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Exposiciones

Olga de Amaral, arquitecturas de hilo

El Pulitzer Arts Museum presenta Weaving the Infinite, una gran retrospectiva que recorre seis décadas de una artista colombiana fundamental para entender la transformación del arte textil contemporáneo.

Olga de Amaral, arquitecturas de hilo
bonart st. louis - 04/09/26

Olga de Amaral trabaja en ese territorio de transformación constante, de búsqueda y anhelo. El hilo, la fibra y el tejido se desprenden de sus usos habituales para adquirir otra dimensión: se expanden sobre el espacio, ganan cuerpo, proyectan luz y construyen volúmenes que se sitúan entre la pintura, la escultura y la arquitectura. En su obra, tejer deja de ser una técnica para convertirse en una manera de pensar la materia y, sobre todo, nuestra relación con ella.

El Pulitzer Arts Museum presenta del 10 de septiembre de 2026 al 31 de enero de 2027 Olga de Amaral: Weaving the Infinite, una exposición que reúne 130 textiles y obras sobre papel realizados a lo largo de 65 años. La amplitud cronológica permite seguir la evolución de una artista que ha sido decisiva en la consolidación del fiber art y que, desde Colombia, contribuyó a cuestionar las jerarquías tradicionales que durante décadas situaron las prácticas textiles en los márgenes de la historia del arte.

Nacida en 1932, Amaral se formó inicialmente en dibujo arquitectónico en Bogotá y posteriormente estudió tejido en la Cranbrook Academy of Art de Michigan. Esta doble formación resulta fundamental para comprender su trayectoria. En su obra, la estructura nunca es un elemento secundario. El tejido se organiza como si fuera una construcción y el espacio se convierte en parte inseparable de la pieza.

Cuando regresó a Colombia en 1955 comenzó a experimentar con formas tejidas que pronto escaparían de las convenciones del telar. Sus piezas fueron ganando espesor, escala y autonomía hasta situarse en una zona fronteriza entre pintura, escultura y arquitectura. La superficie dejó de ser algo que simplemente se contempla para convertirse en algo que ocupa el espacio.

Ese desplazamiento es, precisamente, uno de los aspectos más interesantes de su trabajo. Amaral no se limita a ampliar las posibilidades técnicas del tejido; modifica su estatuto artístico. Allí donde tradicionalmente se esperaba una superficie plana y ornamental, introduce volumen, sombra, textura y presencia física. El tejido deja de representar un espacio para convertirse él mismo en espacio.

La exposición del Pulitzer permite observar esta transformación desde sus primeras obras de la década de 1950 hasta sus grandes composiciones textiles de los años 2000. El recorrido combina piezas conocidas con otras raramente expuestas, construyendo una lectura que evita presentar la trayectoria de Amaral como una evolución lineal y, en cambio, muestra una investigación constante sobre la materia, la luz, la geometría y la escala.

Uno de los mayores atractivos de la propuesta es, además, la incorporación por primera vez de materiales procedentes de Telas Amaral, el estudio de diseño comercial que la artista creó para producir tejidos, prendas y elementos destinados a interiores. La inclusión de muestras y tejidos vinculados a esta actividad permite revisar una separación demasiado cómoda entre arte y diseño.

En Amaral ambas dimensiones nunca estuvieron completamente aisladas. Su práctica comercial alimentó una investigación material que también encontró su lugar en su producción artística, mientras que su experiencia como artista permitió llevar el diseño textil hacia territorios de mayor complejidad formal. La exposición hace visible esta relación y obliga a reconsiderar una distinción entre artes aplicadas y bellas artes que, en buena medida, pertenece más a las instituciones que a los propios procesos creativos.

También resulta reveladora la presencia de obras sobre papel y de tejidos históricos y contemporáneos pertenecientes a la colección personal de Amaral. Son materiales que evidencian su interés sostenido por las tradiciones textiles tanto locales como internacionales. En lugar de entenderlas como repertorios folclóricos o referencias decorativas, la artista las incorpora a una investigación contemporánea sobre estructura, ritmo, repetición y materia.

Su trabajo nace así de un diálogo entre mundos. Entre Colombia y los lenguajes internacionales del arte contemporáneo; entre la tradición artesanal y la experimentación; entre la arquitectura y el tejido; entre la pieza íntima y la instalación monumental.

Pero quizá la aportación más poderosa de Amaral sea otra: haber demostrado que la monumentalidad no depende necesariamente de materiales pesados ni de gestos escultóricos tradicionales. Una superficie tejida puede adquirir una presencia arquitectónica sin dejar de conservar la fragilidad propia de sus fibras. Puede ocupar una sala sin imponerse sobre ella. Puede construir un espacio sin levantar muros.

En sus obras, el vacío tiene tanta importancia como la materia. Las sombras producidas por las tramas, las irregularidades de las superficies y las variaciones de color convierten la luz en un elemento activo. El espectador no contempla simplemente un objeto: se encuentra ante una experiencia espacial.

Weaving the Infinite permite, por tanto, algo más que recorrer la extensa carrera de una artista. Propone reconsiderar el lugar que el textil ocupa dentro del arte contemporáneo y revisar una historia que durante demasiado tiempo ha separado la creación artística de las prácticas vinculadas al tejido, el diseño y la artesanía.

Olga de Amaral ha trabajado durante décadas precisamente en ese territorio intermedio. Y es ahí donde reside buena parte de su radicalidad. Sus tejidos no son pintura que ha sustituido el pincel por el hilo, ni escultura realizada con fibras. Son otra cosa: construcciones sensibles en las que la materia parece pensar por sí misma.

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