La Plata vuelve a teñirse de plateado. Hasta este domingo, 30 de agosto, el Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino acoge la cuarta edición de Plateada, la feria de arte contemporáneo organizada por el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti. Con entrada libre y gratuita, el encuentro reúne 39 galerías y proyectos, cuatro invitados especiales y, como principal novedad de esta edición, una isla editorial dedicada al libro de artista.
La feria abandona este año el subsuelo que había ocupado en sus primeras ediciones para extenderse por el hall y la plaza seca del Teatro Argentino. El cambio de escenario modifica también la experiencia del visitante: los stands adquieren una dimensión más escenográfica, las obras juegan con las expectativas y el conjunto apuesta por una aproximación menos solemne al arte contemporáneo.
En lugar de plantearse únicamente como un espacio de compraventa, Plateada busca construir un territorio de encuentro entre artistas, galerías, coleccionistas y público. La propuesta reivindica una escena artística propia de La Plata y de la provincia de Buenos Aires, al tiempo que amplía sus conexiones con otros territorios argentinos.
La convocatoria de esta cuarta edición reúne proyectos procedentes de La Plata, Buenos Aires, Bahía Blanca, Mar del Plata, San Juan, Chaco, Entre Ríos y Córdoba, entre otras ciudades. Entre los espacios participantes se encuentran galerías y proyectos platenses como Vincent, Sur Boreal, Geómetras, Cösmiko y Club de La Pintura, junto a propuestas procedentes de diferentes puntos del país.
La dimensión territorial es uno de los elementos que definen la identidad de la feria. Frente a la tradicional concentración del mercado artístico argentino en Buenos Aires, Plateada plantea la posibilidad de generar circuitos alternativos y de fortalecer el ecosistema cultural bonaerense. La feria funciona así no solo como escaparate de obras, sino también como una herramienta para conectar escenas que habitualmente permanecen alejadas entre sí.
La gran incorporación de esta edición llega, sin embargo, desde el ámbito editorial. Por primera vez, la feria cuenta con una isla dedicada al libro de artista, que reúne once sellos y proyectos vinculados a la edición independiente, los fanzines, la historia del arte y la fotografía. Entre ellos figuran Eloísa Cartonera, RIPIO y TURMA Biblioteca.
La inclusión del libro amplía el concepto de feria y desplaza la atención desde la obra como objeto único hacia otras formas de circulación del pensamiento y la creación contemporánea. Publicaciones independientes, libros de artista y ediciones experimentales encuentran así un espacio propio dentro de un encuentro que hasta ahora había estado centrado fundamentalmente en las artes visuales.
Plateada tampoco se limita al edificio del Teatro Argentino. La feria extiende su presencia por distintos puntos de la ciudad mediante una serie de propuestas que funcionan como una prolongación de su programación. En la vidriera del Museo Pettoruti puede verse El Traidor, de Pr0testa, mientras que el Pasaje Dardo Rocha presenta Reliquia, de Emilia Hendreich, y 40 años de vacaciones, de Andrés Compagnucci.
El Centro de Arte de la Universidad Nacional de La Plata participa con cinco propuestas, entre ellas Neoinformalismo Zen, una exposición curada por Florencia Morel. A este circuito se suman también la Universidad del Este, la Fundación OSDE, el Museo Beato Angélico y la galería NN, que aprovecha la convocatoria para celebrar sus diez años con una exposición colectiva.
La dirección artística continúa a cargo de Facundo Belén y Virginia Martín, responsables de dar forma al proyecto desde su primera edición. Bajo su dirección, Plateada ha ido consolidando una personalidad propia basada en la cercanía, la experimentación y una voluntad explícita de ampliar los públicos del arte contemporáneo.
El carácter lúdico de esta cuarta edición resulta especialmente significativo. En un contexto en el que las ferias de arte suelen asociarse a la dimensión económica y al mercado, Plateada intenta recuperar otras posibilidades de relación con las obras. Aquí el visitante puede sorprenderse, jugar con las apariencias y descubrir piezas que no responden necesariamente a las convenciones de un stand comercial.
La propuesta no renuncia al mercado, pero tampoco parece querer quedar subordinada a él. Las obras pueden comprarse, pero la experiencia de la feria se construye alrededor de algo más difícil de cuantificar: la curiosidad. En este sentido, Plateada plantea una pregunta interesante sobre qué puede ser hoy una feria de arte contemporáneo y qué tipo de relación quiere establecer con quienes la visitan.