Cuando un restaurante llega a los cuarenta años, la celebración suele mirar hacia atrás. El Celler de Can Roca, en cambio, ha optado por hacer exactamente lo contrario. En lugar de convertir la efeméride en un homenaje a sus grandes platos, el restaurante gerundense aprovecha el cumpleaños para plantear una nueva reflexión sobre el futuro de la cocina de vanguardia, fiel a una filosofía que le ha convertido en uno de los grandes referentes gastronómicos del mundo.
Desde ese agosto de 1986 en que Joan y Josep Roca abrieron un pequeño restaurante junto al negocio familiar de Taialà, el proyecto no ha dejado de evolucionar. La incorporación de Jordi Roca completó un equipo creativo que ha hecho de la complicidad entre cocina, sala y pastelería su principal sello de identidad.

Para conmemorar estas cuatro décadas, El Celler presenta un menú excepcional de cuarenta pasos que propone un viaje hacia los nuevos lenguajes gastronómicos. La experiencia arranca con una composición de aperitivos presentada sobre piedra nummulítica que sintetiza algunos de los conceptos creativos que han definido su trayectoria. A partir de ahí, el recorrido incorpora recursos tecnológicos como la realidad aumentada, integrada de forma sutil en el servicio, para ampliar el relato culinario más allá del plato.
La propuesta responde a una idea muy clara: la innovación no consiste en romper con el pasado, sino en reinterpretarlo. La memoria gastronómica, el respeto por el producto, la cocina catalana y la búsqueda constante siguen siendo los cimientos sobre los que los hermanos Roca construyen cada nueva creación.
Si hay un hito que resume la dimensión internacional del restaurante es el reconocimiento como mejor restaurante del mundo por The World's 50 Best Restaurants en los años 2013 y 2015. Sin embargo, los Roca insisten en que el mayor reto no es llegar a lo más alto, sino conservar la capacidad de sorprender cada día. La permanencia más que los premios es el verdadero indicador de la excelencia.

Otra etapa decisiva llegó en el 2007 con el traslado al actual edificio de Can Sunyer. El nuevo espacio, concebido en diálogo con el paisaje, refuerza la relación entre gastronomía y naturaleza. La luz natural, el patio central y la presencia de las hayas convierten al restaurante en un escenario donde arquitectura, territorio y cocina comparten un mismo lenguaje.
La fortaleza del proyecto sigue siendo la suma de tres miradas complementarias. Joan Roca aporta el rigor culinario y la investigación técnica; Josep Roca ha convertido la sala y el vino en una experiencia cultural; y Jordi Roca ha ampliado los límites de la pastelería contemporánea con una creatividad que dialoga con el perfume, el arte y las emociones.
Su trayectoria también puede leerse a través de los reconocimientos: la primera estrella Michelin llegó en 1995, la segunda en 2002 y la tercera en 2009, consolidando un proyecto que se ha convertido en una referencia internacional sin renunciar nunca a sus raíces gerundenses.
