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Fabrizio Plessi, el pionero del videoarte que encontró en Mallorca su patria artística

El creador italiano muere a los 86 años dejando una obra en la que tecnología, agua, fuego y memoria dialogaron durante más de cinco décadas.

Fabrizio Plessi, el pionero del videoarte que encontró en Mallorca su patria artística
bonart palma - 24/08/26

Fabrizio Plessi ha muerto a los 86 años dejando tras de sí una trayectoria fundamental para comprender la evolución del videoarte europeo. Nacido en Reggio Emilia en 1940, el artista italiano desarrolló durante más de medio siglo un lenguaje propio situado en la frontera entre la escultura, la arquitectura, la imagen y la performance. En su obra convivieron la tecnología, el agua, el fuego, la piedra, la madera, la luz y el sonido, convertidos en herramientas para explorar la memoria, el paisaje y la transformación de la materia.

Pero su desaparición adquiere una dimensión especialmente significativa en Mallorca, una isla con la que mantuvo una relación de casi cuatro décadas y que terminó convirtiéndose mucho más que en su lugar de residencia. Mallorca fue para Plessi un refugio, un espacio de creación y, sobre todo, una auténtica patria artística.

Uno de los grandes rasgos de su producción fue su manera de entender el vídeo. Plessi nunca lo concibió únicamente como una imagen destinada a ser contemplada en una pantalla, sino como una materia capaz de ocupar el espacio y adquirir una dimensión escultórica. Monitores, estructuras metálicas, piedras, maderas, luces y sonidos se integraban en grandes instalaciones donde las imágenes electrónicas podían evocar el movimiento del agua, las llamas del fuego, la lava o el fluir de una corriente.

Su propuesta estableció así un diálogo constante entre tradición y tecnología. Lo digital no aparecía como una ruptura con el pasado, sino como una herramienta capaz de reinterpretarlo. La materia y su representación, el paisaje y su reproducción tecnológica, lo ancestral y lo contemporáneo convivían en unas instalaciones de fuerte carga poética.

A lo largo de su trayectoria, Plessi participó en numerosas ediciones de la Bienal de Venecia y presentó su trabajo en algunas de las instituciones culturales más relevantes del mundo, entre ellas el Centre Pompidou de París y el Guggenheim de Nueva York. Con el paso de los años, sus instalaciones fueron adquiriendo una creciente dimensión arquitectónica y espectacular, aunque siempre mantuvieron una preocupación esencial por la memoria, el tiempo y la relación entre el ser humano y su entorno.

Mallorca como punto de inflexión

La relación de Plessi con Mallorca comenzó en 1989, cuando fue invitado a presentar una gran exposición en el Palau Solleric de Palma. El artista llegaba a la isla después de haber alcanzado ya un amplio reconocimiento internacional, pero aquella visita terminaría marcando profundamente su trayectoria personal y artística.

Durante las décadas siguientes, Mallorca pasó a ocupar un lugar central en su vida. El sureste de la isla, y especialmente Santanyí, se convirtió en su refugio y en el espacio desde el que desarrolló buena parte de su actividad creativa. Allí estableció su estudio, Sa Pedra, concebido por el propio artista como una especie de obra total y como un espacio donde arquitectura, paisaje y creación convivían.

La presencia de Mallorca en su imaginario no se limitó, por tanto, a convertirse en una fuente de inspiración. La isla terminó formando parte de la propia identidad de Plessi y de su manera de entender el arte.

'Llaüt Light', el diálogo con la tradición mallorquina

Una de las obras que mejor refleja ese vínculo fue Llaüt Light, presentada en 2011 en la Llotja de Palma. En ella, Plessi tomó como punto de partida una de las grandes imágenes de la tradición marítima mallorquina, los llaüts, para construir una instalación en la que las embarcaciones adquirían una nueva dimensión dentro del histórico edificio gótico.

La propuesta resultaba especialmente significativa porque Plessi reducía en ella buena parte de los recursos tecnológicos que habían marcado su carrera. La madera de las embarcaciones, la arquitectura de la Llotja y la luz establecían un diálogo directo entre la tradición marítima de la isla y la mirada contemporánea del artista.

Llaüt Light condensaba así una relación construida durante décadas. Mallorca ya no era simplemente el paisaje que rodeaba al artista ni un lugar desde el que crear. Se había convertido en una parte esencial de su lenguaje y de su identidad.

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