórica y por una permanente revisión de las formas de representación del pasado. En este contexto, las imágenes de Cattelan adquieren una particular intensidad. Sus obras no ofrecen respuestas cerradas, sino que activan asociaciones y contradicciones en torno a aquello que una sociedad recuerda, aquello que decide olvidar y la manera en que las imágenes pueden intervenir en esa negociación.

Nacido en Padua en 1960, Maurizio Cattelan se ha consolidado desde comienzos de los años noventa como una de las voces más singulares del arte internacional. Su producción se construye a partir de una relación especialmente compleja con la historia del arte y con los códigos culturales que reconocemos de manera casi automática. Sus figuras, objetos e instalaciones parecen pertenecer en ocasiones a un imaginario familiar, pero un pequeño desplazamiento basta para alterar completamente su sentido. Esa capacidad para desactivar las expectativas del espectador explica buena parte de la potencia de su trabajo.

Cattelan tampoco ha dejado de cuestionar las propias estructuras del sistema artístico. Su relación con el mercado, las instituciones y la fama forma parte de una trayectoria en la que el artista ha utilizado la provocación no como un simple recurso espectacular, sino como una forma de interrogar las convenciones que determinan qué consideramos arte, qué imágenes adquieren autoridad y quién tiene derecho a construir los relatos colectivos.

Con NIGHT, Cattelan regresa además a Berlín dos décadas después de su participación como cocomisario de la cuarta edición de la Berlin Biennale. El retorno adquiere así una dimensión casi circular: el artista que entonces intervenía en la construcción del discurso de una de las grandes citas internacionales del arte contemporáneo vuelve ahora como protagonista de una exposición institucional de gran escala.

En una entrevista concedida con motivo de la muestra, Cattelan resume uno de los estados de ánimo que atraviesan el proyecto con una frase especialmente reveladora: «Cuando el futuro parece aterrador, el pasado se vuelve atractivo». En ella se concentra buena parte de la tensión de NIGHT. Frente a un presente marcado por la incertidumbre, la mirada hacia atrás puede convertirse en refugio, pero también en una fuente de conflicto. La exposición de la Neue Nationalgalerie se instala precisamente en ese territorio: entre la memoria y el olvido, entre la inocencia y la violencia, entre aquello que creemos reconocer y aquello que, de repente, deja de resultar familiar.

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