El relato de la historia de la tecnología suele estar protagonizado por inventores, científicos y grandes nombres asociados a la revolución digital. Sin embargo, bajo esa narrativa existe una extensa red de mujeres cuyo trabajo fue decisivo para hacer posible muchos de los avances que hoy forman parte de la vida cotidiana. El San José Museum of Art recupera esa historia silenciada en Motherboards, una exposición que reivindica las aportaciones femeninas a la industria tecnológica y cuestiona la manera en que han quedado relegadas de sus relatos oficiales.
La muestra, que puede visitarse del 10 de abril de 2026 al 10 de enero de 2027, recorre diferentes momentos de esta historia: desde las primeras mujeres que desempeñaron tareas de cálculo y programación hasta las trabajadoras de las fábricas de componentes electrónicos de Silicon Valley y otros lugares del mundo, pasando por las actuales trabajadoras invisibles que sostienen buena parte de las infraestructuras de la economía digital.

Analia Saban, Motherboard #8, 2020.
Motherboards plantea así una genealogía de la tecnología que se aleja de la imagen habitual del laboratorio o el garaje como únicos espacios de innovación. La exposición conecta esos lugares emblemáticos de Silicon Valley con telares, escritorios, cocinas y cadenas de montaje, reivindicando otros escenarios y otras formas de conocimiento que también han contribuido a construir el mundo tecnológico.
Uno de los ejes de la exposición establece precisamente un vínculo entre la informática y una práctica tradicionalmente asociada al trabajo femenino: el tejido. La relación no es únicamente metafórica. Los patrones, sistemas de codificación y estructuras propias del tejido permiten establecer conexiones con los primeros lenguajes y procesos computacionales, al tiempo que evidencian cómo determinadas prácticas consideradas domésticas o artesanales han participado en la evolución de la tecnología.
Otro de los capítulos recupera la figura de las mujeres que trabajaron como «computadoras» durante las primeras décadas del siglo XX. Antes de que las máquinas asumieran buena parte de estas tareas, fueron mujeres quienes realizaron complejos cálculos matemáticos fundamentales para diferentes campos científicos y tecnológicos. Su trabajo, aunque esencial, ha quedado frecuentemente eclipsado por el de las máquinas y por los nombres masculinos asociados posteriormente a la computación.

Foto: Glen Cheriton.
La exposición dirige también la mirada hacia aquellas mujeres que hicieron posible la materialización física de la tecnología. Las fábricas de componentes electrónicos y las cadenas de ensamblaje se convierten en otro escenario fundamental para entender esta historia. Frente al imaginario de Silicon Valley como territorio exclusivamente vinculado a programadores, ingenieros y emprendedores, Motherboards muestra la enorme cantidad de trabajo manual que existe detrás de los dispositivos y sistemas tecnológicos.
El recorrido llega hasta el presente para abordar también las nuevas formas de trabajo invisible vinculadas a la economía digital. Detrás de los sistemas automatizados y las plataformas tecnológicas existe una multitud de trabajadores que realizan tareas imprescindibles para que esas tecnologías funcionen. Muchas de ellas siguen siendo mujeres y permanecen alejadas de la visibilidad y el reconocimiento asociados a la innovación tecnológica.

Foto: Glen Cheriton.
La exposición reúne obras de artistas de California y de otros lugares que investigan estas conexiones desde diferentes lenguajes. Sarah Buckius, Tania Candiani, Priyageetha Dia, Rhonda Holberton, Charlotte Johannesson, Ahree Lee, Amor Muñoz, Hương Ngô, Mimi Ọnụọha junto a Charlene Eigen-Vasquez, Sonya Rapoport, Cara Romero, Sarah Rosalena, Analia Saban, Marilou Schultz, el colectivo Superkilogirls —formado por Camila Galaz, Ana Meisel y Lua Vollaard— y Mika Tajima participan en una muestra que combina instalaciones, vídeo, textiles y otras formas de creación contemporánea.
A estas propuestas se suman objetos procedentes del archivo del Computer History Museum, que amplían la dimensión histórica del proyecto y establecen un diálogo entre documentos, arte y cultura material. El resultado es una exposición que no pretende únicamente añadir nombres femeninos a una historia ya escrita, sino replantear desde dónde se cuenta esa historia y qué trabajos, espacios y conocimientos han quedado fuera de ella.