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Exposiciones

Dámaxo Henao y la intimidad de las puertas cerradas

El volumen que tocó la luz reúne en La Cometa de Bogotá una pintura silenciosa sobre la arquitectura, la memoria y los límites de aquello que permanece oculto.

Dámaxo Henao y la intimidad de las puertas cerradas
bonart bogotà - 10/09/26

Hay puertas que invitan a entrar y otras que, precisamente porque permanecen cerradas, despiertan la imaginación. Las que pinta Dámaxo Henao (Medellín, Colombia, 1995) pertenecen a esta segunda categoría. Hasta el 12 de septiembre, la galería La Cometa de Bogotá presenta El volumen que tocó la luz, una exposición en la que el artista convierte un elemento cotidiano de la arquitectura doméstica en un dispositivo para hablar de intimidad, distancia y percepción.

Las puertas de Henao carecen de cerradura, de manija y de cualquier mecanismo que permita abrirlas. Esa ausencia no se percibe necesariamente de inmediato, pero cuando el espectador la descubre introduce una perturbación silenciosa. Algo aparentemente familiar deja de funcionar según las reglas que conocemos. La puerta continúa siendo una puerta, pero ha perdido su condición de umbral. Ya no conduce a ningún lugar accesible: protege, oculta y delimita un espacio que solo podemos imaginar.

En estas pinturas existe una atención particular hacia esos momentos aparentemente insignificantes en los que la mirada se detiene sobre una arquitectura cotidiana. Caminar por una calle cuando el sol comienza a recostarse sobre las fachadas, observar una casa desconocida o detenerse ante una ventana puede convertirse en un ejercicio de especulación. ¿Qué ocurre detrás de esos muros? ¿Quién habita esos espacios? ¿Qué historias permanecen fuera del alcance de nuestra mirada? Henao parte de esa experiencia común para construir una pintura donde lo doméstico adquiere una dimensión casi psicológica.

La puerta funciona así como frontera entre lo público y lo privado. Separa la calle de la vivienda, aquello que puede ser observado de aquello que debe permanecer protegido. En las obras del artista, sin embargo, esa frontera se vuelve absoluta. No hay posibilidad de atravesarla. Al eliminar los elementos que permitirían abrirla, Henao transforma la arquitectura en una imagen de la inaccesibilidad. Al otro lado existe un volumen, un espacio presumiblemente habitable, pero ningún cuerpo puede ocuparlo. La intimidad aparece, de este modo, desprovista de presencia humana.

El interés por la arquitectura no se limita al elemento constructivo. Los detalles que rodean las puertas adquieren una importancia fundamental: el ornamento de una fachada, una planta que sobresale por encima de un muro, la estructura de una baranda o la sombra proyectada sobre una superficie. Son pequeños indicios que permiten imaginar una historia allí donde la pintura no ofrece ninguna. Henao trabaja precisamente con esa tensión entre lo que vemos y aquello que debemos completar mentalmente.

Sus puertas parecen adquirir personalidad. Pueden comportarse como transeúntes silenciosos, centinelas que vigilan el espacio o figuras solitarias recluidas en sí mismas. La arquitectura deja de ser un simple escenario para convertirse en protagonista. Cada fachada parece contener una biografía que nunca llega a revelarse por completo.

Y, sin embargo, hay un visitante que sí consigue atravesar esas fronteras: la luz. Frente a la imposibilidad de acceder físicamente a los espacios representados, la luz se introduce en ellos, recorre sus superficies y revela volúmenes, texturas y sombras. Es precisamente en ese encuentro donde la pintura de Henao adquiere una particular intensidad. La luz no solo ilumina: también construye el espacio y determina aquello que puede ser visto.

El artista parece observar sus escenas con la paciencia de quien ha recorrido muchas veces una misma calle y ha aprendido a reconocer sus variaciones mínimas. La pintura nace de esa atención sostenida, de la capacidad de descubrir un cambio en la luz, una sombra inesperada o un detalle arquitectónico que normalmente pasaría inadvertido. Lo cotidiano se convierte así en materia de contemplación.

El volumen que tocó la luz propone, en definitiva, una experiencia de observación lenta. Frente a la saturación visual contemporánea, Dámaxo Henao construye imágenes que no entregan toda su información de inmediato. Sus puertas permanecen cerradas y obligan al espectador a aceptar esa imposibilidad. Lo que queda fuera del cuadro, aquello que no podemos conocer ni atravesar, adquiere tanta importancia como lo que aparece representado.

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