La Tate Modern presenta, del 15 de julio de 2026 al 17 de enero de 2027, la primera gran retrospectiva en el Reino Unido dedicada a Ana Mendieta (La Habana, 1948-Nueva York, 1985) en más de una década. Con más de 120 obras, la exposición ofrece una relectura profunda de una de las creadoras más influyentes del arte de la segunda mitad del siglo XX, cuya práctica multidisciplinar desbordó las categorías convencionales de la escultura, la fotografía, el vídeo o la performance. Lejos de plantear un recorrido estrictamente cronológico, la muestra se articula a partir de espacios simbólicos que permiten comprender cómo el cuerpo, la naturaleza y la memoria conforman un mismo territorio creativo.
La exposición sitúa en el centro la célebre Silueta Series (1973-1980), el conjunto de intervenciones efímeras con las que Mendieta inscribió la huella de su cuerpo sobre la tierra, la arena, el barro, el fuego o las flores. Más que acciones performativas, estas obras constituyen rituales de pertenencia y desaparición que cuestionan la permanencia del objeto artístico y reivindican la naturaleza como espacio de transformación. Las fotografías y películas que documentan estas acciones dialogan con pinturas, dibujos, esculturas tardías, instalaciones reconstruidas y una selección de filmes recientemente restaurados, revelando una artista cuya obra continúa desafiando las fronteras entre lo físico, lo espiritual y lo político.

El exilio constituye uno de los ejes fundamentales de la muestra. Nacida en Cuba y trasladada a Estados Unidos a los doce años tras la Revolución, Mendieta convirtió la experiencia del desarraigo en el motor de una investigación artística sobre el origen, la identidad y la memoria. Obras como Ochún (1981), realizada en las costas de Florida, o las Esculturas Rupestres (1981), talladas en la piedra caliza cubana e inspiradas tanto en la arqueología neolítica como en las tradiciones afrocubanas y taínas, evidencian una voluntad constante de reconstruir vínculos con la tierra perdida. En este sentido, la exposición subraya la dimensión antropológica de su trabajo, donde el paisaje deja de ser escenario para convertirse en un archivo vivo de experiencias individuales y colectivas.
La retrospectiva también recupera aspectos menos conocidos de su trayectoria, como su participación en el experimental programa Intermedia de la Universidad de Iowa, su labor docente o su implicación en la escena feminista neoyorquina a través de la A.I.R. Gallery, pionera en la promoción de mujeres artistas. La incorporación de películas restauradas, algunas presentadas por primera vez en el Reino Unido, amplía la comprensión de un lenguaje audiovisual que Mendieta utilizó con absoluta libertad, interviniendo directamente sobre el celuloide y registrando acciones tan icónicas como Bird Run (1974) o Anima, Silueta de Cohetes (1976).
Más de cuatro décadas después de su prematura muerte, la obra de Ana Mendieta mantiene una extraordinaria vigencia. En un contexto marcado por los debates sobre el cuerpo, el territorio, el feminismo, la migración y la ecología, esta exposición confirma que su producción no solo anticipó muchas de las preocupaciones del arte contemporáneo, sino que sigue ofreciendo una poderosa reflexión sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza. La Tate Modern no se limita a recuperar una figura imprescindible de la historia del arte: reivindica a una artista cuya poética continúa interpelando al presente con una intensidad poco común.